¿Cómo Aprenden los Niños Collas a Colaborar?

21/03/2024

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En el vasto y desafiante paisaje de la precordillera y cordillera de Atacama, en Chile, reside el resiliente pueblo Colla, una comunidad que ha sabido mantener viva su esencia a pesar de los desafíos históricos y contemporáneos. Su forma de vida, profundamente ligada a la tierra y a los ciclos naturales, es un testimonio de adaptación y reciprocidad. Pero, ¿cómo se forja esta conexión y este espíritu colaborativo desde la infancia? La respuesta yace en un sistema de aprendizaje ancestral, donde cada día es una lección y cada tarea, una oportunidad para contribuir al bienestar colectivo.

¿Cómo aprenden los niños collas a colaborar?
LA RECIPROCIDAD DEL VIVIR COMO "COMUNidad-comUNIDAD" Los niños collas aprenden desde muy pequeños a colaborar en los quehaceres y tareas del modo y el diario vivir. Candelaria Cardoso recuerda que trabajaban mucho: Salía al campo caminando, cuidando al ganado, pastoreando […] Tú no andabas caminando con las manos desocupadas, tenías que trabajar.

Los Collas chilenos son descendientes de familias que, a fines del siglo XIX y principios del XX, emigraron desde el noroeste argentino y el sur de Bolivia, fusionándose con grupos preexistentes y crianceros locales. Esta amalgama dio origen a una identidad étnica única, marcada por una profunda conexión con el territorio andino. Hoy, sus comunidades se asientan principalmente en las provincias de Copiapó y Chañaral, aunque muchos también han migrado a centros urbanos en busca de nuevas oportunidades, enfrentándose al desafío de preservar su rica herencia cultural.

Índice de Contenido

La Crianza Colla: Aprender Haciendo y Observando

El aprendizaje en la cultura Colla no se limita a espacios formales; es un proceso continuo e inmersivo que comienza en los primeros años de vida. Los niños Collas son introducidos a los quehaceres y tareas del diario vivir desde muy pequeños, integrándose de manera natural en las actividades que sustentan a la familia y la comunidad. Como recuerda Candelaria Cardoso, una mujer colla, el trabajo era una constante: “Salía al campo caminando, cuidando al ganado, pastoreando… Tú no andabas caminando con las manos desocupadas, tenías que trabajar. Te daban una cantidad de lana que tú al volver tenías que traerla toda hilada… Y además de eso tenías que traer un atado de leña. Jamás al campo se llegaba con las manos vacías.”

Este testimonio subraya una pedagogía basada en la participación activa y la responsabilidad compartida. Los niños no solo observan, sino que se les asignan tareas acorde a su edad y capacidad, fomentando un sentido de pertenencia y utilidad. La observación es, de hecho, un pilar fundamental de este aprendizaje. Como expresan los propios collas: “Se APRENDE mirando, ‘Hay que estar para aprender, se va aprendiendo día a día’.” Esta frase encapsula la esencia de su método: la presencia constante, la inmersión en el quehacer, y la asimilación gradual del conocimiento ancestral a través del ejemplo. Un claro ejemplo de esto es Doña Basilia, una matriarca, que mientras cuaja el queso, su nieta observa atentamente, absorbiendo no solo la técnica sino también la sabiduría implícita en cada movimiento. La crianza se lleva a cabo con un profundo amor y paciencia, donde los mayores actúan como guías, facilitando la transmisión de saberes de generación en generación.

La Reciprocidad en el Corazón de la Comunidad

El concepto de “COMUNidad-comUNIDAD” es central en la vida Colla, reflejando una estructura social donde la colaboración es intrínseca a la supervivencia y el bienestar. Las tareas se distribuyen de manera complementaria, con los hombres asumiendo trabajos más pesados como la minería, la caza y el arreo de animales, mientras que las mujeres participan activamente en una amplia gama de actividades, desde cortar leña y cargar burros hasta hacer carbón, sacar y ordeñar cabras. Esta división del trabajo no es rígida, sino fluida, adaptándose a las necesidades del grupo y garantizando que todas las manos contribuyan.

