¿Qué son los zapatos alineados en la calle?

Zapatos y el eco de una tragedia en Seúl

01/09/2025

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En el corazón de Seúl, en el vibrante barrio de Itaewon, una imagen desoladora se grabó en la memoria colectiva: decenas de zapatos, la mayoría deportivos, sucios y pisoteados, alineados en la calle. No eran calzado de oficinista ni de figuras públicas; eran las zapatillas de jóvenes de 20 o 30 años, de aquellos que buscaban un escape y un momento de libertad. Estos objetos, que alguna vez cubrieron los pies de personas llenas de vida, se convirtieron en el mudo y desgarrador testimonio de una de las tragedias más impactantes de los últimos tiempos.

¿Qué son los zapatos alineados en la calle?
Decenas de zapatos alineados en la calle. No son del tipo que llevaría un oficinista, mucho menos un político o un cura. Son deportivos, de los que la gente que tiene 20 o 30 años usa a diario. La mayoría están muy sucios, como si hubieran sido pisoteados. Fueron pisoteados. Por varios minutos, por horas.
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El Escenario de la Tragedia: Un Mar de Objetos y Almas Perdidas

Los zapatos no estaban solos. Junto a ellos, la policía de Seúl recogió una miríada de objetos personales: teléfonos, abrigos, gafas, pelucas, orejas de conejito y máscaras de monstruos. En total, se acumularon 1.500 kilos de pertenencias esparcidas por la red de callejones del barrio de Itaewon, el epicentro de una celebración de Halloween que terminó en desastre. Allí, 156 personas perdieron la vida en una noche que dejó una cicatriz imborrable.

La imagen de estos objetos sin dueño es profundamente desasosegante. Cada par de zapatillas, cada accesorio, cuenta una historia no terminada, un plan truncado, una vida que se apagó. Eran, en su mayoría, tallas pequeñas, de mujeres, lo que refleja la composición demográfica de las víctimas y la dificultad adicional que enfrentaron para escapar de la avalancha humana que las aplastó.

Cuando los objetos aún no habían sido retirados, un hombre mayor, dueño de una joyería en el callejón donde falleció la mayoría de las personas, extendió una estera dos días después del suceso. Sobre ella, dispuso tazones con arroz, cucharas, palillos, platos de frutas y dos velas encendidas. Se arrodilló e hizo una profunda venia, pidiendo perdón a los muertos. Su ritual, aunque brevemente interrumpido por la policía, simbolizó el inicio de un duelo colectivo y la profunda necesidad de la comunidad de honrar a los perdidos.

Itaewon: Más Allá de un Mapa, un Espacio Mental de Libertad

Para comprender la magnitud de lo ocurrido, es crucial entender qué representa Itaewon. Este barrio, que se extiende desde los muros de la antigua base militar de Yongsan hasta una de las mezquitas más grandes del norte de Asia, es un crisol de culturas y un bastión de la libertad en una sociedad a menudo constreñida por normas estrictas.

Durante décadas, Itaewon fue un lugar donde lo diferente encontraba un hogar. Antes de los Juegos Olímpicos de 1988, su nombre evocaba peligro: soldados, peleas, prostitución, drogas. Sin embargo, para otros, significaba una vía de escape. Es uno de los pocos lugares en Corea del Sur donde la comunidad LGBTQ+ puede expresarse sin el peso del tabú. Fue la puerta de entrada para géneros musicales como el rock y el rap, y el único barrio donde, a principios de los ochenta, la gente se atrevía a vestirse de forma diferente: mujeres con pantalones cortos y pelo corto, hombres con accesorios audaces.

En sus calles conviven bares con sastrerías antiguas, y restaurantes que sirven gastronomía uzbeka o nigeriana, difícil de encontrar en cualquier otro lugar de Seúl. Es un laboratorio social necesario para un país con pocos inmigrantes y muchas convenciones sociales. Por eso, gente de todas partes, no solo de Seúl, acudía a Itaewon: para desprenderse por unas horas de la presión social que los atenaza y homogeneiza, para comprobar que hay otra manera de vivir y de estar con los otros.

El autor del relato, quien ha vivido en Seúl por nueve años y considera Itaewon su barrio, frecuentaba la zona. Incluso había estado en una fiesta con vista al callejón y la salida del metro el viernes anterior a la tragedia, notando ya la inmensa afluencia de gente.

La Noche que el Festejo se Convirtió en Tragedia

La noche del sábado de Halloween prometía ser una más de esas experiencias liberadoras. El autor del relato, quien ha vivido en Seúl por nueve años y considera Itaewon su barrio, frecuentaba la zona. Incluso había estado en una fiesta con vista al callejón y la salida del metro el viernes anterior a la tragedia, notando ya la inmensa afluencia de gente.

Sin embargo, lo que se avecinaba era impensable. Cerca de las 11 de la noche, los celulares comenzaron a sonar con avisos de emergencia del gobierno, uno tras otro. Las sirenas, una tras otra, llenaron el aire. Los videos de la catástrofe empezaron a circular. Lo que se creía una noche de diversión se transformó rápidamente en una pesadilla. El número de víctimas creció de 50 a más del triple en cuestión de horas. La mayoría, dos tercios, eran mujeres, atrapadas en una "montaña humana" de la que les fue imposible escapar.

Es importante destacar que no fue una estampida. La gente no podía moverse. Según los datos del metro de Seúl, 130.000 personas usaron la estación de Itaewon esa noche, creando una densidad de multitudes insostenible en los estrechos callejones. La policía, a pesar de haber recibido 11 llamadas de auxilio previas desde las 18:34 del sábado, cuatro horas antes del colapso, desestimó las advertencias, llegando tarde al epicentro del desastre.

