¿Qué pasó con los campesinos zapatistas?

Campesinos Alzados: Voces del Perú del Siglo XX

01/11/2024

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El siglo XX fue un periodo de profundas transformaciones para el Perú, una nación que buscaba redefinir su identidad y su camino tras la devastadora Guerra del Pacífico. En este complejo escenario de cambios económicos, políticos y sociales, la figura del campesino, a menudo invisibilizada, emergió como un actor fundamental, cuyas luchas y aspiraciones resonaron en cada hito de la centuria. Desde la silenciosa explotación hasta los estruendosos alzamientos y la traumática violencia, la historia del campo peruano es un testimonio elocuente de la búsqueda incansable por la justicia y la tierra.

¿Qué pasó con los campesinos zapatistas?
Aunque el poder de la Convención estaba casi disuelto y el sur se encontraba prácticamente aislado, los campesinos zapatistas dieron curso a una verdadera transformación social. Para ello ha- bían luchado y ahora estaban cosechando sus frutos. Constitución de 1917 115 Triunfo de Carranza

El transcurrir del siglo XX en Perú estuvo marcado por una constante redefinición del modelo de desarrollo y de la estructura social. Tras el revés de la Guerra del Pacífico, el país se adentró en el siglo con un proyecto oligárquico fuertemente orientado a la exportación de materias primas. Este modelo, que consolidó el poder de un grupo de familias en la agricultura, minería y finanzas, comenzó a mostrar signos de agotamiento hacia finales de los años veinte. La crisis global obligó a ensayar una política económica más orientada al mercado interno, promoviendo la industrialización y diversificando las actividades económicas. Esta diversificación, a su vez, propició la consolidación de nuevos grupos sociales: una incipiente clase media, un creciente proletariado urbano y campesino, y estudiantes universitarios, todos ellos desafiando el orden establecido por la antigua clase dirigente. Surgieron nuevas doctrinas y partidos políticos, como el APRA y el comunismo, que se atrevieron a replantear preguntas fundamentales sobre la esencia del Perú, su centralismo frente al federalismo, su identidad mestiza o multicultural, y su apertura o proteccionismo económico. El Estado, en este contexto, asumió nuevos roles, impulsando el desarrollo y la integración social. La burocracia y la inversión pública crecieron, dando origen a nuevos ministerios y a la banca de fomento, un proceso que alcanzó su punto álgido durante el régimen militar de 1968 a 1975 y el gobierno aprista de 1985 a 1990. Sin embargo, a partir de los años 90, la tendencia viró hacia la privatización y la apertura al mercado mundial. Todos estos vaivenes acentuaron el centralismo limeño, una barrera persistente para el desarrollo integral y democrático del país.

Índice de Contenido

La Raíz del Malestar: La Cuestión Agraria y la Explotación Rural

Durante la llamada República Aristocrática (1895-1919), el modelo exportador se afianzó, y la agricultura, especialmente la azucarera en Chicama y la algodonera en Ica y Piura, asumió un papel dinámico. Los hacendados se convirtieron en la élite dominante, beneficiándose de la modernización de la industria y la exportación de productos como el famoso algodón Tangüis. La minería también gozó de exenciones fiscales y la expansión ferroviaria facilitó su crecimiento, especialmente en la sierra central con la llegada de la Cerro de Pasco Mining Corporation. A pesar de un notable desarrollo en la economía urbana, impulsado por la inversión de las ganancias exportadoras, la situación en el campo para la mayoría de la población rural seguía siendo precaria. El Estado, concebido como pequeño y pasivo, ofrecía pocos servicios más allá del orden, dejando la educación o la vivienda a la iniciativa privada. Los impuestos indirectos, que gravaban los artículos de consumo masivo, afectaban desproporcionadamente a los sectores más vulnerables.

El Oncenio de Leguía (1919-1930) prometió una "Patria Nueva" y un impulso desarrollista a través de vastas obras públicas. Aunque este periodo trajo modernización urbana, la financiación de estas obras, en gran parte con capital norteamericano y a través de un endeudamiento peligroso, tuvo un costo social significativo. La infame Ley de Conscripción Vial estipuló la obligatoriedad de 10 días de trabajo forzado al año en la construcción de carreteras. Esta medida, que impactó directamente en las comunidades campesinas, fue una fuente de profunda injusticia y resentimiento, forzando a miles de hombres del campo a trabajar sin remuneración, alejados de sus tierras y familias. Si bien no fue un alzamiento armado, representó una forma de explotación estatal que exacerbó las tensiones preexistentes en el ámbito rural.