La vida en constante reciprocidad no solo se manifiesta entre los miembros de la comunidad, sino también con el medio ambiente. El entorno provee los recursos, y la comunidad los transforma y valora, manteniendo un equilibrio vital. Esta interdependencia es la base de su economía y su cosmovisión, donde cada acción tiene un impacto y una conexión con el todo.

Economía y Saberes Compartidos

La economía Colla tradicional se ha basado principalmente en la ganadería, especialmente caprina, y en menor medida, en la agricultura. La práctica de la trashumancia, el desplazamiento estacional de los rebaños entre las “invernadas” (zonas bajas) y las “veranadas” (zonas altas) en busca de pastos y agua, es un claro ejemplo de la necesidad de colaboración. Esta actividad requiere de la participación de toda la familia, y los niños, desde pequeños, aprenden las rutas, los ciclos climáticos y el cuidado de los animales. En el pasado, los Collas también sostenían su economía abasteciendo centros mineros y oficinas salitreras con productos ganaderos, textiles y combustible vegetal, demostrando su capacidad de adaptación e intercambio.

Complementaban su sustento con la caza de animales como guanacos, vicuñas y chinchillas, y la recolección de leña para la confección de carbón, un producto valioso para intercambios transcordilleranos. La actividad pirquinera (minería a pequeña escala) y la arriería de mulas también formaban parte de sus labores, todas ellas actividades que involucran un alto grado de coordinación y trabajo en equipo. Aunque la vida urbana ha llevado a muchos Collas a trabajos asalariados, las comunidades que aún residen en la cordillera mantienen vivas estas prácticas, preservando así un legado de saberes y oficios compartidos.

Tesoros Vivos: La Transmisión del Conocimiento

La sabiduría ancestral de los Collas se encarna en figuras como Doña Basilia Escalante, matriarca de la comunidad de Diego de Almagro. Reconocida como “Tesoro Humano Vivo” en 2016, Doña Basilia es criancera y tejendera, y su vasta experiencia y conocimiento de la naturaleza, las tradiciones, costumbres y usos rituales la convierten en una autoridad respetada dentro de su grupo familiar y comunidad. Su vida, ligada a la cordillera y a la cosmovisión de su pueblo, es un ejemplo vivo de cómo se articula la cultura Colla.

La presencia de estas figuras es crucial para la transmisión del conocimiento. A través de su ejemplo, su guía y su participación en el día a día, las nuevas generaciones aprenden no solo técnicas específicas, sino también la filosofía de vida que sustenta a la comunidad Colla. Es un aprendizaje holístico, donde la práctica se entrelaza con la espiritualidad y el respeto por el entorno.

¿Cómo aprenden los niños collas a colaborar?

El Entorno como Maestro: Hábitat y Cosmovisión

El hábitat del pueblo Colla, caracterizado por quebradas, aguadas y montañas en la Cordillera de los Andes, es un maestro constante. El clima desértico marginal en las zonas bajas y el desierto frío de montaña en las altas, con sus ocasionales precipitaciones, obligan a una profunda comprensión del entorno para la supervivencia. La escasa vegetación y la presencia de vegas con arbustos y árboles como el algarrobo, así como los pisos ecológicos de tolar y pajonal, definen los lugares de pastoreo y, por ende, los circuitos de trashumancia.

La cosmovisión Colla está intrínsecamente ligada a su entorno. La figura de la Pachamama, la Madre Tierra, es el centro integrador de todas las energías, y su relación con ella es sagrada. Esta conexión se manifiesta en el paisaje cultural, donde oratorios y apachetas (montículos de piedras) marcan lugares de ceremonia y ritual. Las apachetas, en particular, son un símbolo de su andar y su relación con el camino, sirviendo como puntos de ofrenda y de petición de protección. Su presencia dispersa en el territorio, así como la arquitectura de las chullpas (torres funerarias), demuestran una profunda comprensión del espacio y una habilidad para integrar lo construido con lo natural, creando un paisaje sincrónico donde “las estructuras se perciben como algo natural.” La forma de habitar, condicionada por la horizontalidad del paisaje, permite una distribución visual y una comprensión completa del espacio, lo que también influye en la orientación y el movimiento de la comunidad.

