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María de Zayas: Una Voz Vanguardista por la Mujer

03/05/2025

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En el corazón del efervescente Siglo de Oro español, una figura literaria se alzó con una voz singularmente audaz y crítica: María de Zayas y Sotomayor. Reconocida por sus contemporáneos y aplaudida por su maestría narrativa, Zayas no solo cultivó el género de la novela corta con destreza, sino que lo transformó en una poderosa plataforma para interrogar y desafiar las arraigadas estructuras y prejuicios patriarcales de su tiempo. Su obra, en particular sus célebres colecciones de novelas, se erige como un testimonio elocuente de su profunda preocupación por la condición femenina y su incansable defensa de una restitución moral y social para las mujeres.

¿Qué defiende Zayas sobre la mujer?
Zayas defiende ante todo que la mujer no es el ser malintencionado y pérfido a quien los moralistas, teólogos y algunos humanistas se empeñaban, desde siglos atrás, en acusar de todos los males, sino que, como todo ser humano, es capaz de valientes acciones y honestos comportamientos.

Desde la publicación de sus Novelas amorosas y ejemplares en 1637, y posteriormente los Desengaños amorosos en 1647, María de Zayas se consolidó como una escritora que no temía abordar temas espinosos, a menudo omitidos o distorsionados por la pluma masculina. El presente artículo se adentrará en las múltiples facetas de su defensa, explorando cómo sus personajes femeninos, sus tramas y sus discursos colectivos, no solo reflejan las limitaciones impuestas a las mujeres, sino que también proponen vías de escape y empoderamiento, dejando una huella indeleble en la historia de la literatura y el pensamiento en torno a la mujer.

Índice de Contenido

Las Novelas de Zayas: Un Espejo Crítico del Siglo XVII

La producción narrativa de María de Zayas se inscribe con maestría en el popular género de la novela corta, que alcanzó un notable auge en el Siglo XVII español, especialmente tras el éxito de las Novelas ejemplares de Miguel de Cervantes en 1613. La conexión entre la obra de Zayas y la cervantina es evidente, no solo en la similitud de los títulos de sus primeras colecciones, sino también en un interés compartido por la crítica social, en particular en lo que respecta a aquellos comportamientos y valores que menoscaban la dignidad y el bienestar de la mujer. Ambas autoras, además, beben de la rica tradición de los novellieri italianos, como el famoso Decamerón de Boccaccio, cuya influencia se percibe claramente en la estructura de las novelas de Zayas, narradas en el contexto de un sarao, una reunión de nobles damas y caballeros que buscan amenizar las veladas navideñas.

La primera colección, Novelas amorosas y ejemplares, se inicia en un ambiente elegante y refinado, la casa de Lisis, donde cinco mujeres y cinco hombres se turnan para narrar diez relatos. Estos relatos, aunque sentimentales, no evitan la crítica social. Se intercalan con música, entremeses y poemas, creando una atmósfera de ocio culto. Sin embargo, es en la segunda colección, los Desengaños amorosos, donde el tono se torna más sombrío, pesimista e incluso truculento. Aquí, la intención de Zayas es clara: desenmascarar las trampas y falsedades de la realidad. Este cambio de tono se subraya con el contexto narrativo de las fiestas de Carnaval, un tiempo de máscaras y apariencias engañosas. Un detalle crucial es que, a diferencia de la primera colección, en los Desengaños son solamente las mujeres quienes toman la palabra como narradoras. Esta elección no es menor; simboliza que son ellas quienes asumen la voz para expresar sus quejas, sus sufrimientos y sus verdades, buscando ser escuchadas en una sociedad que a menudo les negaba ese espacio.

