27/11/2022
La historia de Carmen Mondragón, más conocida por su enigmático seudónimo Nahui Olin, es un fascinante viaje a través de la bohemia artística, el activismo feminista y una vida marcada por la pasión y la tragedia. Nacida en un hogar privilegiado, esta mujer se atrevió a romper moldes en una sociedad conservadora, dejando una huella imborrable en el arte y la cultura mexicana del siglo XX. Su existencia, tan luminosa como efímera en el ojo público, es un testimonio de la rebeldía y el espíritu indomable de una de las figuras más cautivadoras de su tiempo.

Orígenes y la Sombra de un Apellido Polémico
María del Carmen Mondragón Valseca vino al mundo el 8 de julio de 1893, en el pintoresco barrio de Tacubaya, Ciudad de México. Desde su nacimiento, fue hija de un destino acomodado: su padre era el general Manuel Mondragón, una figura prominente pero también controvertida en la historia de México. Su madre, Mercedes Valseca, fue quien le inculcó los primeros conocimientos, enseñándole a escribir y a tocar el piano desde muy temprana edad, sentando las bases de una sensibilidad artística precoz.
La influencia paterna, sin embargo, proyectaría una larga sombra sobre la vida de Carmen. El general Manuel Mondragón es recordado en la historia como un traidor, pues se alió con Victoriano Huerta para derrocar desde el interior del ejército al gobierno de Francisco I. Madero. Esta acción le valió la expulsión del país en 1913, un exilio que lo llevó a Europa junto a toda su familia. Carmen, recién casada con el pintor Manuel Rodríguez Lozano, se unió a ellos en París un año más tarde, en 1914. Este traslado a Europa, que comenzó a la temprana edad de cuatro años cuando vivió ocho años en París en un internado, le brindó una educación cosmopolita y acceso a las vanguardias artísticas que moldearían su visión del mundo y su propia expresión creativa.
París, Amor y el Primer Gran Dolor
La unión de Carmen Mondragón con Manuel Rodríguez Lozano en 1913 marcó el inicio de una etapa crucial. Su luna de miel y primeros años de matrimonio transcurrieron en París, epicentro cultural de la época. Allí, la pareja se sumergió en un ambiente vibrante, conviviendo con figuras de la talla de Pablo Picasso, Georges Braque y Henri Matisse. Esta exposición a la efervescencia artística y el pensamiento innovador de la capital francesa fue fundamental para que Carmen Mondragón se iniciara en el mundo del arte, despertando su interés por el feminismo y las nuevas formas de expresión.
Sin embargo, la Gran Guerra forzó a la familia Mondragón a huir a San Sebastián, España, donde Carmen y Manuel continuaron dedicándose a la pintura. Fue durante estos años, entre 1914 y 1921, cuando su relación comenzó a desmoronarse, acentuada por una tragedia personal que la marcaría profundamente: la muerte de su recién nacido. Las circunstancias de este suceso están envueltas en mitos; algunos relatos sugieren que Nahui Olin asfixió a su hijo al enterarse de la homosexualidad de su esposo, mientras otros apuntan a una muerte súbita durante el sueño. Indistintamente de la verdad, lo que sus amigos y allegados confirmaron es que esta pérdida irreparable los alejó aún más, dejando una herida abierta en el alma de Carmen.
El Nacimiento de Nahui Olin y la Efervescencia Mexicana
En 1921, Carmen Mondragón regresó a México. Había dejado atrás el París de la vanguardia, pero traía consigo una nueva imagen y un espíritu renovado: el pelo corto al estilo parisino y la boca pintada en forma de corazón, símbolos de una modernidad y una libertad que apenas comenzaban a gestarse en su país. Aunque separada sentimentalmente de Manuel Rodríguez Lozano, de quien nunca pudo divorciarse legalmente, su regreso a México fue un renacer.
Fue en esta década vibrante cuando conoció a Gerardo Murillo, el célebre Dr. Atl, quien se convertiría en una de las personas más importantes de su vida. Su intensa relación amorosa y artística fue tan profunda que fue él quien la bautizó con el nombre que la inmortalizaría: Nahui Olin, que en náhuatl significa el quinto sol, el "sol de movimiento". El Dr. Atl la apoyó económica y emocionalmente hasta el final de sus días, y plasmó pasajes de su romance en su autobiografía, Gentes profanas en el convento.
Durante este periodo, la Ciudad de México era un crisol de talentos. Nahui Olin no solo volvió a la pintura, sino que también se codeó con lo más granado de la intelectualidad y el arte mexicano: modeló para el fotógrafo Edward Weston, fue musa de Diego Rivera, quien la inmortalizó en su mural La creación (1922), y compartió tertulias y proyectos con figuras como Tina Modotti, Frida Kahlo, Antonieta Rivas Mercado, Lupe Marín, José Vasconcelos, Xavier Villaurrutia, Tereza Montoya, Dolores del Río, José Clemente Orozco, María Izquierdo, David Alfaro Siqueiros, Salvador Novo y Lupe Vélez. Fue entre 1921 y 1924 cuando Nahui Olin alcanzó su periodo más prolífico en la creación artística y poética.
Activismo, Intelecto y la Lucha por la Libertad
Más allá de su faceta artística, Carmen Mondragón fue una feminista pionera y una activista incansable. Influenciada por pensadoras como Mary Wollstonecraft, formó parte del grupo “Las siete cabritas”, que dinamizó la vida cultural mexicana entre 1920 y 1930. Fue una de las dos únicas mujeres integrantes de la Unión Revolucionaria de Obreros, Técnicos, Pintores, Escultores y Similares, demostrando su compromiso con las causas sociales.