Arte y Oficios: Un Tejido de Colaboración

Las actividades estéticas y recreativas de los Collas también son un reflejo de su espíritu colaborativo y su profunda conexión con el entorno. La textilería es un arte que destaca por su calidad y funcionalidad. La esquila de ovinos y camélidos es una labor colectiva, mientras que el hilado y tejido de la lana es predominantemente realizado por mujeres. Sus tejidos son conocidos por ser muy apretados, sirviendo como impermeables y protectores contra el frío y la nieve. Los colores de sus tejidos, extraídos de la vegetación circundante (raíces de pimiento, alcaparra, chañar, algarrobo), reflejan la riqueza de su entorno natural. Las alforjas, objetos tradicionales para llevar alimentos en las travesías, son un ejemplo de la habilidad artesanal y la practicidad de sus creaciones, elaboradas a partir de la lana de ovejas criadas en la zona.

Los símbolos en sus tejidos, como las rayas que simulan el color de los cerros o el uso de la vicuña reservado para los jefes de familia (al ser un animal sagrado y tejerse con la mejor lana), transmiten historias y jerarquías culturales. Además de la textilería, los Collas practican la talabartería (trabajo en cuero), la ramalería (lazos, riendas), y el trabajo en metal, piedra y madera, creando herramientas, utensilios y objetos ceremoniales. Estas habilidades, transmitidas de generación en generación, no solo son medios de subsistencia, sino también expresiones artísticas que fortalecen la identidad cultural.

La Armonía de la Música y los Rituales

La música y los rituales son expresiones vitales de la cultura Colla, donde la comunidad se une para celebrar y honrar sus tradiciones. La baguala y la vidala, cantos compartidos con el norte de Argentina, son interpretaciones emotivas que a menudo se improvisan y se acompañan con el tambor vidalero o caja chayera. La vidala, en particular, es un clamor a la naturaleza, una forma de rezo y tributo a la Pachamama. Los desplazamientos en círculo al ritmo del tambor durante los cantos refuerzan el sentido de unidad y participación.

Las ceremonias, como la de la “apacheta” y las fiestas de aniversario, son espacios de encuentro y reafirmación cultural. Aunque algunas prácticas tradicionales, como los ritos ganaderos de la vilancha y el floreo de animales, han disminuido debido a la menor actividad pastoril y la conversión al protestantismo de algunas familias, la esencia de la celebración comunitaria perdura, manteniendo viva la conexión con sus raíces.

El aprendizaje colaborativo en el pueblo Colla es un modelo ejemplar de cómo una cultura puede transmitir su herencia a través de la vida cotidiana, la participación activa y el respeto profundo por la naturaleza. Es un testimonio de la fuerza de la comunidad y la sabiduría de las generaciones pasadas, que continúan guiando el camino de los niños Collas hacia un futuro donde la colaboración sigue siendo el pilar fundamental de su existencia.

Preguntas Frecuentes (FAQ) sobre el Pueblo Colla

Aquí respondemos algunas de las preguntas más comunes sobre el pueblo Colla y su cultura:

¿Cuál es el origen del pueblo Colla?
Los Collas chilenos son descendientes de familias que migraron del noroeste argentino y sur de Bolivia a fines del siglo XIX y principios del XX. Se postula que surgieron de la mezcla de distintos grupos indígenas andinos, a los que se sumaron migraciones del sur de Bolivia, formando una nueva categoría étnica.

¿Cómo aprenden los niños collas a colaborar?

¿Dónde habitan los Collas en la actualidad?
Actualmente, el pueblo Colla habita en la cordillera de Los Andes, en la Región de Atacama, específicamente en las provincias de Copiapó y Chañaral. Muchas familias también se han radicado en ciudades y pueblos cercanos como Copiapó, Estación Paipote y Diego de Almagro.

¿A qué actividades económicas se dedican principalmente?
Tradicionalmente, su economía se basa en la ganadería (caprinos, ovinos, equinos y auquénidos) y, en menor medida, la agricultura, con práctica de trashumancia. En zonas urbanas, muchos se dedican al trabajo asalariado, aunque buscan recuperar su identidad étnica.

