11/12/2021
Hace más de tres décadas, el mundo fue testigo de un evento que redefinió el panorama geopolítico: el derrumbe del «socialismo realmente existente». En pocos meses, se cumplirán treinta años de la disolución de la Unión Soviética (URSS) y, con ella, del llamado «sistema socialista de economía mundial». Este hito histórico nos invita a una reflexión profunda, especialmente si nos atenemos a un análisis marxista, sobre las contradicciones internas y los factores de crisis que marcaron a este sistema desde sus inicios y que se agravaron a medida que su estructura económica, social y política se volvía inamovible. Para el caso de Cuba, inmersa en una profunda crisis económica y con incipientes señales de una crisis política y social, este análisis cobra una relevancia particular, ofreciendo valiosas lecciones sobre los desafíos y las dinámicas inherentes a modelos económicos y políticos de esta índole.

El pensamiento socialista, desde el siglo XIX, ha ramificado en diversas vertientes, abarcando desde el comunismo hasta la socialdemocracia y el social-liberalismo. Sin embargo, la visión de Marx y Engels, fundadores del materialismo histórico, sugería que la mayoría de los sistemas socioeconómicos se gestaban en el seno de sus predecesores. Paradójicamente, y de acuerdo con esta misma teoría, el socialismo no se gestaría directamente dentro del capitalismo. Su necesidad, más bien, surgiría del desarrollo de las contradicciones inherentes a este último, en particular la tensión creciente entre el carácter cada vez más social de la producción y el carácter cada vez más privado de la propiedad. Así, Marx y Engels supusieron que el socialismo se establecería primero y de manera simultánea en los países capitalistas más avanzados. Sin embargo, la historia tomó un rumbo inesperado, desafiando estas predicciones.
Lo que ocurrió en la Rusia Bolchevique, bajo el liderazgo de Lenin y posteriormente replicado en otros países, fue un proceso radicalmente diferente. Lejos de ser el resultado de un capitalismo maduro, el socialismo fue forzado, de forma implacable, en Rusia, que era el «eslabón más débil» del capitalismo: un país económicamente atrasado, con fuertes reminiscencias precapitalistas y una población mayoritariamente agraria cuyas demandas sociales estaban lejos de la agenda socialista. Lenin, con una aguda percepción de la «situación revolucionaria», provocó el derrocamiento del gobierno provisional y la toma del poder, imponiendo una transformación radical de la sociedad rusa y un salto a un sistema socialista sin haber completado el desarrollo del capitalismo. Este modelo, consolidado bajo el régimen de Stalin y conocido como el «socialismo realmente existente» (término acuñado por Rudolf Bahro), se extendió por Europa Oriental y, con particularidades, a China, Vietnam, Laos, Corea del Norte y Cuba.
Rasgos Fundamentales del Modelo
Desde el punto de vista económico, este sistema se caracterizó por:
- La estatalización de los medios de producción fundamentales, abarcando la industria, la mayor parte de los servicios y el comercio.
- Una administración centralizada de la economía, con monopolio de la banca, el comercio exterior y el comercio mayorista y minorista, y un estricto control estatal de precios y salarios.
- La estatización y/o colectivización de la agricultura, con la notable excepción de Polonia.
- Un desarrollo estratégico enfocado desproporcionadamente en la industria pesada, incluso en naciones sin tradición industrial, lo que resultó en un subdesarrollo relativo de la industria de bienes de consumo y de la agricultura.
Políticamente, los rasgos definitorios fueron:
- El establecimiento de un sistema totalitario, basado en el monopolio del poder por parte del Partido Comunista o su equivalente, consagrado en las constituciones.
- La ausencia de democracia interna en el partido, lo que propició el carácter autoritario del grupo de poder o del líder absoluto.
- La exclusión, persecución y represión sistemática de la disidencia política, tipificada como delito.
- Un control exhaustivo sobre la vida de la sociedad en su conjunto y de los individuos en particular, ejercido por el partido y los órganos de seguridad del Estado.
