29/07/2023
La historia del Perú, rica y compleja, ha sido moldeada por periodos de profunda inestabilidad y cambios drásticos. Uno de estos momentos cruciales fue el denominado Tercer Militarismo, una etapa que abarcó desde 1930 hasta 1939. Este lapso de tiempo no solo significó el retorno de las fuerzas armadas al poder de manera predominante, sino que también fue el crisol donde se gestaron muchas de las estructuras políticas, económicas y sociales que definirían al país durante décadas. Para comprender la trascendencia de este periodo, es fundamental analizar las circunstancias que lo propiciaron, las características que lo definieron y el legado que dejó en la nación andina.

El Tercer Militarismo emergió como una respuesta a la efervescencia generada por la Gran Depresión de 1929 y el desgaste de un régimen autoritario que había dominado la escena política peruana por más de una década. Fue un periodo de transiciones turbulentas, de caudillos con visiones contrastantes y de una sociedad que buscaba su camino en medio de la crisis. Este artículo desglosará cada faceta de esta era, desde sus raíces hasta sus consecuencias, ofreciendo una visión completa de uno de los capítulos más intensos del Perú republicano.
- El Telón de Fondo: El Oncenio y la Crisis Global
- Causas Profundas del Tercer Militarismo
- Características Clave de un Régimen Dual
- Protagonistas del Tercer Militarismo: Sánchez Cerro y Benavides
- Tabla Comparativa: Sánchez Cerro vs. Benavides
- Consecuencias y Legado Duradero
- Preguntas Frecuentes sobre el Tercer Militarismo
El Telón de Fondo: El Oncenio y la Crisis Global
Para entender el estallido del Tercer Militarismo, es imperativo mirar hacia atrás, específicamente al periodo conocido como el Oncenio de Augusto B. Leguía (1919-1930). Durante once años, Leguía había gobernado Perú con mano de hierro, estableciendo un sistema autoritario que desplazó al tradicional civilismo como fuerza política dominante. Su régimen se caracterizó por un marcado culto a la personalidad, la represión de la oposición y una creciente corrupción. Económicamente, Leguía abrió el país a la inversión extranjera, especialmente estadounidense, y emprendió un ambicioso plan de obras públicas financiado con préstamos externos, lo que disparó la deuda pública.
Sin embargo, la aparente estabilidad del Oncenio era una fachada que se derrumbaría estrepitosamente con la llegada de la crisis económica mundial de 1929. El famoso Crac del 29 y la subsiguiente Gran Depresión golpearon duramente a Perú. La dependencia del capital y el comercio con Estados Unidos se volvió una condena: el cierre de mercados y la caída de los precios de las materias primas peruanas llevaron al país a una bancarrota fiscal. El descontento popular, acumulado tras años de autoritarismo y ahora agravado por la pobreza y el desempleo, creó el caldo de cultivo perfecto para un cambio radical. Fue en este escenario de agotamiento, inestabilidad y crisis que el comandante Luis Miguel Sánchez Cerro emergió con un golpe de Estado en 1930, poniendo fin al Oncenio y abriendo las puertas al Tercer Militarismo.
Causas Profundas del Tercer Militarismo
La irrupción del Tercer Militarismo no fue un hecho aislado, sino la culminación de múltiples factores que convergieron en la década de 1930. Estos factores se entrelazaron, creando un complejo entramado de causas económicas, sociales y políticas que impulsaron a los militares a tomar las riendas del poder.
Factores Económicos: La Sombra de la Gran Depresión
La política económica de Augusto B. Leguía, basada en la apertura al capital y la dependencia de Estados Unidos, hizo que Perú fuera particularmente vulnerable a las fluctuaciones económicas globales. El ambicioso plan de obras públicas, aunque modernizó la infraestructura, fue financiado con cuantiosos préstamos estadounidenses, lo que disparó la deuda externa a niveles insostenibles. Cuando el Crac del 29 desató la Gran Depresión, Estados Unidos, sumido en su propia crisis, cerró sus fronteras al comercio exterior y cortó el flujo de capital. Esto provocó un drástico descenso de las exportaciones peruanas, la paralización de obras y un aumento masivo del desempleo, llevando al país a una situación de bancarrota fiscal. La escasez de productos básicos y la alta inflación generaron un profundo malestar social y económico, un campo fértil para la insurrección.