Mientras que en la primera parte se observa una defensa de la autonomía femenina, donde las mujeres despiertan a su pasividad para recuperar su honor o decidir su destino (ya sea a través del matrimonio elegido o el ingreso en un convento), en la segunda colección la mujer se presenta con mayor frecuencia como víctima, a menudo mortal, de una sociedad violenta, injusta y sorda a sus necesidades. El trágico desenlace de muchos de los “desengaños” culmina en la decisión de Lisis, la anfitriona del sarao, de no casarse con su pretendiente, don Diego, sino de ingresar en un convento como seglar, acompañada por su madre y su prima. Esta elección, presentada como el “más felice” de los finales por la voz narradora, ilustra la limitada gama de opciones para las mujeres del siglo XVII: un matrimonio a menudo impuesto o una vida con cierta autonomía dentro de los claustros religiosos, sin necesariamente profesar votos.

María de Zayas introduce rasgos distintivos en sus relatos breves: otorga un relieve notable a lo extraordinario o fantástico, recrea escenas de violencia explícita, y, de manera revolucionaria, da importancia al componente erótico, prestando especial atención a los deseos sexuales femeninos. Quizás el rasgo más desafiante es su elusión de los finales felices que culminan en boda. Para Zayas, el matrimonio es con frecuencia el inicio de una vida desgraciada para las mujeres, quienes se enfrentan a una sociedad hostil a su género. Sus narraciones, por tanto, rebaten y distorsionan la ideología subyacente a la novela corta barroca, proponiendo una visión mucho más cruda y realista de la condición femenina.

Zayas y la Batalla contra la Misoginia

Aunque el término "feminismo" tal como lo conocemos hoy es anacrónico para el siglo XVII, no se puede negar la presencia de ideas profundamente reivindicativas en la obra de María de Zayas. La autora se posiciona firmemente contra la misoginia imperante, que a menudo enmascaraba bajo una sátira antipetrarquista la denigración de la mujer. Zayas desafía la visión predominante de la mujer como un ser malintencionado y pérfido, una acusación que moralistas, teólogos y humanistas habían sostenido durante siglos. En cambio, ella afirma que la mujer, como cualquier ser humano, es capaz de valientes acciones y honestos comportamientos.

Su crítica se dirige directamente a figuras influyentes como Baltasar Gracián, quien en El Criticón describía a las mujeres como “una mentira continuada”. Aún más mordaz era Francisco de Quevedo, quien en El mundo por de dentro (parte de sus Sueños y discursos) satirizaba el cuidado personal femenino, reduciendo la identidad de la mujer a una mera fachada de afeites y apariencias. Zayas, con agudeza, invierte la acusación: responsabiliza a los hombres de limitar la existencia de las mujeres al ámbito doméstico, obsesionadas por su honra y un acicalamiento excesivo. Esta reclusión y la presión por las apariencias, argumenta, las condena a desarrollar comportamientos hipócritas y engañosos.

Para Zayas, la sociedad debería abrir el horizonte de expectativas de las mujeres, permitiéndoles cultivar su intelecto y decidir su propio destino social. Solo así, considera, mejorarían las relaciones entre ambos sexos, se evitarían matrimonios forzados, engaños para proteger la honra, muertes por maltrato físico y psicológico, y, en general, la infelicidad que aquejaba a las personas nobles de su tiempo. Es importante recordar que la perspectiva de Zayas es la de la clase acomodada y aristocrática, lo que ha llevado a algunos a hablar de su visión tradicional de la sociedad en ciertos aspectos. Sin embargo, su crítica a los prejuicios y su defensa de la honra femenina, culpando a los hombres de poner en peligro el buen nombre de las mujeres nobles, son inequívocas.

La autora reprocha a los hombres el denigrar sistemáticamente a las mujeres, condenando a todas por los errores de unas pocas. En el Desengaño tercero, la narradora Nise expone con claridad: “la culpa de las mujeres la causan los hombres”. Con una lógica impecable, interpela a los caballeros que solicitan y desasosiegan a doncellas, casadas o viudas, recordándoles que si ellas caen, la culpa recae en quien las incita con ruegos, regalos o dádivas. Estas ideas encuentran un eco sorprendente en las famosas redondillas de la casi contemporánea sor Juana Inés de la Cruz: “Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón, sin ver que sois la ocasión, de lo mismo que culpáis”. Ambas autoras, con una lucidez adelantada a su tiempo, atacaron el doble rasero con el que se juzgaban los comportamientos amorosos de hombres y mujeres, y alzaron su voz para demandar una educación equitativa.