El resultado de este modelo fue que la supuesta socialización de la propiedad se transformó en su estatalización. Los teóricos dueños de la «propiedad de todo el pueblo» carecían de capacidad de control democrático sobre su gestión, permaneciendo enajenados de ella, ya que era administrada por el aparato de poder sin rendir cuentas a la sociedad. La «dictadura del proletariado», concebida por Marx y Engels como una fase transitoria hacia la abolición del Estado, se convirtió en la práctica en la dictadura de un partido político o de un líder único. Lejos de un incremento incesante de la producción social que satisficiera las necesidades materiales y permitiera el desarrollo pleno de las capacidades humanas, el «socialismo realmente existente» se caracterizó por la insatisfacción persistente de las necesidades materiales y las constantes restricciones a la libertad de expresión y el pensamiento crítico.
Factores de Crisis y Colapso
El socialismo que se derrumbó en Europa Oriental y la URSS fue un sistema económico y político de una rigidez estructural que no pudo soportar una reforma profunda. A diferencia de China y Vietnam, donde se implementaron reformas económicas de gran calado que condujeron a un inmenso salto cualitativo en el bienestar material (conformando una especie de «capitalismo de Estado» sin cambios políticos democratizadores), los países del bloque soviético se mantuvieron inamovibles.
Uno de los problemas más graves fue el abismo entre el discurso oficial y la propaganda política, por un lado, y las realidades de la vida, por el otro. Esta situación resquebrajó la confianza de la sociedad en el sistema y su liderazgo, manifestándose en movimientos de protesta (Berlín 1953, Hungría 1956, Checoslovaquia 1968, Polonia 1968 y 1980-1990) que fueron reprimidos, pero que erosionaron la credibilidad del sistema hasta que, en tiempos de Gorbachov, se abandonaron los métodos represivos y se intentó la más profunda reforma.
En los años ochenta, los factores de crisis económica se agravaron. El crecimiento se ralentizó ante el agotamiento del modelo extensivo, basado en la abundancia de recursos humanos, materias primas y combustibles. El mecanismo económico fue incapaz de transitar hacia un uso intensivo y más productivo de los recursos. La centralización de las decisiones económicas cercenaba la autonomía financiera y operativa de las empresas, limitaba el emprendimiento de los gerentes y generaba la enajenación de los trabajadores, al no existir vínculos adecuados entre los ingresos y los resultados de la producción. Las empresas a menudo producían bienes de escasa calidad o inservibles, ya que la producción se basaba en indicadores directivos y no en criterios de mercado.
Los países socialistas habían gestado un sistema internacional basado en la autarquía colectiva, relativamente aislado de las condiciones internacionales. Excepto en la producción de armamentos y la carrera espacial, mostraron un considerable retraso tecnológico respecto a los países capitalistas desarrollados.
Otro factor que aceleró la crisis fue el aumento de la deuda externa. Desde los años setenta, a medida que aumentaban las relaciones económicas con países capitalistas, se profundizaron los déficits comerciales, cubiertos con endeudamiento. Estos déficits eran resultado de la incapacidad de compensar sus importaciones con bienes industriales exportables a mercados competitivos, ya que sus exportaciones se concentraban en materias primas. Cuando estalló la crisis de la deuda externa, varias naciones socialistas, incluida Cuba, se vieron expuestas a la cesación de pagos.
