07/02/2022
La historia está llena de figuras cuyas acciones, envueltas en el misterio y el debate, marcan un antes y un después en el destino de ciudades y naciones. Una de estas figuras es, sin duda, el contralmirante francés Abel-Nicolas-Georges-Henri Bergasse du Petit-Thouars, un marino cuya presencia en las costas de Sudamérica durante la fatídica Guerra del Pacífico se ha convertido en un pilar fundamental de la memoria histórica peruana. Nacido en Bordeaux-en-Gâtinais, Loiret, el 23 de marzo de 1832, y fallecido en Tolón el 14 de mayo de 1890, Du Petit Thouars fue un oficial naval de la Marina Francesa que, en un momento crítico, se encontró al mando de la escuadra francesa con la misión de observar el desarrollo de un conflicto que desangraba a Perú, Bolivia y Chile.

Su nombre resuena con especial fuerza en Lima, la capital peruana, donde se le considera un héroe que, mediante una audaz intervención, habría evitado la destrucción total de la ciudad a manos del ejército chileno. Sin embargo, como ocurre con muchos episodios trascendentales, la narrativa de sus acciones está matizada por diferentes perspectivas historiográficas, ofreciendo un fascinante panorama de diplomacia, fuerza y la siempre compleja interpretación de los hechos. Este artículo busca desentrañar la figura del contralmirante, explorando las diversas facetas de su participación y el legado que dejó en una de las páginas más dramáticas de la historia sudamericana.
- Un Marino de Francia en Aguas Sudamericanas
- La Reunión de Almirantes Neutrales y la Amenaza Conjunta
- La Versión Peruana: El Ultimátum que Salvó a Lima
- La Perspectiva Chilena: Una Negociación Diferente
- El Punto en Común y las Consecuencias Inmediatas
- Teorías Adicionales y Aspectos Curiosos
- El Legado Imperecedero en el Perú
- Comparativa de Perspectivas Históricas
- Preguntas Frecuentes sobre el Contralmirante Du Petit Thouars
- Conclusión: Entre el Héroe y el Símbolo
Un Marino de Francia en Aguas Sudamericanas
Abel Bergasse du Petit Thouars no era un personaje menor en la jerarquía naval francesa. Su carrera lo había llevado a comandar importantes unidades y a representar los intereses de Francia en diversas latitudes. Su presencia en el Callao, el principal puerto de Lima, a inicios de 1881, no era casual. Las potencias europeas mantenían escuadras de observación en la región para proteger a sus ciudadanos, sus legaciones diplomáticas y sus vastos intereses económicos en medio del caos de la Guerra del Pacífico. La escuadra francesa, bajo su mando, estaba compuesta por buques de guerra modernos y bien armados, lo que le otorgaba una considerable influencia en el delicado equilibrio de poder.
La situación en enero de 1881 era desesperada para Perú. Tras las devastadoras batallas de San Juan y Miraflores, el ejército chileno se encontraba a las puertas de Lima. El recuerdo del saqueo y el incendio de Chorrillos, Barranco y Miraflores, donde se reportaron atrocidades contra civiles y propiedades, generaba un temor palpable en la capital. Los diplomáticos extranjeros, junto con los comandantes de las escuadras neutrales, se reunieron con urgencia. Su principal preocupación era la seguridad de sus connacionales y la integridad de las legaciones diplomáticas que podrían ser blanco de ataques o desmanes durante la inminente ocupación.
La Reunión de Almirantes Neutrales y la Amenaza Conjunta
Ante la gravedad de la situación, los representantes diplomáticos y los jefes de las escuadras neutrales en el Callao, entre los que se encontraban el almirante Sabrano de la fragata italiana Garibaldi, el almirante Sterling del HMS Triumph británico y, por supuesto, Abel Bergasse du Petit Thouars al mando de la corbeta blindada Victoriéuse, sostuvieron una reunión crucial en Lima. El ambiente estaba cargado de tensión y la necesidad de actuar era imperante. Tenían informes detallados sobre la brutalidad de los combates y las represalias sufridas por las poblaciones civiles en las ciudades costeras.