El Derecho a Saber: Educación y Empoderamiento Femenino

Uno de los pilares fundamentales de la defensa de María de Zayas es su ardiente abogacía por el derecho de las mujeres a una buena instrucción. Para ella, prohibir el desarrollo intelectual femenino no solo era perjudicial para las propias mujeres, sino también para los hombres y para la sociedad en su conjunto. Esta preocupación se manifiesta explícitamente en el Desengaño cuarto, donde el personaje de Filis lamenta que los hombres, por temor a perder su hegemonía social, promuevan que las mujeres se preocupen exclusivamente por su aspecto físico, descuidando el adorno de su intelecto.

Filis argumenta con contundencia: “y como en lugar de aplicarse a jugar las armas y a estudiar las ciencias, estudian en criar cabello y matizar el rostro ya pudiera ser que pasaran en todo a los hombres”. Critica la práctica común de enseñar a las niñas a bordar y hacer labores, mientras que aprender a leer y escribir se considera casi un milagro, o incluso un riesgo. La idea de que una hija con conocimientos es una “mala” mujer es, para Zayas, una “natural envidia y temor de que los han de pasar en todo”. Es una acusación directa a la inseguridad masculina y a su deseo de mantener el monopolio del saber como fuente de poder.

En el texto introductorio “Al que leyere” de su primera colección de novelas, Zayas va aún más lejos, declarando que si a las mujeres “en nuestra crianza, como nos ponen el cambray en las almohadillas y los dibujos en el bastidor, nos dieran libros y preceptores, fuéramos tan aptas para los puestos y para las cátedras como los hombres, y quizá más agudas”. Esta afirmación es una verdadera declaración de guerra contra la ignorancia impuesta. No solo reclama la igualdad de oportunidades educativas, sino que insinúa una superioridad intelectual femenina si se les diera la oportunidad. Esta visión resuena con la de otras pensadoras de la época, como la religiosa Teresa de Cartagena en el siglo XV, quien ya había argumentado que el saber no era propiedad natural del hombre, sino un don divino accesible a todos, incluyendo a las mujeres.

La falta de aprendizaje, según Zayas, es lo que obstaculiza la participación de las mujeres en diversos ámbitos sociales, reduciendo su universo al espacio privado. Y este espacio, lejos de ser un refugio, es descrito en los Desengaños amorosos como un lugar de peligro, donde las mujeres son golpeadas, violadas, desangradas, envenenadas e incluso ahorcadas por maridos, cuñados o hermanos. La casa, el supuesto santuario femenino, se convierte en un arma de violencia, como se ve en el desengaño La inocencia castigada, donde una esposa es encerrada y torturada por su propia familia durante seis años. La educación, para Zayas, es la llave para la autonomía y la protección de la mujer.

Más Allá de la Ingenuidad: El 'Prevenido Engañado' y la Autonomía Femenina

Una de las novelas más ilustrativas de la postura de María de Zayas sobre la inteligencia y la autonomía femenina es El prevenido engañado, incluida en su primera colección y que muestra una clara huella cervantina. En este relato, don Fadrique, un noble caballero granadino, busca una esposa ingenua, a quien cree que podrá manipular, después de haber sido “desengañado” por varias mujeres a las que consideraba taimadas o pérfidas.

El viaje de don Fadrique es una sucesión de encuentros que desmienten sus prejuicios. Primero, Serafina, a quien creía virtuosa, abandona a su hija recién nacida. Luego, doña Beatriz, una supuesta viuda honrada, resulta esconder a un esclavo para satisfacer sus deseos sexuales. Doña Violante en Madrid no muestra interés en casarse y lo engaña con un joven. En Nápoles, se relaciona con una esposa adúltera, y en Roma llega a matar al marido de otra dama. Después de años de desventuras sentimentales, decide volver a España. En casa de una duquesa valenciana, Fadrique expresa su deseo de casarse con una mujer ingenua para no ser burlado de nuevo. La duquesa, con sabiduría, le comenta que una mujer discreta es preferible, ya que es más consciente de sus actos, y le muestra la capacidad de una mujer ingeniosa para divertirse y proteger su honra.