La economía soviética enfrentaba problemas adicionales. La política de Reagan de aumentar el gasto militar con la «Iniciativa de Defensa Estratégica» obligó a la URSS a hacer lo mismo para mantener la paridad, pero su menor capacidad productiva significaba reducir recursos de la producción industrial y agrícola, es decir, de los bienes que aseguraban las necesidades materiales de la sociedad. Esto, sumado a la aventura soviética en Afganistán y el apoyo económico a aliados con economías frágiles, creó un panorama muy complicado. La producción de bienes de consumo se ralentizó y la agricultura mostró severos indicios de crisis, llevando a un Programa Alimentario que fracasó rotundamente al no combatir los problemas estructurales del sector. El sistema político se mantuvo inamovible, reforzando los mecanismos de control y represión hasta que los intentos de reforma de Gorbachov condujeron a la necesidad de democratizar la sociedad. Los intentos de reforma previos fracasaron debido a la rigidez del sistema y la prevalencia de dogmas teóricos e intereses de grupos de poder sobre las necesidades de bienestar material y espiritual.
| Característica | Visión Marxista Original (Teoría) | Socialismo Realmente Existente (Práctica) |
|---|---|---|
| Origen | Gestación en el seno del capitalismo avanzado, simultáneo. | Imposición forzada en países atrasados, sin desarrollo capitalista pleno. |
| Propiedad | Socialización de los medios de producción (control popular). | Estatalización de los medios de producción (control burocrático). |
| Rol del Estado | «Dictadura del proletariado» transitoria, tendiendo a la abolición del Estado. | Dictadura permanente del partido o de un líder, Estado omnipresente y autoritario. |
| Desarrollo Económico | Incremento incesante de la producción social, satisfacción plena de necesidades. | Centralización, enfoque en industria pesada, escasez de bienes de consumo, ineficiencia. |
| Libertades | Libre y completo desarrollo de capacidades físicas y espirituales. | Restricciones a la libertad de expresión, represión de la disidencia, censura. |
| Relación con el Mercado | Desaparición de la anarquía del mercado, producción planificada para las necesidades. | Producción basada en directivas, no en criterios de mercado; subdesarrollo relativo. |
- ¿Qué significa el «socialismo realmente existente»?
- Es el término utilizado para describir el sistema socioeconómico y político establecido en la Unión Soviética y replicado en otros países del bloque oriental, China, Cuba, etc., que se caracterizó por la estatalización de la economía, la administración centralizada y el monopolio del poder por parte del Partido Comunista, diferenciándose de las concepciones teóricas originales de Marx y Engels.
- ¿Por qué Marx y Engels creían que el socialismo surgiría del capitalismo avanzado?
- Basados en el materialismo histórico, postularon que las contradicciones internas del capitalismo, como la creciente socialización de la producción frente a la propiedad privada, llevarían inevitablemente a una revolución que establecería el socialismo. Creían que esto ocurriría en las naciones más industrializadas, donde la clase obrera estaría más desarrollada y organizada.
- ¿Cómo se diferencia el caso de China y Vietnam del «socialismo realmente existente» que colapsó?
- Aunque ambos países adoptaron inicialmente un modelo similar, China y Vietnam implementaron profundas reformas económicas a partir de finales del siglo XX, transitando hacia economías de mercado y adoptando formas de «capitalismo de Estado». Esto les permitió un crecimiento económico significativo y una mejora del bienestar material, aunque sin una democratización política comparable a sus reformas económicas.
- ¿Cuáles fueron los principales factores económicos que contribuyeron a la crisis del «socialismo realmente existente»?
- Entre los factores clave se encuentran el agotamiento del modelo de crecimiento extensivo (basado en la movilización masiva de recursos), la incapacidad de transitar hacia un modelo intensivo y productivo, la rigidez de la planificación centralizada que limitaba la autonomía empresarial, la falta de incentivos por la desconexión entre ingresos y resultados, la producción de bienes de baja calidad y el aislamiento tecnológico, además del aumento de la deuda externa.
- ¿Qué lecciones ofrece la experiencia del «socialismo realmente existente» para países como Cuba?
- La experiencia histórica subraya la necesidad de abordar las contradicciones estructurales y la rigidez estructural de los sistemas económicos y políticos. Señala los peligros de la desconexión entre el discurso oficial y la realidad, la importancia de la autonomía y los incentivos económicos, y la presión por la democratización social y política ante la insatisfacción de las necesidades materiales y las restricciones a las libertades.
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