El descontento social no era solo económico. La oligarquía peruana, que había visto amenazado su poder por el régimen de Leguía, ahora se sentía doblemente vulnerable ante el creciente descontento sociopolítico de las clases populares. Esta inestabilidad llevó a que buscaran una alianza estratégica con las fuerzas militares, apoyando el golpe de Estado como una forma de restaurar el "orden". Paralelamente, en Perú, al igual que en otros países, surgieron movimientos con tintes fascistas, como el nacionalcatolicismo, el nacionalsindicalismo o el fascismo clerical, que buscaban soluciones autoritarias a la crisis. Sin embargo, también se fortalecieron y organizaron las organizaciones obreras y comunistas, que demandaban cambios profundos en la estructura social y económica, lo que exacerbó el temor de las élites.
Panorama Político: El Nacimiento de Partidos Modernos
El Oncenio de Leguía, a pesar de su autoritarismo, fue también un periodo de gestación de los primeros partidos políticos modernos del país, que vinieron a reemplazar a las tradicionales formaciones como el Civil o el Democrático. Las organizaciones más importantes que surgieron en esos años fueron el Partido Aprista Peruano (APRA), fundado por Víctor Raúl Haya de la Torre, con un carácter marcadamente antiimperialista y contrario a la oligarquía, y el Partido Socialista Peruano, liderado por José Carlos Mariátegui, que adoptó el marxismo-leninismo, aunque con una visión adaptada a la realidad peruana. La aparición y creciente fuerza de estos partidos, con sus demandas de justicia social y cambios estructurales, preocupó enormemente a los sectores privilegiados de Perú. El temor a perder su hegemonía y la búsqueda de un contrapeso a estas nuevas fuerzas políticas los llevó a apoyar a los militares en su toma del gobierno, viendo en ellos la única garantía de mantener su posición.
Inestabilidad Territorial y Represión
El mandato de Leguía no solo enfrentó la oposición política en la capital, sino que también experimentó varias insurrecciones en provincias como Cuzco, Puno, Chicama y, de manera notable, Cajamarca. La respuesta violenta y represiva del gobierno central a estos levantamientos solo empeoró la situación, creando un clima de inestabilidad generalizada que tuvo repercusiones negativas tanto en la economía como en la tranquilidad política y social del país. Este ambiente de desorden y la incapacidad percibida del gobierno civil para controlarlo, legitimaron aún más la intervención militar para muchos.
Características Clave de un Régimen Dual
El Tercer Militarismo, aunque liderado por militares, no fue homogéneo. Estuvo marcado por las personalidades y visiones de sus principales caudillos, Luis Miguel Sánchez Cerro y Oscar R. Benavides, quienes imprimieron sus sellos particulares a sus respectivos gobiernos. Sin embargo, ciertas características generales definieron el periodo.
El Aspecto Político: Autoritarismo y Populismo
Los militares que tomaron el poder actuaron como caudillos que prometían restaurar el orden y responder a la crisis. Para ello, forjaron una alianza estratégica con la oligarquía nacional, la cual veía en el ejército el freno necesario al avance de los movimientos progresistas como el APRA. Luis Sánchez Cerro, quien había estado en Italia y se sentía atraído por las corrientes fascistas europeas, estableció un gobierno marcadamente autoritario y xenófobo. Implementó medidas populistas para ganarse el favor de las masas, combinadas con políticas corporativistas. Tras su breve salida del poder en 1930, fundó la Unión Revolucionaria, un partido de corte fascista con un fuerte culto al líder, con el cual ganó las elecciones de 1931 y continuó su gobierno represivo contra los opositores.
Cuando Oscar R. Benavides asumió la presidencia tras el asesinato de Sánchez Cerro, intentó suavizar los aspectos más represivos del régimen. Decretó una Ley de Amnistía para presos políticos y permitió la reapertura de sedes partidarias. Sin embargo, no dudó en reprimir a los apristas cuando consideraba que amenazaban la estabilidad o su presidencia, demostrando que el autoritarismo seguía siendo una herramienta a disposición del poder.
Transformaciones Económicas en Tiempos de Crisis
La situación económica al inicio del Tercer Militarismo era desoladora: escasez de productos, alta inflación y numerosas huelgas. La Misión Kemmerer, un grupo de economistas estadounidenses contratados para asesorar al gobierno, recomendó reformas económicas, aunque el presidente solo aceptó unas pocas. A pesar de esto, Perú logró reajustar parte de su política monetaria, reemplazó la libra peruana por el sol y sentó las bases para una eventual recuperación.