Escarmentado, pero aún aferrado a su idea, don Fadrique regresa a Granada y se casa con Gracia, la niña que dieciséis años atrás había mandado educar en un convento. Creyéndose astuto, impone una vida conyugal peculiar para asegurar la fidelidad de su supuesta ingenua esposa: cada noche, Gracia debe vestir una armadura para velar su sueño. Sin embargo, la ingenuidad de Gracia resulta ser su talón de Aquiles, o más bien, la trampa para Fadrique. Un gallardo caballero cordobés seduce a Gracia, quien, en su “necedad”, confiesa el adulterio sin ningún sentimiento de culpa. La historia culmina con don Fadrique humillado y solo, mientras Gracia ingresa en el mismo convento que su madre Serafina, feliz en su ignorancia y utilizando su fortuna para construir un gran convento para más mujeres.

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Las palabras que cierran el relato son la clave moral de la obra: “En fin, don Fadrique, sin poder excusarse, por más prevenido que estaba, y sin ser parte las tierras vistas y los sucesos pasados, vino a caer en lo mismo que temía, siendo una boba quien castigó su opinión.” Y concluye: “Y yo le tengo de haber dado fin a esta maravilla para que se avisen los ignorantes que condenan la discreción de las mujeres. Que donde falta el entendimiento no puede sobrar la virtud; y también que la que ha de ser mala no importa que sea necia, ni la buena, el ser discreta, pues siéndolo sabrá guardarse.” Zayas demuestra que la maldad femenina no es producto del entendimiento, sino a veces de su ausencia, y sobre todo, de la falta de elección y libertad. La mujer no es una entelequia a dominar, sino un ser individual con deseos y necesidades, que merece un justo reconocimiento moral y social.

Deseo, Amistad y el Espacio Conventual: Vías de Libertad

María de Zayas se atrevió a explorar dimensiones de la feminidad que rara vez eran abordadas en la literatura de su época, especialmente en lo que respecta a los deseos y pasiones femeninas. Sus personajes femeninos no son meros arquetipos pasivos, sino seres complejos, con una vida interior rica y, a menudo, con deseos sexuales explícitos, desafiando las convenciones sociales y literarias.

En Aventurarse perdiendo, el primer relato de Novelas amorosas y ejemplares, el personaje de Jacinta prioriza su deseo sexual sobre el honor y el decoro, entregándose sin vacilación a los hombres de quienes se enamora. Más audaz aún es el personaje secundario Flora en La burlada Aminta y venganza del amor, quien reconoce abiertamente su atracción por Aminta, la dama que ha enamorado a su propio amante: “tengo el gusto y deseos más de galán que de dama, y donde las veo y más tan bellas, como esta hermosa señora, se me van los ojos tras ellas y se me enternece el corazón”. Esta exploración de la atracción homoerótica es sumamente inusual y progresista para el siglo XVII.

En su obra dramática La Traición en la amistad, Fenisa destaca por defender su deseo de amar a cuantos hombres le roban el corazón, negándose a ceñir su amor a uno solo: “los quiero, los estimo y los adoro; a los feos, hermosos, mozos, viejos, ricos y pobres, sólo por ser hombres. Tengo la condición del mismo cielo, que como él tiene asiento para todos a todos doy lugar dentro en mi pecho.” Aunque Fenisa utiliza la astucia y el engaño, su castigo final no radica tanto en su voluntad de amar libremente, sino en su egoísmo y la traición a sus amigas. Esto lleva a otro tema crucial en la obra de Zayas: la importancia de la solidaridad femenina y la amistad entre mujeres como una fuerza unificadora frente a la dominación masculina.