El consenso fue claro: no podían permitir que se repitieran tales atrocidades en Lima. Se acordó que los buques de guerra de sus respectivas armadas tendrían la autorización para intervenir y frenar cualquier desmán. El almirante Sterling, en palabras que se han registrado, expresó la determinación de la escuadra neutral: «cuando entraran a Lima... si ellos atacaban a las legaciones, los civiles o a los neutrales en general, él habría de capturar y hundir la flota». Esta declaración subraya la seriedad de la advertencia y la determinación de las potencias extranjeras de proteger sus intereses, y por extensión, la vida de los civiles y la ciudad misma.
La Versión Peruana: El Ultimátum que Salvó a Lima
Para la historiografía peruana, la figura de Du Petit Thouars se eleva a la categoría de héroe nacional. Según esta narrativa, el contralmirante francés no se limitó a la diplomacia colectiva, sino que asumió un papel protagónico y decisivo. Se dirigió directamente al comandante en jefe de las fuerzas de ocupación chilenas, el general Manuel Baquedano González, y al comodoro Galvarino Riveros Cárdenas, para entregar un ultimátum contundente.
La versión peruana sostiene que Du Petit Thouars les advirtió que debían controlar estrictamente a sus tropas y evitar nuevos saqueos, incendios o asesinatos, como los ocurridos en Chorrillos, Barranco y Miraflores entre el 13 y el 15 de enero de 1881. De no hacerlo, se vería obligado a utilizar la potente artillería de la escuadra neutral surta en el Callao para echar a pique a las naves de la escuadra chilena. El diálogo más famoso, y quizás más dramatizado, de este encuentro es el siguiente: se cree que Baquedano, ante la advertencia de no dañar la ciudad, habría afirmado: «No podré contener a mis leones», a lo que Du Petit Thouars, con aplomo, habría replicado: «Entonces yo no podré contener a mis cañones».
Este intercambio, cargado de simbolismo, representa para muchos peruanos el momento crucial en que Lima se salvó de una destrucción segura. La valentía y la firmeza del contralmirante francés son exaltadas como la razón principal por la cual la capital peruana no sufrió el mismo destino que otras ciudades. La creencia popular y gran parte de la historiografía local atribuyen a esta intervención directa la preservación del patrimonio y la vida de los limeños.
La Perspectiva Chilena: Una Negociación Diferente
La historiografía chilena, por su parte, ofrece una visión matizada, y en algunos puntos, contradictoria, de los eventos. Aunque no niega la presencia de las escuadras neutrales ni las preocupaciones diplomáticas, sí cuestiona el protagonismo exclusivo de Du Petit Thouars y la existencia del famoso ultimátum tal como se narra en Perú. Según esta perspectiva, el verdadero líder de las negociaciones y quien llevaba la batuta de las preocupaciones no era el contralmirante francés, sino el almirante británico J. M. Sterling. La principal preocupación de Sterling y, por ende, de las potencias neutrales, era la protección de los intereses extranjeros y los ciudadanos europeos, no tanto la preservación de la ciudad de Lima en sí misma, ya que esto podría haber sido interpretado como una intervención beligerante a favor de Perú.
Los historiadores chilenos afirman que, al reunirse con Baquedano, los representantes extranjeros encontraron satisfacción, ya que entre los planes del ejército chileno no estaba destruir Lima si esta presentaba una rendición incondicional. Se argumenta que el origen de la versión peruana se basa en el relato del italiano Pietro Caivano en su obra “Historia de la guerra de América entre Chile, Perú y Bolivia”, y que no existe ningún documento oficial que respalde las negociaciones directas y el ultimátum de Du Petit Thouars. Además, se señala que el propio ejército chileno, tras los desmanes de Chorrillos y Miraflores, no podía permitirse una repetición de tales actos en la capital, lo que habría generado una condena internacional aún mayor y complicado la futura ocupación y administración.

Desde este punto de vista, la preservación de Lima se debió más a una combinación de la presión diplomática general de las potencias neutrales (donde Du Petit Thouars era un actor más, no el único), la propia estrategia chilena que buscaba una ocupación ordenada y la rendición de la ciudad, y la necesidad de evitar mayores condenas por parte de la comunidad internacional. La imagen del «salvador solitario» sería, entonces, más un mito forjado por la necesidad de encontrar un héroe en tiempos de crisis que una estricta realidad histórica documentada.