Durante el mandato de Benavides, el ciclo económico comenzó a cambiar. La oligarquía, ahora más consolidada en su alianza con el Estado, apostó por un conservadurismo liberal, que promovía un Estado fuerte capaz de garantizar la ley y el orden, condiciones que consideraban imprescindibles para la estabilidad económica y la inversión. Esto marcó un giro hacia políticas más ortodoxas y la recuperación gradual del comercio.
El Tercer Militarismo, especialmente durante el gobierno de Sánchez Cerro, se caracterizó por una fuerte represión contra opositores y minorías. Su carácter fascista se manifestó en actos de violencia contra apristas y comunistas, así como en un estricto control sobre la prensa. Se impulsaron campañas de xenofobia, particularmente contra la inmigración asiática, un sentimiento que se acentuó tras la muerte de Sánchez Cerro y la asunción de Luis A. Flores como líder de la Unión Revolucionaria. Esta organización se estructuró de manera vertical, con una milicia vinculada a la iglesia, y su acción política se orientó hacia la creación de un Estado corporativista y autoritario, con un partido único.
A pesar de esta represión, y paradójicamente, el Tercer Militarismo también promulgó algunas medidas sociales en favor de la clase obrera. Estas acciones, aunque limitadas, eran coherentes con ciertos aspectos del fascismo, que a menudo buscaba el apoyo popular a través de programas de bienestar social controlados por el Estado.
Relaciones Internacionales: Paz en Medio de la Turbulencia
En el ámbito internacional, esta época estuvo marcada por el tenso incidente limítrofe de Leticia con Colombia, que llevó a ambos países al borde de la guerra. El asesinato de Sánchez Cerro, en un giro inesperado, detuvo los preparativos para el conflicto. Su sucesor, Oscar R. Benavides, demostró una habilidad diplomática al proceder a resolver el problema pacíficamente, evitando una confrontación armada que habría tenido consecuencias devastadoras para la ya frágil situación del Perú.
El Tercer Militarismo fue una saga de dos actos, cada uno dominado por un líder militar con estilos y enfoques distintos, aunque ambos surgieron de un contexto de crisis y la necesidad de restaurar el orden.
El Gobierno Provisional de Luis Sánchez Cerro (1930-1931)
Tras el derrocamiento de Augusto Leguía, una Junta Militar provisional, presidida por el general Manuel Ponce Brousset, asumió brevemente el control. Sin embargo, su falta de popularidad condujo a su rápida sustitución por Luis Miguel Sánchez Cerro, quien había liderado el levantamiento en Arequipa y gozaba de un gran apoyo popular. Sánchez Cerro llegó a Lima el 27 de agosto de 1930, disolviendo la junta de Brousset y formando una nueva bajo su mando.
La situación del Perú al asumir Sánchez Cerro era crítica, con disturbios protagonizados por obreros, estudiantes y militares en gran parte del país. El nuevo presidente promulgó medidas para contener las protestas y creó un tribunal especial para juzgar los casos de corrupción del Oncenio. No obstante, su gobierno provisional se caracterizó por una política de represión, incluyendo la ilegalización de sindicatos. Un trágico ejemplo de esta represión fue la masacre de Malpaso el 12 de noviembre de 1930, donde 34 mineros fueron asesinados. En el ámbito económico, aunque contrató a la Misión Kemmerer, desechó la mayoría de sus recomendaciones, lo que limitó el impacto positivo de las pocas medidas adoptadas. La inestabilidad persistió, y una serie de rebeliones, incluida una en Arequipa, forzaron a Sánchez Cerro a dimitir el 1 de marzo de 1931. Tras él, una serie de presidentes interinos se sucedieron brevemente, siendo el más relevante David Samanez Ocampo.
El Breve Interludio de David Samanez Ocampo
David Samanez Ocampo asumió la presidencia de la Junta de Gobierno y, con una misión clara, logró pacificar el país momentáneamente. Su corto mandato se dedicó principalmente a preparar el terreno para las siguientes elecciones presidenciales, consideradas cruciales para la estabilidad. Para ello, implementó reformas significativas, creando un Estatuto Electoral y el Jurado Nacional de Elecciones, instituciones fundamentales para la modernización democrática del país. Las leyes electorales de la época, sin embargo, aún eran restrictivas, excluyendo del derecho al sufragio a curas, militares, mujeres, analfabetos y menores de 21 años. Además, se prohibió la participación de cualquier partidario del expresidente Leguía. A pesar de sus esfuerzos por la pacificación, Samanez Ocampo también tuvo que enfrentar y reprimir con violencia algunas rebeliones, como las ocurridas en Cuzco. Finalmente, las elecciones se celebraron el 11 de octubre de 1931, marcando lo que muchos historiadores consideran las primeras elecciones modernas en la historia del Perú. Entre los candidatos, Luis Sánchez Cerro, quien había fundado la Unión Revolucionaria, un partido de corte fascista, se enfrentó al APRA como su principal rival. A pesar de las denuncias de fraude por parte de sus oponentes, Sánchez Cerro fue declarado vencedor, y Samanez Ocampo, firme en su compromiso con el proceso, le cedió el puesto.
