24/04/2022
La curiosidad sobre las diferencias entre el calzado masculino y femenino es tan antigua como la moda misma. Para comprender verdaderamente cómo estas distinciones se establecieron y evolucionaron, es fundamental mirar hacia atrás, a épocas donde la indumentaria no solo vestía el cuerpo, sino que dictaba el estatus, la personalidad y el poder. Un período particularmente revelador es el del siglo XVII, bajo el reinado de Luis XIV, donde Francia no solo ejercía una influencia política inmensa, sino que se convertía en el epicentro indiscutible de la moda en Europa.

- El Esplendor de la Moda en la Corte del Rey Sol
- La Evolución del Calzado: Distinciones Masculinas y Femeninas en el Siglo XVII
- La Indumentaria Femenina en Versalles: Un Marco para el Calzado
- El Peinado: Un Elemento Clave en la Estética de la Corte
- Preguntas Frecuentes sobre la Moda del Siglo XVII y el Calzado
El Esplendor de la Moda en la Corte del Rey Sol
Durante el siglo XVII, la moda francesa se erigió como un faro, irradiando su influencia por todo el continente. La personalidad arrolladora de Luis XIV se manifestó en cada esfera de la vida, y ninguna fue tan palpable como en la indumentaria. Las particularidades que hasta entonces habían distinguido el traje en diferentes países se desvanecieron, sucumbiendo al avance imparable de la moda gala. Las múltiples órdenes y prohibiciones dictadas contra su propagación resultaron inútiles; el traje de la sociedad europea se uniformó, mostrando una Europa completamente afrancesada por la herencia transmitida desde el soberano francés. La corte de Versalles se convirtió en el epicentro de esta revolución estilística, expandiéndose desde la sociedad parisina hasta las demás naciones, tal como señaló Caraccioli al hablar de la Europa afrancesada.
Las "Pandoras": Embajadoras de la Moda Francesa
La asimilación de la indumentaria, la etiqueta y las fiestas de disfraces francesas por parte de la sociedad europea fue progresiva, nutriéndose del espíritu versallesco. El apogeo de la corte de Versalles era tal que incluso grupos aristocráticos ingleses se inspiraban en modelos franceses, no solo en la vestimenta, sino también en objetos lujosos como joyas, terciopelos, sederías, encajes y cintas. Un fenómeno notable que surgió a mediados del siglo XVII fue el envío mensual desde París a Londres de dos maniquíes completamente vestidos a la última moda. Estos maniquíes eran conocidos como las “grandes Pandoras”, vestidas con traje de gala, y las “pequeñas Pandoras”, con traje de diario. Este valioso testimonio, incluso mencionado por Madame de Sévigné, que enviaba este tipo de muñecas a su hija para mantenerla al tanto de la moda y los peinados cortesanos, demuestra la ingeniosa forma en que la moda de la Francia de Luis XIV se exportaba a toda Europa. Estas muñecas, que a menudo cruzaban el continente para ser vistas por otros monarcas, tenían la mitad de la talla de una persona y replicaban fielmente los estilos de la corte versallesca.
La Evolución del Calzado: Distinciones Masculinas y Femeninas en el Siglo XVII
Para completar la suntuosa vestimenta de la época, el calzado revestía una importancia considerable. Curiosamente, al inicio del período, los zapatos femeninos eran completamente iguales que el calzado masculino, aunque los hombres tenían la prerrogativa de llevar tacones de mayor altura. Sin embargo, la chinela se consolidó como el zapato femenino por excelencia durante los años cincuenta y sesenta del siglo XVII. Este zapato evolucionó con el tiempo, adornándose con hilos de plata y, en ocasiones, prescindiendo del talón, con el objetivo de proporcionar comodidad a las damas que debían soportar largas horas de ceremonias en Versalles, ataviadas con pesados vestidos y elaborados peinados.
El tacón, que antes era una característica más discreta, se convirtió en un elemento permanente en el calzado, y tanto hombres como mujeres comenzaron a exhibir zapatos de tacón alto. Este nuevo sentido de elevación, posibilitado por el tacón, se alineaba perfectamente con el espíritu barroco del siglo XVII, alterando la postura y adoptando las floreadas líneas y maneras afectadas del período, como bien señaló Geoffrey Squire.
Fue a medida que avanzaba el siglo XVII cuando las formas del calzado comenzaron a diferenciarse de manera más marcada. Los zapatos femeninos adoptaron un diseño más sencillo en comparación con las suntuosas creaciones que lucían los hombres. Según Bárbara Rosillo, historiadora del arte y especialista en moda francesa, la sofisticación en la corte versallesca llegó a su punto álgido cuando los pintores de la corte comenzaron a decorar los tacones: con escenas de batalla para los hombres y con motivos florales para las mujeres. Esta práctica marcó una distinción artística y simbólica clara entre el calzado de ambos géneros, reflejando roles y estéticas específicas.