El Punto en Común y las Consecuencias Inmediatas
Más allá de las diferencias en la interpretación, lo cierto es que la participación del cuerpo diplomático neutral acreditado en Lima, del cual los franceses eran parte activa, fue crucial. La posición conjunta de estas potencias, incluyendo a los italianos cuyos ciudadanos habían sido objeto de asesinatos en las jornadas precedentes, mostró una firmeza innegable. En la reunión sostenida entre el cuerpo diplomático y el General Baquedano, el almirante inglés Sterling hizo referencia a los acuerdos alcanzados por las potencias neutrales, pidiéndole que primero ingresaran a Lima tropas escogidas para evitar el saqueo, y que solo cuando estas tuvieran el control del orden, les seguiría el grueso del ejército chileno.
Es en este contexto de duda y deliberación del general chileno que, según varias fuentes, el almirante francés lanza su famoso ultimátum, que en esencia resumía el acuerdo previo de la flota de las potencias neutrales. Este momento, aunque debatido en su literalidad, sí refleja la tensión y la potencialidad de una intervención. De hecho, tras estas negociaciones, fueron los marineros de las potencias neutrales quienes desembarcaron en Lima para cuidar el orden interno y acabar con los saqueos que se producían por elementos de mal vivir en la ya derrotada ciudad. Esta acción permitió al Alcalde Torrico recuperar cierto control antes de la entrada formal de las tropas de ocupación chilenas, contribuyendo a una transición menos caótica de lo que se temía.
Teorías Adicionales y Aspectos Curiosos
La figura de Du Petit Thouars también está rodeada de anécdotas y otras teorías que, aunque no siempre con respaldo documental, añaden capas a su leyenda. Una de ellas sugiere que el general Petit Thouars, al igual que muchos otros extranjeros adinerados, poseía barcos en el Callao. Ante la amenaza de bombardeo del puerto y de Lima por parte de los chilenos, Du Petit Thouars habría dicho: «Si ustedes atacan el puerto del Callao, los extranjeros bombardeamos Chile». Esta amenaza, de ser cierta, habría añadido una capa más de presión directa sobre el mando chileno, demostrando la amplitud de su influencia y su disposición a ir más allá de la simple observación.
Otro aspecto fascinante de su historia, recogido por el testimonio de Ismael Portal, es su profunda fe religiosa. Se dice que Petit Thouars era un gran creyente en Santa Rosa de Lima, la santa patrona de la capital peruana. Estando en Valparaíso, habría sentido un llamado imperativo de acudir a Lima. Más tarde, ya en la ciudad, expresó a varios peruanos su convicción de que Santa Rosa había sido quien realmente había salvado la ciudad de ser destruida por las tropas chilenas. Este detalle, más allá de su veracidad histórica, revela la conexión emocional que el almirante pudo haber desarrollado con la ciudad y su gente, elevando su figura a un plano casi providencial en la memoria popular.
El Legado Imperecedero en el Perú
Independientemente de las controversias historiográficas, el agradecimiento del Perú hacia Abel Bergasse du Petit Thouars es innegable y se ha manifestado de diversas formas a lo largo del tiempo. La ciudad de Lima, en un gesto de profunda gratitud, nombró una de sus principales avenidas en su honor: la Avenida Petit Thouars, una arteria vial crucial que atraviesa importantes distritos de la capital. Además, se erigió un monumento significativo donde se aprecia al almirante estrechando simbólicamente la mano de la Patria, una representación alegórica del Perú que simboliza el agradecimiento de la nación a su nobleza y caballerosidad. Este monumento no solo rinde homenaje a un marino extranjero, sino que encapsula la creencia de que sus acciones fueron fundamentales para la preservación de la ciudad.
Este reconocimiento público y duradero es una clara señal de la importancia que su figura tiene en la identidad y memoria colectiva peruana. Para los limeños, Du Petit Thouars representa la esperanza en medio de la adversidad, la intervención oportuna que cambió el curso de los acontecimientos y la solidaridad internacional en momentos de extrema necesidad. Su historia se enseña en las escuelas y se transmite de generación en generación, cimentando su lugar como un protector de la capital.
