09/05/2022
Desde hace mucho tiempo, una creencia popular ha arraigado en el imaginario colectivo limeño: la idea de que la capital peruana no fue tomada por asalto por el ejército chileno en enero de 1881, durante la Guerra del Pacífico, gracias a la acción decidida y valerosa del Vice-Almirante Abel Bergasse du Petit-Thouars, jefe de la División Naval de Francia en el Pacífico. Se dice que este almirante francés habría llegado al Callao siguiendo un supuesto llamado sobrenatural y habría advertido a las autoridades militares chilenas que se las verían con él si atacaban Lima, salvando así la ciudad de una destrucción segura. Sin embargo, si bien la participación de Petit-Thouars fue crucial, la historia real es mucho más compleja y matizada, revelando un esfuerzo coordinado de varias potencias neutrales para proteger sus propios intereses y, por extensión, la integridad de la ciudad.

Este artículo busca contrastar esa imagen popular con datos provenientes de informes oficiales de la época, para ofrecer una visión más realista y completa de la actuación que tuvieron oficiales navales y representantes diplomáticos de potencias neutrales en los días previos a la ocupación de Lima. La salvación de la capital fue el resultado de una conjunción de factores y la colaboración de múltiples actores internacionales, cuyo interés primordial era proteger las vidas e intereses de sus nacionales residentes en Lima.
- El Contexto Histórico: La Guerra del Pacífico y los Intereses Neutrales
- El Viaje Inesperado del Almirante Petit-Thouars a Lima
- Las Iniciativas Británicas y la Colaboración Internacional
- Negociaciones Críticas: La Tregua Rota y la Rendición de Lima
- Factores Clave en la Salvación de Lima: Más Allá del Héroe Solitario
- Preguntas Frecuentes sobre la Intervención Neutral en Lima
El Contexto Histórico: La Guerra del Pacífico y los Intereses Neutrales
El estallido de la Guerra del Pacífico a principios de 1879 no solo convulsionó la región sudamericana, sino que también atrajo la atención de diversas potencias europeas y americanas. Francia, Gran Bretaña, Italia, Estados Unidos y Alemania, entre otras, se apresuraron a enviar buques de guerra a las costas del Pacífico. Sus objetivos eran claros: observar el desarrollo de las operaciones navales y, crucialmente, proteger a sus poblaciones y los vastos intereses económicos que tenían en los territorios de los estados en guerra.
Lima, la capital del Perú, albergaba una numerosa y diversa colonia extranjera. Los italianos eran los más numerosos, seguidos de cerca por franceses y británicos. Estos últimos, aunque menos en número que los italianos, concentraban la mayor parte de los intereses económicos y comerciales extranjeros. Hacia finales de 1880, la presencia naval neutral frente al Callao y Ancón era significativa, con tres buques británicos, tres franceses, tres italianos, dos norteamericanos y uno alemán fondeados, reflejando la magnitud de las preocupaciones internacionales.
El Viaje Inesperado del Almirante Petit-Thouars a Lima
El almirante Abel Bergasse du Petit-Thouars había estado a bordo de su acorazado Victorieuse frente al Callao desde finales de agosto de 1879 hasta mayo de 1880. Sin embargo, su misión lo llevó luego a las islas Marquesas, en Oceanía, donde Francia tenía importantes intereses en juego. Hacia finales de junio de 1880, habiendo cumplido su misión en Oceanía, Petit-Thouars emprendió el regreso hacia América del Sur, llegando a Valparaíso, Chile, el 22 de diciembre de 1880.
A su llegada, recibió órdenes de París de entregar el mando de la División Naval del Pacífico al almirante Brossard de Corbigny y regresar a Francia. Sin embargo, la fortuna –o el destino– quiso que la llegada de su sucesor se retrasara hasta mediados de enero de 1881. Consciente del inminente avance del ejército chileno hacia Lima y el peligro que corrían sus connacionales, Petit-Thouars tomó una decisión trascendental. Aprovechando el retraso de Brossard de Corbigny, zarpó de inmediato hacia el Callao el 31 de diciembre de 1880, llegando a bordo de la Victorieuse el 7 de enero de 1881. Esta decisión, aunque no estaba explícitamente en sus instrucciones, tampoco las contravenía, ya que su deber como jefe de la división naval era defender los intereses franceses donde estuvieran amenazados. Su presencia en un momento tan crítico sería, sin duda, un factor de peso en los acontecimientos que se avecinaban.

Las Iniciativas Británicas y la Colaboración Internacional
Mientras Petit-Thouars estuvo en Oceanía, las preocupaciones por la seguridad de los extranjeros en Lima eran ya palpables. El ministro plenipotenciario británico en el Perú, Sir Spenser St. John, había estado gestionando activamente la protección de las vidas e intereses de sus compatriotas. Fruto de sus comunicaciones con el Foreign Office en Londres, en septiembre de 1880, logró que el Almirantazgo británico ordenara al almirante Frederick Henry Stirling, quien se encontraba en Vancouver, regresar de inmediato al Perú. Stirling, que ya había observado las operaciones navales iniciales frente a las costas peruanas, llegó al Callao el 21 de noviembre de 1880.