Tabla Comparativa: Calzado en la Época de Luis XIV
| Característica | Calzado Masculino | Calzado Femenino |
|---|---|---|
| Diseño Inicial | Similar al femenino | Similar al masculino |
| Altura del Tacón | Podían llevar mayor altura | También usaban tacón alto |
| Diseño Post-Diferenciación | Creaciones más suntuosas | Diseño más sencillo |
| Decoración del Tacón | Escenas de batalla | Motivos florales |
| Zapato Femenino Destacado | N/A | La chinela (con o sin talón, adornada) |
La Indumentaria Femenina en Versalles: Un Marco para el Calzado
La moda femenina nacida en la segunda mitad del largo reinado de Luis XIV mantuvo escasas variantes durante cuarenta años, marcando la transición del siglo XVII al XVIII. Esta estabilidad se atribuye en gran medida a la seriedad de criterio de Madame de Montespan, la favorita del Rey Sol, quien decidía en la corte francesa. La indumentaria de la corte alcanzó un nivel insuperable de esplendor. Desde 1661 hasta 1739, Francia fue el modelo para el resto de las monarquías europeas. Aunque el acceso a la corte estaba permitido a todos los súbditos, era imperativo ataviarse de forma apropiada para eventos como coronaciones, bodas y bailes. Estos eventos implicaban enfundarse el vestido de ceremonia, un conjunto que podía tener un costo equivalente al de un pequeño castillo.
Un ejemplo representativo es el retrato de Pierre Mignard de La Reina María Teresa y su hijo, el gran Delfín (1665). Este vestido, confeccionado por modistas personales de la corte, estaba formado por el bustier, la falda y la cola. El corpiño, con ballenas, aplastaba el cuerpo, dejando ver el pecho y forzando la posición de los hombros hacia atrás, recordando los extremos planos del traje formal español. Los colores empleados eran el rojo, blanco y negro, tradicionales antes de la revolución, y se mantuvieron en la indumentaria del Delfín, ilustrando la práctica de vestir a los niños pequeños con faldas. La reina se adornaba con preciosas perlas naturales y plumas de avestruz, que daban un toque exótico al vestido. Los adornos y la suntuosa tela del traje no solo señalaban el estatus, sino que lo hacían extremadamente pesado; las faldas a menudo llevaban pesas y las sedas se tejían con hilos de plata y oro. María Teresa también llevaba una máscara en la mano derecha, tanto para protegerse del sol como para referenciar la ópera y el ballet de la corte, donde cada actuación era una oportunidad para que el público mostrase su riqueza y estatus a través de la indumentaria.

La Duquesa de Montpensier, una mujer conservadora y voluminosa, prefería su vestido de ceremonia a la ropa más informal que apareció en 1678. Esta nueva indumentaria adaptaba una elaborada bata interior abierta por delante como prenda exterior, que se llevaba sobre una falda, un corpiño y un petillo de seda bordada, revolucionando la corte de Versalles y suavizando la silueta femenina, como se aprecia en el retrato de Gilbert de Sève. La importancia de la indumentaria femenina radicaba en la suntuosidad de la elección de los tejidos; según la ocasión, las prendas llevaban bordados, ribetes de encajes y joyas, o eran de paños más sencillos para actividades como la caza.
El retrato de Madame de Maintenon (1694) la muestra con un carácter reservado y autoritario, vestida con un traje suelto y una capa de armiño. Gracias a ella, la corte de Versalles perdió parte de su fastuosidad, volviéndose más austera. Los trajes de las damas se hicieron más sueltos y de líneas más vaporosas. Así, desde finales del siglo XVII, el vestido representó la identidad pública y el poder de expresión de un nuevo patrón de consumo, dictando la revolución de la imagen cotidiana y siendo el paradigma del lujo y la ostentación durante el reinado del Rey Sol. Elisabeth Charlotte del Palatinado (1713) vestía de manera similar a Madame de Maintenon, cubierta de artículos de lujo: capa de armiño, tela dorada con motivos florales, mangas blancas de encaje, y su famoso 'palatine' o pequeño chal negro, bautizado en su honor.