El Gobierno Constitucional de Luis Sánchez Cerro (1931-1933)
Luis Sánchez Cerro asumió la presidencia constitucional el 8 de diciembre de 1931. Una de sus primeras y más importantes acciones fue ordenar la redacción de una nueva Constitución, que fue promulgada el 9 de abril de 1933 y se convertiría en un pilar del marco legal peruano por décadas. Sin embargo, su segundo gobierno se caracterizó por una represión aún más intensa contra sus opositores, especialmente los apristas y comunistas, a quienes veía como una amenaza directa a su poder. Además, continuó con campañas xenófobas dirigidas contra trabajadores de origen asiático.
La crisis económica, que ya azotaba al país antes de su llegada, se mantuvo. Las materias primas seguían perdiendo valor y la inflación se había disparado. A pesar de la asesoría de la Misión Kemmerer, los ingresos fiscales descendieron drásticamente y el desempleo alcanzó cifras alarmantes. La inestabilidad política, alimentada por numerosas huelgas convocadas por el Partido Comunista y el APRA, impidió una recuperación económica significativa. Sánchez Cerro incluso sufrió un atentado fallido y enfrentó la sublevación de los buques del Callao en su contra. Su mandato estuvo al borde de declarar la guerra a Colombia por el incidente de Leticia. Solo su asesinato, ocurrido el 30 de abril de 1933, detuvo los preparativos para el conflicto, marcando un final abrupto y violento para su controversial gobierno.
El mismo día del asesinato de Sánchez Cerro, Oscar R. Benavides fue nombrado presidente por el Congreso, una medida que, aunque contravenía la Constitución de 1933, fue justificada por la urgencia de la situación. Benavides asumió el cargo para completar el periodo del difunto mandatario, inicialmente hasta 1936. Su primer gran logro fue detener el conflicto inminente con Colombia, alcanzando un acuerdo de paz en 1934 que demostró su pragmatismo diplomático. También supo aprovechar el cambio de ciclo económico internacional para alejar al país de lo más grave de la crisis, implementando políticas que favorecieron la recuperación.
En 1936, Benavides se presentó como candidato para las nuevas elecciones. Sus principales rivales fueron Jorge Prado (inicialmente apoyado por el gobierno) y Luis Antonio Eguiguren, quien contaba con un considerable apoyo social, incluyendo el de los apristas, cuyo partido estaba ilegalizado y no podía presentarse. Sin embargo, apenas comenzó el escrutinio, el Jurado Nacional de Elecciones anuló las elecciones, alegando que el apoyo masivo de los apristas a Eguiguren invalidaba el proceso. Ante este escenario, el Congreso decidió que Benavides alargara su mandato tres años más y, además, asumiera el poder legislativo, consolidando un régimen de facto. Su lema para este periodo fue “orden, paz y trabajo”, y contó con el firme apoyo del ejército y la oligarquía. Hacia el final de su mandato, Benavides tuvo que hacer frente a un intento de golpe de Estado, que logró detener. A pesar de su éxito, Benavides comprendió que su tiempo en el poder había llegado a su fin y preparó la transición.