Comparativa de Perspectivas Históricas
| Aspecto | Visión Peruana | Visión Chilena |
|---|---|---|
| Rol Principal de Du Petit Thouars | Héroe y salvador clave de Lima, mediante ultimátum directo. | Actor más en un esfuerzo diplomático colectivo, no el principal. |
| Existencia del Ultimátum | Real y decisivo, con diálogo famoso. | Rumor popular sin respaldo documental oficial. |
| Motivación de la Intervención | Proteger la ciudad de Lima de la destrucción total. | Proteger intereses y ciudadanos extranjeros en Lima. |
| Razón de la No Destrucción de Lima | La amenaza directa y la firmeza de Du Petit Thouars. | Rendición incondicional de Lima y planes chilenos de ocupación ordenada, sumado a presión diplomática general. |
| Liderazgo de la Negociación | Du Petit Thouars como figura central. | Almirante británico J. M. Sterling como principal negociador. |
Preguntas Frecuentes sobre el Contralmirante Du Petit Thouars
A continuación, respondemos algunas de las preguntas más comunes sobre la figura del contralmirante Abel Bergasse du Petit Thouars y su controversial papel en la Guerra del Pacífico:
- ¿Quién fue Abel Bergasse du Petit Thouars?
Fue un contralmirante de la Marina Francesa, nacido en 1832 y fallecido en 1890. Durante la Guerra del Pacífico, comandó la escuadra francesa con la misión de observar el conflicto y proteger los intereses de Francia en la región. - ¿Cuál fue su papel en la Guerra del Pacífico, especialmente en Lima?
Se le atribuye haber jugado un papel crucial en evitar la destrucción total de Lima por parte del ejército chileno en enero de 1881. Según la versión peruana, lo hizo mediante un ultimátum directo al mando chileno. - ¿Realmente salvó Lima de la destrucción?
Este es un punto de debate historiográfico. Para Perú, sí, su intervención fue decisiva. Para Chile, la no destrucción de Lima fue resultado de una combinación de factores, incluyendo la diplomacia general de las potencias neutrales y los propios planes chilenos. - ¿Por qué hay versiones diferentes de los hechos?
Las diferencias se deben a la interpretación de los documentos existentes, la ausencia de registros oficiales claros sobre ciertos eventos (como el famoso ultimátum), y la necesidad de cada nación de construir su propia narrativa histórica en torno a un conflicto tan traumático. - ¿Cómo se le recuerda en Perú?
Es recordado como un héroe y protector. En su honor, Lima tiene una de sus avenidas principales y un monumento que simboliza el agradecimiento del Perú por su intervención. - ¿Hay pruebas documentales del famoso ultimátum?
La historiografía chilena y algunos neutrales sostienen que no existen documentos oficiales que prueben el ultimátum verbal tal como se narra en Perú. La versión peruana se basa en relatos y testimonios de la época, como el del italiano Caivano, que se popularizaron. Sin embargo, lo que sí está documentado es la presión conjunta del cuerpo diplomático neutral.
Conclusión: Entre el Héroe y el Símbolo
La figura del contralmirante Abel Bergasse du Petit Thouars es un fascinante estudio de cómo la historia puede ser interpretada y reinterpretada a través del tiempo. Más allá de las particularidades y los debates sobre el alcance exacto de su intervención, su nombre permanece grabado en la memoria colectiva del Perú como el de un benefactor, un caballero que, en un momento de desesperación, se interpuso entre una ciudad y su posible aniquilación. Aunque la historiografía chilena ofrezca una visión más cauta y atribuya el resultado a un entramado más complejo de factores diplomáticos y militares, lo cierto es que la presencia de las escuadras neutrales, y la firmeza de sus comandantes, incluyendo a Du Petit Thouars, generó una presión innegable que contribuyó a un desenlace menos catastrófico para Lima de lo que se temía.
El monumento en Lima y la avenida que lleva su nombre no son solo un tributo a un marino francés, sino un símbolo de la gratitud de un pueblo y la perenne búsqueda de significado en los momentos más oscuros de su historia. Du Petit Thouars, ya sea como el héroe solitario del ultimátum o como una pieza clave en un esfuerzo diplomático colectivo, sigue siendo una figura emblemática que nos invita a reflexionar sobre el poder de la diplomacia, la influencia de las potencias extranjeras y la resiliencia de una ciudad al borde del abismo. Su historia es un recordatorio de que, incluso en la guerra más cruenta, hay acciones que trascienden el conflicto y dejan un legado de esperanza y humanidad.
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