En 1935, su espíritu combativo la llevó a fundar la Liga Feminista de Lucha contra las toxicomanías. También se unió a otros grupos feministas que demandaban derechos fundamentales para las mujeres: el voto, la igualdad legal, la integración de las mujeres indígenas, el acceso a la educación y al trabajo con apoyo a la maternidad, y el derecho a poseer tierras. Nahui Olin no solo pintaba y escribía; vivía y luchaba por un mundo más equitativo, rompiendo tabúes sobre la sexualidad femenina y la libertad individual.
Los Últimos Años: El Crepúsculo de una Estrella
Después de su intensa relación con el Dr. Atl, Nahui Olin continuó su camino. Conoció al caricaturista Matías Santoyo y viajó a Hollywood, donde se enfrentó críticamente al papel sexual de la mujer en el cine. Ya con cuarenta años, inició una nueva relación con el capitán Eugenio Agacino, con quien viajó a Cuba, España y Francia, participando en exposiciones y dedicándose a la pintura y al piano. La muerte de Agacino marcó un punto de inflexión en su vida, llevándola a retirarse progresivamente de la vida pública para dedicarse casi exclusivamente al arte y la escritura.
Durante esta etapa, publicó Energía Cósmica (1930), un libro que combinaba poesía, reflexiones y audaces asertos científicos que desafiaban la teoría de la relatividad de Einstein, demostrando su profunda curiosidad intelectual y su pensamiento transgresor. En sus últimos años, Nahui Olin enseñó pintura en una escuela primaria y disfrutó de una beca de Bellas Artes.
Sin embargo, la cruda verdad es que el esplendor de Nahui Olin se apagó progresivamente. Durante los años 70, la que una vez fue musa y protagonista de la vida cultural mexicana, vivió en la ruina y el olvido. Caminaba por las calles del Centro Histórico de la Ciudad de México, a veces desaliñada y hablando sola. La luz que irradiaba al bailar el Charleston, el “sol de movimiento” que la definía, ya no quedaba. El 23 de enero de 1978, Nahui Olin falleció rodeada únicamente por los tres perros y ocho gatos que le hacían compañía en su antigua mansión familiar en Tacubaya, ahora convertida en un edificio de departamentos. Murió en el anonimato, sin esquelas, grandes ceremonias o anuncios en los periódicos, un final melancólico para una vida tan deslumbrante.
Un Legado Rescatado del Olvido
Afortunadamente, la historia de Nahui Olin no se perdió por completo en las arenas del tiempo. El restaurador de arte Tomás Zurián y el escritor Carlos Monsiváis, intrigados por esta misteriosa mujer, se propusieron rescatar su memoria y su obra. Gracias a sus esfuerzos, los famosos ojos verdes de Nahui, inmortalizados por Diego Rivera y Edward Weston, fueron recuperados de ser borrados de la historia del siglo XX mexicano. A partir de 1992, su obra comenzó a ser catalogada y estudiada, devolviéndole el lugar que merecía.
Hoy, la leyenda de Nahui Olin sigue viva, como la luz de una supernova que, aunque se apagó, dejó un rastro brillante. En 2017, se anunció el rodaje de una película sobre su vida, dirigida por Gerardo Tort y con guion de él mismo y Marina Stavenhagen, titulada Nahui, La musa olvidada, con Tessa Ia, Irene Azuela y Delia Casanova interpretando a Nahui en diferentes etapas de su vida, lo que demuestra el renovado interés por su figura y su innegable impacto cultural.
Preguntas Frecuentes sobre Nahui Olin
¿Quién fue el padre de Carmen Mondragón?
El padre de Carmen Mondragón fue el general Manuel Mondragón. Su figura fue controvertida en la historia de México, ya que se le consideró un traidor por aliarse con Victoriano Huerta para derrocar al gobierno de Francisco I. Madero, lo que le valió el exilio en Europa.
¿Cómo cambió la vida de Carmen Mondragón en sus últimos años?
En sus últimos años, la vida de Carmen Mondragón, o Nahui Olin, cambió drásticamente. De una vida de esplendor artístico y bohemio, pasó a vivir en la ruina y el olvido. Caminaba por las calles del Centro Histórico de la Ciudad de México, a menudo descuidada y hablando sola, perdiendo el brillo y la vitalidad que la caracterizaron. Falleció en el anonimato, rodeada solo por sus mascotas en su antigua mansión familiar.
¿Quién fue el novio de Carmen Mondragón?
Carmen Mondragón tuvo varias relaciones significativas a lo largo de su vida. Su primer esposo fue el pintor Manuel Rodríguez Lozano. Sin embargo, su relación más duradera e intensa fue con el muralista Gerardo Murillo, conocido como Dr. Atl, quien también le dio el seudónimo de Nahui Olin. Posteriormente, tuvo relaciones con el caricaturista Matías Santoyo y el capitán Eugenio Agacino, con quien viajó extensamente.
¿Dónde están los restos de Carmen Mondragón?
Los restos mortales de Carmen Mondragón descansan en el Panteón Español de la Ciudad de México, específicamente en el cuartel "Y", fosa 503. Está sepultada junto con su hermano y su sobrina, en un lugar que contrasta con el olvido en el que vivió sus últimos días.
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