| Característica | Luis Miguel Sánchez Cerro | Oscar R. Benavides |
|---|---|---|
| Periodo(s) | 1930-1931 (Provisional), 1931-1933 (Constitucional) | 1933-1939 |
| Ascenso al Poder | Golpe de Estado (1930), Elecciones (1931) | Nombramiento por Congreso tras asesinato de su predecesor |
| Estilo de Gobierno | Autoritario, populista, con inclinaciones fascistas, represivo | Autoritario, pragmático, buscando orden y estabilidad, suavizó represión inicial |
| Relación con Oposición | Fuerte represión (Apristas, Comunistas), xenofobia | Amnistía inicial, pero represión a Apristas si amenazaban su poder |
| Economía | Crisis profunda, pocas reformas Kemmerer, inflación, desempleo | Aprovechó cambio de ciclo, apostó por conservadurismo liberal, recuperación gradual |
| Conflicto Leticia | Al borde de la guerra con Colombia | Resolución pacífica del conflicto con Colombia |
| Legado Clave | Constitución de 1933, polarización política | Estabilidad económica, consolidación del poder oligárquico-militar |
Consecuencias y Legado Duradero
Las elecciones de 1939, en las que Oscar R. Benavides dio su apoyo a Manuel Prado Ugarteche, marcaron para muchos historiadores el final formal del Tercer Militarismo. Aunque Prado ganó con una ventaja considerable, hubo numerosas denuncias de irregularidades masivas durante los comicios, evidenciando que las prácticas antidemocráticas persistían. El APRA, a pesar de ser la fuerza política más importante del país, continuaba ilegalizado, al igual que la Unión Revolucionaria de Sánchez Cerro.
El Fin de una Era y el Camino hacia una "Democracia Débil"
El Tercer Militarismo no logró acabar con la inestabilidad política del país. La ideología fascista de la Unión Revolucionaria de Sánchez Cerro y la subsiguiente consolidación del poder militar-oligárquico bajo Benavides reprimieron con dureza toda forma de protesta popular y a los partidos opositores, especialmente al APRA y al Partido Comunista. A pesar de la persistente crisis económica, las clases medias experimentaron un cierto crecimiento, mientras que la oligarquía fortaleció aún más su posición privilegiada al apoyar a los gobiernos militares y a los presidentes que respaldaban sus intereses. Según los historiadores, el final del Tercer Militarismo llevó a Perú a lo que se ha catalogado como una democracia débil, caracterizada por gobiernos que, aunque nominalmente civiles, estaban en buena parte controlados por la influencia y el poder de la oligarquía y los militares.
La Constitución de 1933: Un Hito Fundamental
El legado más importante y duradero de este periodo fue la Constitución de 1933. Promulgada bajo el gobierno de Sánchez Cerro, esta carta magna se convirtió en la base económica, política y social del país por casi medio siglo, rigiendo hasta 1979. Aunque nacida en un contexto de autoritarismo, la Constitución de 1933 estableció principios y estructuras que influyeron profundamente en la vida republicana peruana, regulando aspectos clave de la propiedad, el trabajo y las relaciones entre los poderes del Estado. Su longevidad es testimonio de su impacto, a pesar de las constantes tensiones y desafíos que el país enfrentaría en las décadas subsiguientes.
Preguntas Frecuentes sobre el Tercer Militarismo
¿Cuánto duró el Tercer Militarismo en Perú?
El Tercer Militarismo en Perú se extendió desde el año 1930, con el golpe de Estado de Luis Miguel Sánchez Cerro, hasta 1939, con las elecciones que llevaron a Manuel Prado Ugarteche a la presidencia, marcando el fin de la influencia militar directa en el gobierno.
¿Quiénes fueron los principales líderes del Tercer Militarismo?
Los principales líderes y presidentes durante el Tercer Militarismo fueron Luis Miguel Sánchez Cerro (en dos periodos, uno provisional y otro constitucional) y Oscar R. Benavides.
¿Qué papel jugó la crisis económica mundial de 1929 en el inicio de este periodo?
La crisis económica mundial de 1929 (la Gran Depresión) jugó un papel fundamental. Agravó la dependencia económica de Perú hacia Estados Unidos, provocó una caída drástica de las exportaciones y los ingresos fiscales, aumentó el desempleo y generó un descontento social generalizado que debilitó al gobierno civil de Augusto B. Leguía y allanó el camino para el golpe militar.
¿Qué fue la Unión Revolucionaria?
La Unión Revolucionaria fue un partido político fundado por Luis Miguel Sánchez Cerro tras su breve renuncia en 1931. Tenía un corte fascista, con un fuerte culto al líder y una estructura vertical, y fue clave para la victoria de Sánchez Cerro en las elecciones de 1931.
¿Cuál fue el legado más importante del Tercer Militarismo?
El legado más importante del Tercer Militarismo fue la promulgación de la Constitución de 1933. Esta carta magna se convirtió en la base legal, política y social del país y estuvo vigente hasta 1979, influyendo significativamente en el desarrollo del Perú durante casi cinco décadas.
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