El Grito de los Campesinos: Alzamientos y Represión en los Años 60

La década de los 60 fue un punto de inflexión para la cuestión agraria en el Perú. Tras el fin del odriísmo y un periodo de estabilización política bajo Manuel Prado (1956-1962), se anunció un programa de “techo y tierra” en favor de los campesinos, pero con poco éxito. La expectativa de una reforma agraria que resolviera las profundas desigualdades en la tenencia de la tierra crecía en el campo. Cuando Fernando Belaunde asumió su primer mandato en 1963, prometió una reforma agraria, invocando el recuerdo de los incas y alentando a la población a aspirar a la grandeza. Sin embargo, sus proyectos terminaron en un rotundo fracaso político debido a un Congreso opositor. La alianza entre el APRA y el odriísmo formó una mayoría parlamentaria que bloqueó cualquier intento de cambio significativo. Desvirtuaron, por ejemplo, un proyecto de reforma agraria proveniente del Ejecutivo, y aprobaron otro que ponía énfasis en la mejora técnica de la producción, y no en la tan ansiada redistribución de la tierra. Este enfoque, que favorecía a los hacendados, irritó profundamente a los campesinos. La frustración acumulada estalló. Los campesinos, sintiéndose traicionados y viendo sus esperanzas de justicia desvanecerse, comenzaron a invadir haciendas en diversas regiones del país. En la sierra sur, el descontento se radicalizó con la aparición de movimientos guerrilleros de inspiración cubana, que buscaban la transformación social por la vía armada. La respuesta del gobierno fue implacable. Al no encontrar otra solución, el Estado decidió aplastar estos movimientos y alzamientos con la máxima dureza. El resultado fue trágico y brutal: 8 mil muertos y una experiencia profundamente traumática para los más de 300 mil campesinos alzados y para los soldados que tuvieron la tarea de reprimirlos. Este episodio marcó a fuego la historia rural del Perú, evidenciando la violencia inherente a la cuestión agraria y la desesperación de un sector de la población que ya no estaba dispuesto a esperar.

La Gran Promesa: La Reforma Agraria de Velasco Alvarado

El golpe de estado de 1968, liderado por el general Juan Velasco Alvarado, abrió un capítulo inédito en la historia peruana con el establecimiento del Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas. Este régimen, con una ideología de "ni capitalista ni comunista", se propuso abolir las desigualdades y sentar las bases para un desarrollo más justo. Una de las claves de su proyecto fue la radical Reforma Agraria de 1969. Todos los grandes latifundios, sin importar su productividad, fueron expropiados. La medida se implementó primero en las mecanizadas plantaciones de la costa norte y central, que se colocaron bajo la administración de cooperativas de trabajadores. En la sierra, la idea inicial de crear pequeñas y medianas granjas pronto cedió a las demandas campesinas de organizar también cooperativas. Hacia 1975, tres cuartas partes de la tierra productiva del país estaban gestionadas por estas asociaciones. Este fue un intento ambicioso y sin precedentes de resolver la histórica cuestión agraria que había sido el motor de los alzamientos y la violencia en el campo.

Además de la reforma agraria, el régimen velasquista creó el Sistema de Apoyo a la Movilización Social (SINAMOS) en 1971, con el objetivo de vincular al gobierno con las organizaciones campesinas y obreras, aunque en la práctica, fue un método para manipular a las masas en beneficio de la dictadura. SINAMOS también abordó el problema de las barriadas que crecían alrededor de Lima y otras ciudades, donde vivían cientos de miles de migrantes, muchos de ellos campesinos que habían llegado del campo en busca de oportunidades. La "solución" incluyó la creación de los "pueblos jóvenes" y la entrega de títulos de propiedad a los recién llegados, reconociendo la nueva realidad urbana forjada por la migración rural. Aunque el modelo de organización y movilización de Velasco buscaba reducir el conflicto social y sentar las bases para la industrialización, su autoritarismo y la creciente resistencia interna, sumada a una economía en declive, terminaron por colapsar el régimen.

El Campo Atrapado: Terror y Violencia en los Años 80

El retorno a la democracia en 1980, con la reelección de Fernando Belaunde, no trajo la estabilidad esperada para las zonas rurales. La década de los ochenta se vio marcada por el surgimiento de fenómenos dramáticos que impactaron profundamente en la vida campesina: el terrorismo y el narcotráfico. Sendero Luminoso, un movimiento maoísta surgido en los años 70, inició su guerra contra el Estado desde la sierra de Ayacucho, proponiendo una utopía igualitaria que, en la práctica, se tradujo en una brutal violencia. Asaltaban pueblos, asesinaban autoridades y mantenían un absoluto secreto sobre su estructura interna. Tras lamentables titubeos, el gobierno de Belaunde ordenó una ofensiva militar que, si bien buscaba contener la subversión, dejó una peligrosa huella de represión brutal y violaciones a los derechos humanos. Sendero Luminoso no se amilanó, extendiéndose por otras provincias hasta llegar a Lima. Posteriormente, el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) también se sumó a la espiral de violencia.