El espacio conventual emerge en la obra de Zayas como un ámbito propicio para el desarrollo de estas relaciones de solidaridad y como un refugio de libertad. Simbólicamente, Gracia y su madre Serafina se reencuentran en el convento al final de El prevenido engañado. Ambas, a su manera, han sido defraudadas por la sociedad y sus injustas normas de honor, que las llevaron a la separación. El convento no es solo un lugar de reclusión, sino un “microespacio habitado por mujeres liberadas parcialmente del gobierno masculino y sus imposiciones”. Muchos de sus personajes, incluida la propia Lisis del marco narrativo, optan por pasar el resto de su vida en este medio aislado que posibilita una convivencia solidaria y una autonomía relativa.

El convento se perfila como un abrigo para las mujeres frente a las vicisitudes de la vida, un remanso de paz y un lugar protector para damas ultrajadas, burladas, afrentadas o desengañadas de las miserias de la vida. Es un espacio donde la desigualdad ontológica, los ultrajes masculinos impunes y las cargas sociales que atenazan y violentan a las mujeres pueden ser mitigadas. La elección del convento no es una rendición, sino una forma de resistencia y autodeterminación.

Un Legado Inquebrantable: Zayas como Precursora Feminista

María de Zayas, a lo largo de su prolífica obra, no solo narró historias, sino que tejió un tapiz de denuncia y reivindicación que resuena con fuerza hasta nuestros días. Sus novelas son un espejo de la reprobable valoración del sexo femenino que defendían los hombres de su tiempo y de los irrazonables límites impuestos al libre desarrollo humano de las mujeres. La escritora madrileña, con una valentía inusitada, exigió para ellas el derecho a elegir su destino, a satisfacer sus deseos y a recibir una educación sólida que les permitiera ser más hábiles en el mundo, y, por tanto, no ser víctimas fáciles de pasiones amorosas o de personas manipuladoras.

Zayas expone la frustración de las mujeres al exclamar, a través de Laura en La fuerza del amor: “Desde que nacemos vais enflaqueciendo nuestras fuerzas con los temores de la honra, y el entendimiento con el recato de la vergüenza, dándonos por espadas ruecas y por libros almohadillas”. Y en el Desengaño primero, Isabel lamenta que la debilidad femenina sea fomentada por una sociedad que anula sus acciones: “¡Ah flaqueza femenil de las mujeres, acobardadas desde la infancia y aviltadas las fuerzas con enseñarlas primero a hacer vainicas que a jugar las armas!” Estas frases son un lamento y una acusación directa contra un sistema que despoja a las mujeres de su potencial y su fuerza.

Al final de los Desengaños amorosos, Zayas confiesa su decepción ante la desaparición de los caballeros corteses y declara que la escritura de sus novelas es parte de su lucha por desterrar falsos prejuicios e injustas normas de comportamiento. Con una declaración casi de desafío, afirma: “Y digo que ni es caballero, ni noble, ni honrado el que dice mal de las mujeres, aunque sean malas, pues las tales se pueden librar en virtud de las buenas. Y en forma de desafío, digo que el que dijere mal de ellas no cumple con su obligación y como he tomado la pluma, habiendo tantos años que la tenía arrimada en su defensa, tomaré la espada para lo mismo, que los agravios sacan fuerzas donde no las hay.” Esta metáfora de la pluma y la espada subraya su compromiso inquebrantable con la causa femenina.

Aunque reconoce la existencia de mujeres “inconstantes”, Zayas advierte contra la generalización y, de nuevo, subraya que los varones suelen ser la causa de la inmoralidad femenina. Argumenta que los hombres incitan a las damas a una conducta indecorosa con halagos y falsas promesas, para luego, cansados de ellas, mancillar su fama. Las mujeres, entonces, quedan sin derechos y sin fuerzas para defenderse del ostracismo social.