El Silencio del Duelo y la Resiliencia de un Barrio

En los días posteriores a la tragedia, Itaewon se transformó en un lugar de duelo colectivo. La calle principal, normalmente bulliciosa, permaneció cerrada, llena de autobuses policiales. En una pequeña plaza, un altar oficial se erigió, custodiado por funcionarios, ofreciendo café y flores gratuitas. La gente, en un silencio reverente, evitaba alzar la voz, magnificando el dolor compartido.

Pero también surgieron altares improvisados, como el que se formó en la salida uno de la estación de metro, a pocos pasos del callejón. Allí, el repiqueteo de un instrumento de madera acompañaba los cantos budistas. Flores frescas, botellas de licor abiertas (como en los ritos funerarios coreanos), notas escritas a mano y ofrendas de galletas, yogures y pasteles de arroz se acumularon, alimentando las almas de los difuntos. Tres monjes ofrecían consuelo con sus voces, y la comunidad se reunía bajo un cielo otoñal, unidos en el dolor.

La emotiva respuesta del joyero local, que extendió una estera y dispuso ofrendas de comida para pedir perdón a los muertos, encapsula la profunda pena y el sentido de responsabilidad colectiva. A pesar de ser obligado a retirarse, su gesto resonó con la necesidad humana de honrar a los perdidos.

Entre las víctimas, 26 eran extranjeros, incluyendo cinco nacidos en Irán, lo que subraya la naturaleza cosmopolita de Itaewon y la universalidad del dolor. Las fotos de los extranjeros también se sumaron a los altares, recordándonos que la tragedia no conoce fronteras.

El Futuro de Itaewon: Entre la Memoria y la Transformación

La tragedia ha dejado una pregunta latente en el corazón de los residentes: ¿regresará la antigua y rufianesca fama de Itaewon como excusa para borrar lo que queda de su esencia? Existe el temor de que las grandes cadenas ocupen las calles, trayendo la uniformidad y cerrando los callejones que una vez fueron refugio para la expresión y la diversidad.

La esposa del autor, quien ha vivido en Itaewon desde 2006, teme esta transformación. Ella recuerda los callejones donde compraba camisetas hiphoperas a inicios de los 2000 y donde probó por primera vez la comida india en un restaurante de ese callejón mortal. Fue en B1, un pequeño club de música electrónica en ese mismo callejón, donde se dio cuenta del valor de la vida nocturna más allá de la diversión. Los jóvenes que murieron esa noche, al igual que ella y tantos otros, buscaban en Itaewon un espacio para ser ellos mismos, para escapar de la presión social y experimentar otra forma de vivir.

La imagen de los zapatos alineados en la calle no es solo un recordatorio de la pérdida, sino también un símbolo de la fragilidad de esos espacios de libertad y de la importancia de preservarlos. El poema de Robert Liddell Lowe, "Este resplandeciente desconsuelo es todo lo que tengo de ustedes / que se fueron más pronto de lo que una ola se va", encapsula el sentimiento de los que quedan, enfrentando un dolor inmenso por vidas que se desvanecieron demasiado rápido.

Preguntas Frecuentes sobre la Tragedia de Itaewon

  • ¿Qué ocurrió en Itaewon el 29 de octubre de 2022?

    El 29 de octubre de 2022, durante las celebraciones de Halloween, una multitud masiva se congregó en los estrechos callejones de Itaewon, Seúl. La densidad de personas provocó un aplastamiento masivo, resultando en la muerte de 156 personas y dejando numerosos heridos. No fue una estampida, sino una situación en la que la gente quedó atrapada sin posibilidad de movimiento.

  • ¿Por qué se encontraron tantos zapatos en la calle?

    Los cientos de zapatos deportivos y otros objetos personales (teléfonos, abrigos, gafas, etc.) encontrados en la calle eran pertenencias de las víctimas de la tragedia. Fueron pisoteados y perdidos en medio del caos y la aglomeración, convirtiéndose en un símbolo desgarrador de las vidas perdidas.

  • ¿Qué hace a Itaewon un lugar único en Corea del Sur?

    Itaewon es conocido por ser un barrio cosmopolita y un centro de contracultura en Corea del Sur. Históricamente ligado a la presencia militar estadounidense, se desarrolló como un espacio de libertad y diversidad, donde conviven diferentes culturas, estilos de vida (incluida la comunidad LGBTQ+) y expresiones artísticas como la música y la moda. Es un lugar donde la gente busca escapar de las presiones sociales y experimentar una mayor libertad.

  • ¿Cuántas personas fallecieron en la tragedia de Itaewon?

    Según la información proporcionada en el texto, 156 personas murieron en la tragedia de Itaewon. La mayoría de las víctimas eran jóvenes, y dos tercios de ellas eran mujeres.

  • ¿Cuál fue la respuesta de las autoridades ante la tragedia?

    La policía de Seúl recibió al menos 11 llamadas de auxilio horas antes del incidente, alertando sobre la peligrosa aglomeración. Sin embargo, estas advertencias fueron desestimadas y la respuesta fue tardía. Posteriormente, se abrieron investigaciones sobre la gestión del evento y la respuesta de emergencia.

Los zapatos alineados en Itaewon son un recordatorio sombrío de la fragilidad de la vida y de cómo un espacio de alegría puede transformarse en un lugar de luto. Son el eco silencioso de las voces de aquellos que buscaron un momento de autenticidad y que, trágicamente, se fueron demasiado pronto.

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