El Peinado: Un Elemento Clave en la Estética de la Corte
En el ámbito del peinado, destaca Marie-Angélique, Duquesa de Fontanges, amante del rey y responsable apócrifa de revolucionar el peinado en Versalles. En la década de 1670, las cortesanas comenzaron a levantarse el pelo por detrás para recogerlo sobre la frente, sujetándolo a un armazón de alambre denominado 'commode'. La Duquesa de Fontanges aseguró su popularidad cuando su peinado se deshizo mientras montaba a caballo y sujetó el pelo con un lazo de liga. Al rey le encantó, y así nació un nuevo peinado en el que lazos y pelo se enrollaban sobre su armazón, dando su nombre al peinado resultante: una alta construcción de rizos y una cofia de puntilla almidonada, conocida como la Fontanges. Este peinado cruzó rápidamente el Canal y fue uno de los ejemplos más tempranos de la incorporación de la moda francesa de Luis XIV en Inglaterra, donde se conoció como “torre”.
Los figurines de Nicolas Bonnart muestran la vestimenta de las damas de Versalles, complementada con ricas joyas como perlas o diamantes, destacando la profusión de encaje utilizado para adornar el vestido y el alto peinado Fontanges, que también llevaba encaje. A lo largo del siglo XVII, la silueta de la mujer fue moldeada por prendas de ropa interior como la cotilla y el guardainfante, aunque estas se establecieron antes del reinado de Luis XIV.
En los últimos años del siglo XVII, el peinado Fontanges y los suntuosos vestidos de la corte se mantuvieron. Al inicio del siglo XVIII, la corte de Luis XIV adquirió un gran prestigio en moda, arquitectura y pintura. No obstante, Versalles había dejado de ser la corte de un joven monarca ávido de placer para convertirse en una vieja monarquía, cuyos pensamientos se volvían cada vez más piadosos. Madame de La Vallìere y Madame de Montespan habían sido reemplazadas por la devota Madame de Maintenon, y este cambio se reflejó incluso en la indumentaria de la corte. Aunque los tejidos seguían siendo ricos, las líneas sueltas y sencillas de los primeros trajes dieron paso a un nuevo ideal de decoro. Los peinados aumentaron en altura, acentuando el efecto de verticalidad, y la peluca ganó importancia a principios del siglo XVIII. Las mujeres, en general, no usaban peluca, pero se empolvaban el cabello y a veces añadían rizos postizos en la parte posterior de la cabeza.
Preguntas Frecuentes sobre la Moda del Siglo XVII y el Calzado
- ¿Cómo se propagaba la moda francesa en Europa durante el siglo XVII?
- La moda francesa se difundía principalmente a través del prestigio de la corte de Versalles y por el envío de maniquíes vestidos a la última moda, conocidos como las “pequeñas y grandes Pandoras”, desde París a otras cortes europeas.
- ¿Cuál era el zapato femenino más destacado en la corte de Luis XIV?
- La chinela fue el zapato femenino por excelencia durante los años cincuenta y sesenta del siglo XVII. Era un tipo de calzado que, en ocasiones, podía ir sin talón y se adornaba con hilos de plata, buscando la comodidad de la dama.
- ¿Cuándo comenzaron a diferenciarse los diseños de zapatos masculinos y femeninos?
- Aunque inicialmente los zapatos masculinos y femeninos eran muy similares en diseño, a medida que avanzaba el siglo XVII, las formas comenzaron a diferenciarse. Los diseños femeninos se volvieron más sencillos en comparación con las creaciones más suntuosas que llevaban los hombres.
- ¿Cómo se decoraban los tacones en la corte versallesca para hombres y mujeres?
- Según la historiadora Bárbara Rosillo, los pintores de la corte decoraban los tacones con escenas de batalla para los hombres y con motivos florales para las mujeres, lo que representaba la máxima sofisticación en el calzado de la época.
- ¿Quién fue Madame de Maintenon y cómo influyó en la moda de la corte?
- Madame de Maintenon fue la segunda esposa de Luis XIV. Su influencia llevó a la corte de Versalles a perder parte de su fastuosidad, volviéndose más austera, lo que se reflejó en trajes femeninos más sueltos y de líneas más vaporosas.
- ¿Qué era el peinado “Fontanges”?
- El peinado “Fontanges” era una alta construcción de rizos y una cofia de puntilla almidonada, popularizado por la Duquesa de Fontanges. Consistía en levantar el pelo y sujetarlo a un armazón de alambre, a menudo adornado con lazos, y se convirtió en una tendencia clave de la época.
En conclusión, el estudio de la moda en la corte de Luis XIV nos revela no solo la opulencia y el poder de una época, sino también cómo elementos aparentemente menores como el calzado comenzaron a adquirir identidades de género distintas. Desde la chinela hasta los tacones decorados con escenas de batalla o motivos florales, cada detalle contribuía a la construcción de una imagen que, aunque en constante evolución, sentó las bases para las diferencias que hoy en día consideramos inherentes al calzado masculino y femenino. Fue un período de gran creatividad y distinción, donde la moda, en todas sus facetas, era un testimonio vivo de la sociedad y sus aspiraciones.
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