La escritora considera que la infelicidad de las mujeres radica en su aislamiento y anulación social: se las recluye al ámbito doméstico, se las educa en la debilidad física y se les limita el acceso a las letras. La falta de aprendizaje les obstaculiza la participación en la sociedad, reduciendo su universo al espacio privado, que, paradójicamente, se presenta como un lugar de peligro y violencia. En este sentido, y por haberse atrevido a tomar la pluma y publicar sus escritos, invadiendo el ámbito de la palabra pública que tradicionalmente se reservaba a los hombres, María de Zayas debe considerarse una escritora precursora del feminismo contemporáneo. Su legado no solo reside en la belleza de su prosa, sino en la audacia de su mensaje, que sigue inspirando y resonando en la lucha por la igualdad y la justicia para todas las mujeres.

Preguntas Frecuentes sobre María de Zayas y la Mujer

A continuación, abordamos algunas de las preguntas más comunes sobre la figura de María de Zayas y su relevancia para la defensa de los derechos de la mujer:

¿Quién fue María de Zayas y Sotomayor?

María de Zayas y Sotomayor fue una destacada escritora española del Siglo de Oro (siglo XVII). Nació en Madrid y es conocida principalmente por sus colecciones de novelas cortas, Novelas amorosas y ejemplares (1637) y Parte segunda del Sarao y entretenimiento honesto, posteriormente conocida como Desengaños amorosos (1647). Fue una figura relevante que recibió el aplauso de importantes escritores coetáneos y participó en certámenes literarios.

¿Qué géneros literarios cultivó María de Zayas?

María de Zayas se centró principalmente en el género de la novela corta, muy popular en su época. También compuso al menos una comedia, La traición en la amistad, demostrando su versatilidad literaria. Su estilo narrativo se caracteriza por el uso de elementos extraordinarios, escenas violentas y una notable atención a los deseos sexuales femeninos.

¿Por qué es importante María de Zayas para la historia de la mujer?

María de Zayas es fundamental porque fue una de las primeras autoras en la literatura española que expresó explícitamente la necesidad de revisar la concepción y el valor de la mujer en la sociedad. Defendió la restitución moral y social de la mujer, criticó la misoginia, abogó por la educación femenina y la autonomía de las mujeres, y mostró una profunda preocupación por la injusticia y la violencia que sufrían en su época. Su obra se considera precursora del feminismo.

¿Qué defendía María de Zayas sobre la educación femenina?

Zayas defendía firmemente el derecho de las mujeres a recibir una buena instrucción, argumentando que si se les diera acceso a los libros y preceptores, serían tan aptas para los puestos y las cátedras como los hombres, e incluso más agudas. Criticaba la práctica de limitar la educación de las niñas a labores domésticas, viendo en ello una estrategia masculina para mantener su hegemonía y una causa de la infelicidad y la vulnerabilidad de las mujeres.

¿Cómo se relaciona María de Zayas con el feminismo?

Aunque el término "feminismo" no existía en su época, María de Zayas es considerada una precursora del feminismo. Su obra contiene ideas reivindicativas muy avanzadas para el siglo XVII: criticó abiertamente las ideas misóginas, denunció la doble moral que juzgaba a hombres y mujeres de manera desigual, abogó por la autonomía y la libertad de elección de las mujeres (incluyendo la opción de no casarse o la vida conventual como alternativa de libertad), y defendió su derecho a la educación y al desarrollo intelectual. Su valentía al tomar la pluma y publicar sus ideas en un ámbito público dominado por hombres es, en sí misma, un acto proto-feminista.

AspectoNovelas amorosas y ejemplares (1637)Desengaños amorosos (1647)
Tono GeneralMás sentimental, con elementos de autonomía femenina y recuperación del honor.Más sombrío, pesimista, truculento y de denuncia explícita.
NarradoresMixto (damas y caballeros).Exclusivamente femeninos (las mujeres toman la palabra).
Contexto NarrativoVeladas navideñas en la casa de Lisis, un espacio de "maravillas".Fiestas de Carnaval, un tiempo simbólico de "desengaños" y falsas apariencias.
Desenlace FemeninoMujeres que buscan autonomía, eligen su destino (matrimonio o convento).Mujeres como víctimas de una sociedad violenta e injusta; el convento como refugio.
Intención PrincipalReflejar y criticar comportamientos sociales que perjudican a la mujer.Desenmascarar las trampas de la realidad y la opresión femenina.

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