Al percatarse de la inminente marcha chilena sobre Lima, el almirante Stirling convocó de inmediato a una reunión a bordo de su acorazado, el HMS Triumph, con los oficiales de mayor rango de todos los buques de guerra neutrales presentes. En esta crucial reunión participaron el capitán de navío D’Arcy (HMS Shannon, británico), el capitán de navío Chevalier (Decrès, francés), el capitán de navío Labrano (Cristoforo Colombo, italiano), el capitán de navío Von Hollen (Ariadne, alemán) y el capitán de navío Howell (Adams, estadounidense). Se acordó un plan audaz: destacar un oficial de cada nacionalidad en los dos ejércitos beligerantes. Solo el comandante alemán discrepó de esta decisión. Este acuerdo, previa autorización de los jefes de estado de los países en conflicto, permitió que oficiales como el británico Acland, el francés Le Léon, el italiano Ghiliotti y el estadounidense Mullan se unieran al ejército chileno, mientras que el británico Brenton, el francés Rotomsky, el italiano De Royck y el estadounidense Houston hicieron lo propio en el ejército peruano. Según el almirante Stirling, la presencia de estos oficiales imparciales serviría como un “medio de control para frenar excesos y atrocidades, y prevenir la destrucción de propiedades particulares y neutrales”. Esta iniciativa fue fundamental para la posterior comunicación y negociaciones.
Negociaciones Críticas: La Tregua Rota y la Rendición de Lima
Los servicios prestados por estos oficiales navales observadores fueron inestimables. Sin traicionar su posición neutral, facilitaron un vital intercambio de comunicaciones entre los beligerantes, lo que permitió entablar negociaciones cuando se consideró necesario. Esto quedó patente el 14 de enero de 1881, al día siguiente de la devastación de Chorrillos. Los ministros de Gran Bretaña, Francia y El Salvador (este último como decano del cuerpo diplomático) se reunieron en Miraflores a raíz de un llamado del dictador peruano Nicolás de Piérola. Acordaron contactar al general Manuel Baquedano, comandante en jefe del ejército chileno. El contacto fue establecido por los oficiales Brenton (británico) y De Royck (italiano), quienes fueron despachados al campamento chileno.
Baquedano recibió a los tres representantes diplomáticos en su campamento a las afueras de Chorrillos. Tras una discusión “larga y tensa”, el general chileno dio su palabra de honor de que sus fuerzas no entrarían a Lima “hasta que la ciudad tuviera oportunidad de rendirse”, acordándose una tregua hasta la medianoche. El teniente británico Brenton, en el campamento chileno, se encontró con su colega Acland, quien le suplicó que informara al ministro británico del “peligrosísimo” riesgo para mujeres y niños en Lima, advirtiendo que los chilenos, eufóricos por la victoria, podrían avanzar sin respetar vidas ni propiedades, y que la suerte de Lima podría ser idéntica a la de Chorrillos.
Lamentablemente, la tregua acordada no duró. Fue rota sorpresivamente esa misma tarde, sin que se haya podido establecer con certeza la responsabilidad, desencadenando la sangrienta batalla de Miraflores. Al término de los combates, el ministro británico St. John, acompañado del almirante Stirling, se dirigió a Palacio de Gobierno en Lima, hacia las nueve de la noche, para intentar hablar con Piérola y convencerlo de la inevitable conveniencia de la rendición de la capital para evitar una destrucción innecesaria. El ministro plenipotenciario de Francia, Edmond Domet de Vorges, y el almirante Petit-Thouars se les unieron poco después, esperando hasta las once de la noche. Pero Piérola ya había huido a la sierra.
Ante la ausencia de Piérola, los diplomáticos y almirantes decidieron tomar la iniciativa y convocaron de inmediato a don Rufino Torrico, el alcalde de Lima, con el mismo fin. Nuevamente, el británico Brenton y el italiano De Royck –en compañía del secretario de Petit-Thouars, Roberjot– fueron despachados al campamento chileno para concertar una nueva entrevista con el general Baquedano. Regresaron a las seis de la mañana con un “informe amenazador” que reflejaba la negativa chilena, pero una hora más tarde, Brenton regresó con un mensaje más contundente de Baquedano: “después de la traición de los peruanos, consideraba justificado bombardear la ciudad ese mismo día a menos que se rindieran de manera absoluta”.

A pesar del tono “amenazador” de la respuesta chilena, la reunión entre Rufino Torrico y el general Baquedano se produjo a las 2 de la tarde del 16 de enero. Acompañaron al alcalde de Lima no solo los ministros de Francia y Gran Bretaña, sino también los tres jefes navales: Stirling, Petit-Thouars y Labrano. Su presencia, como consigna el ministro británico, era “en caso que se hiciera necesaria una declaración verbal de sus intenciones”, lo que implicaba una tácita, pero poderosa, demostración de fuerza e intención. La reunión fue breve, y se logró concertar rápidamente la rendición incondicional de Lima. En esta oportunidad, los chilenos “se comportaron bien”, según St. John, acordando diferir su entrada por 24 horas y enviar solo 3000 hombres seleccionados. Se convino que el Ejército peruano sería desarmado y desmovilizado. Por su parte, Petit-Thouars consignó en su informe que, al anunciar a los chilenos que los acompañarían en las conferencias, él y el almirante Stirling esperaban “producir una cierta presión sobre ellos, sin formular amenazas”, una estrategia que consideraron “bien inspirada”.