Las comunidades campesinas se encontraron atrapadas en medio de este conflicto armado, sufriendo la brutalidad tanto de los grupos subversivos como de la represión estatal. Las "matanzas en la sierra" se convirtieron en una lamentable realidad, y la población estaba agotada por la violencia, la pobreza y la hiperinflación. La cifra de más de 20 mil muertos a nivel nacional durante este periodo, aunque no exclusivamente campesinos, refleja el inmenso costo humano de esta guerra interna, que afectó desproporcionadamente a las poblaciones rurales más vulnerables y desatendidas. El campo, que había sido escenario de alzamientos por la tierra y de una ambiciosa reforma, se convirtió ahora en un epicentro de terror y desolación, un trágico final para las esperanzas de justicia social.

Un Legado Complejo: La Lucha Campesina hacia el Siglo XXI

La historia de los campesinos peruanos en el siglo XX es una crónica de resiliencia, lucha y sacrificio. Desde la explotación de la República Aristocrática y el trabajo forzado de la Ley de Conscripción Vial, pasando por los alzamientos y la brutal represión de los años 60, hasta la radical, pero autoritaria, Reforma Agraria de Velasco y el horror del terrorismo en los 80, el campo fue un epicentro de los grandes dilemas nacionales. Los "campesinos alzados" de la década de 1960 no solo representaron un grito desesperado por la tierra y la justicia, sino que también forzaron al Estado a reconocer la imperiosa necesidad de transformar una estructura agraria feudal. Aunque la Reforma Agraria de Velasco buscó remediar esta situación, su implementación autoritaria y las limitaciones económicas no lograron erradicar completamente las profundas desigualdades y la pobreza rural. La posterior irrupción del terrorismo sumió a muchas comunidades campesinas en una tragedia incalculable, desdibujando las conquistas obtenidas y dejando un legado de desconfianza y desesperanza.

A finales del siglo XX, el Perú se había transformado de una nación mayoritariamente rural a una predominantemente urbana y costeña, un cambio impulsado en gran parte por la masiva migración del campo a la ciudad. Sin embargo, la cuestión agraria, aunque ya no con la misma intensidad de alzamientos masivos, sigue siendo un desafío pendiente. Los valores democráticos, el orden institucional y una economía de mercado más competitiva y redistributiva, aún necesitan profundizarse para asegurar un desarrollo integral que incluya y beneficie a todos los peruanos, especialmente a aquellos que aún viven en las olvidadas zonas rurales.

Tabla Comparativa: Enfoques sobre la Cuestión Agraria en el Siglo XX

Periodo HistóricoPrincipal Enfoque sobre la TierraImpacto en los Campesinos
República Aristocrática (1895-1919)Modelo exportador, grandes haciendasExplotación, trabajo forzado (Ley de Conscripción Vial), poca atención a demandas rurales.
Primer Belaundismo (1963-1968)Reforma agraria limitada, énfasis técnicoFrustración por falta de redistribución, alzamientos, surgimiento de guerrillas, brutal represión estatal.
Gobierno Revolucionario de la FFAA (1968-1975)Reforma agraria radical, expropiaciónCreación de cooperativas, intento de integración, pero desde el autoritarismo.
Años 80 (Democracia y Terrorismo)Reactivación económica, pero sin reformas profundasVíctimas de la violencia subversiva y la represión estatal, agudización de la pobreza.

Preguntas Frecuentes

¿Qué detonó los alzamientos campesinos en los años 60?

La frustración por la falta de una reforma agraria efectiva que redistribuyera la tierra fue el principal detonante. El proyecto de reforma de Belaunde fue distorsionado en el Congreso, priorizando los intereses de los hacendados sobre las necesidades de los campesinos, lo que llevó a invasiones de tierras y al surgimiento de movimientos guerrilleros.

¿Cuál fue la magnitud de la represión contra los campesinos alzados?

La represión militar fue extremadamente dura. Se estima que hubo 8 mil muertos, y la experiencia fue descrita como traumática para los más de 300 mil campesinos involucrados en los alzamientos, así como para los soldados que participaron en la represión.

¿Cómo intentó el gobierno de Velasco Alvarado resolver la cuestión agraria?

El gobierno de Velasco Alvarado implementó una radical Reforma Agraria en 1969. Esta medida expropió grandes latifundios y los transformó en cooperativas o asociaciones de trabajadores, buscando abolir la desigualdad en la tenencia de la tierra y dar un nuevo rumbo al campo peruano.

¿Qué papel jugó el terrorismo en la vida de los campesinos peruanos en los años 80?

Los movimientos terroristas, como Sendero Luminoso, surgidos en zonas rurales, sumieron al campo en una espiral de violencia. Los campesinos quedaron atrapados entre la brutalidad de los subversivos y la represión estatal, sufriendo asesinatos, desplazamientos forzados y una profunda desestructuración social que agravó su situación de pobreza.

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