¿Cómo aprenden los niños Collas a colaborar?
Los niños Collas aprenden la colaboración desde muy pequeños, integrándose en los quehaceres y tareas diarias. Aprenden mirando y participando activamente, asumiendo responsabilidades como ayudar en el pastoreo, el hilado de lana o la recolección de leña. La transmisión del conocimiento es práctica y guiada por los mayores.

¿Qué papel juega la Pachamama en su cosmovisión?
La Pachamama, o Madre Tierra, es una figura central e integradora de todas las energías en la cosmovisión Colla. Representa una relación sagrada con el entorno natural, y es honrada en ceremonias y rituales, como las ofrendas en las apachetas.

¿Qué son las apachetas?
Las apachetas son montículos de piedras levantados en honor a la Pachamama. Son lugares sagrados que se encuentran en caminos cordilleranos y altiplánicos, donde los caminantes y arrieros depositan una o más piedras junto con un regalo, pidiendo protección y salud para continuar su viaje.

¿Qué característica distingue a los tejidos Colla?
Los tejidos Colla se distinguen por su gran calidad y su trama muy apretada, lo que les confiere propiedades impermeables y protectoras contra el frío. Se elaboran con lana de oveja o camélidos y se tiñen con tintes naturales extraídos de la vegetación local, y a menudo presentan diseños con rayas que simulan los colores de los cerros.

¿Qué significa la trashumancia para los Colla?
La trashumancia es una característica fundamental de la cultura Colla, especialmente para aquellos dedicados a la ganadería. Consiste en el desplazamiento estacional de sus rebaños entre las zonas bajas (invernadas) y las altas (veranadas) de la cordillera, buscando pastos y agua según las condiciones climáticas. Esta práctica define su modo de vida cíclico y nómada.

¿Cuáles son los colores representativos de la bandera Colla y su significado?
La bandera Colla tiene cuatro colores representativos: amarillo (Tata Inti, el Sol), negro (medicina, cultura, ceremonias y rituales), blanco (pureza, la montaña, la nieve, la cordillera) y rojo (fuerza, el hombre, la sangre y el poder).

Aspecto del AprendizajeDescripciónEjemplo en la Cultura Colla
Aprendizaje por ObservaciónAdquisición de conocimientos y habilidades al observar a los adultos y pares en sus tareas diarias, sin necesidad de instrucción formal explícita.La nieta observando a Doña Basilia cuajando el queso, o los niños viendo a sus padres pastorear y cuidar el ganado. Frase clave: “Hay que estar para aprender.”
Aprendizaje por Participación ActivaIntegración temprana y gradual en los quehaceres cotidianos, asumiendo responsabilidades acordes a la edad y capacidad, contribuyendo al bienestar colectivo.Niños ayudando en el pastoreo, la recolección de leña, el hilado de lana o cargando un cabrito. La frase “Jamás al campo se llegaba con las manos vacías” lo resume.
Transmisión Oral y PrácticaEl conocimiento ancestral, las costumbres y los oficios se traspasan a través de relatos, instrucciones directas y la guía de los mayores en la ejecución de las tareas.La sabiduría de matriarcas como Doña Basilia, que instruyen a las nuevas generaciones en oficios como el tejido y las tradiciones. La crianza con amor y desde el ser guía.
Aprendizaje Colaborativo y RecíprocoLa necesidad de trabajar en conjunto para la supervivencia y el bienestar de la comunidad, donde las tareas se distribuyen y complementan entre hombres, mujeres y niños.La esquila colectiva de ovinos, la división de tareas en la ganadería y la recolección, y el concepto de “COMUNidad-comUNIDAD” que rige su vida social y económica.
Vínculo con el Entorno NaturalEl medio ambiente (cordillera, clima, recursos naturales) actúa como una fuente constante de aprendizaje sobre ciclos, recursos, rutas de trashumancia y respeto por la Pachamama.El conocimiento de las “invernadas” y “veranadas”, la identificación de plantas para tintes, y la construcción de apachetas como lugares sagrados que marcan su relación con el territorio.

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