Factores Clave en la Salvación de Lima: Más Allá del Héroe Solitario
Lima, que parecía destinada a correr la misma suerte que Chorrillos, Barranco y Miraflores –localidades que sufrieron una devastadora destrucción–, se salvó por una compleja conjunción de varios factores interrelacionados. No fue la acción solitaria de un héroe, sino el resultado de un esfuerzo concertado y estratégico.
En primer lugar, la considerable cantidad de extranjeros residentes en la capital peruana jugó un papel vital. La protección de sus vidas y propiedades era una prioridad para sus respectivas naciones. En segundo lugar, la determinación y el trabajo incansable del cuerpo diplomático acreditado en el Perú, particularmente los ministros de Gran Bretaña y Francia (Sir Spenser St. John y Edmond Domet de Vorges, respectivamente), fue fundamental. Estos diplomáticos, junto con los jefes de las escuadras navales de ambas potencias y de la italiana (Almirante Stirling, Almirante Petit-Thouars y Comandante Labrano), actuaron de manera coordinada para defender los intereses de sus nacionales. Su presencia unida y su capacidad para concertar negociaciones con el comando chileno ejercieron una presión considerable.
Finalmente, el hecho mismo de que las tres localidades peruanas mencionadas ya hubieran sido destruidas sirvió como un claro y sombrío presagio de lo que podría ser el destino de Lima. Esta brutal realidad reforzó la urgencia y la determinación de las potencias neutrales para evitar una repetición de tales atrocidades en la capital, donde las vidas y propiedades extranjeras eran mucho más numerosas y valiosas.
La iniciativa del almirante británico Stirling de colocar observadores militares neutrales en ambos ejércitos beligerantes facilitó enormemente el intercambio de comunicaciones, un canal vital para las negociaciones. Las dos reuniones cruciales de los representantes del cuerpo diplomático con el jefe del ejército chileno –primero para negociar una tregua antes de la batalla de Miraflores, y luego para acordar la rendición y ocupación pacífica de Lima– fueron concertadas precisamente por intermedio de estos observadores militares. El apoyo firme y determinado de los jefes de las tres escuadras mencionadas resultó fundamental para persuadir a las autoridades militares chilenas de la conveniencia de evitar en Lima la repetición de actos de destrucción arbitraria que habían tenido lugar en Chorrillos, Barranco y Miraflores.
Preguntas Frecuentes sobre la Intervención Neutral en Lima
- ¿Dónde se encuentra la avenida Petit Thouars?
- La información proporcionada para este artículo no especifica la ubicación de la avenida Petit Thouars. Este artículo se centra en el papel histórico del almirante durante la Guerra del Pacífico y los eventos que llevaron a la ocupación de Lima.
- ¿Qué amenazaron los almirantes du Petit Thouars y Stirling?
- Según los informes, los Almirantes Du Petit Thouars (Francia) y Frederick Henry Stirling (Gran Bretaña) amenazaron con destruir la flota chilena si el general Baquedano no respetaba la propiedad de los neutrales residentes en Lima. Esta advertencia fue un factor importante para la seguridad de los intereses extranjeros.
- ¿Qué participación tuvo Petit-Thouars para evitar que Lima sea tomada violentamente?
- El Vice-Almirante Abel Bergasse du Petit-Thouars tuvo una participación crucial, pero no fue un héroe solitario. Su acción se enmarcó dentro de un esfuerzo coordinado y decidido junto con su colega británico, el almirante Frederick Henry Stirling, el comandante italiano Labrano, y los ministros plenipotenciarios de Gran Bretaña y Francia. Juntos, ejercieron presión diplomática y naval para evitar que Lima fuera tomada por asalto y para proteger las vidas e intereses de sus nacionales, contribuyendo así a la rendición pacífica de la capital.
- ¿Cuál era el interés primordial de Francia e Inglaterra en esta situación?
- El interés primordial de Francia e Inglaterra, así como de otras potencias neutrales, era ante todo proteger las vidas e intereses de sus nacionales residentes en Lima y sus propiedades. Aunque esta acción indirectamente benefició a la ciudad al evitar su destrucción, su motivación principal era la salvaguarda de sus propios ciudadanos y activos económicos.
- ¿Quiénes fueron los otros actores clave junto a Petit-Thouars en la salvación de Lima?
- Junto a Petit-Thouars, los actores clave incluyeron al Almirante Frederick Henry Stirling (Gran Bretaña), el Comandante italiano Labrano, el ministro plenipotenciario británico Sir Spenser St. John, y el ministro plenipotenciario francés Edmond Domet de Vorges. Además, los oficiales militares neutrales destacados como observadores en ambos ejércitos jugaron un papel vital en la comunicación y negociación entre los beligerantes.
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