04/05/2023
El totumo o taparo (Crescentia cujete) ha sido un pilar fundamental en la vida de los habitantes del territorio de la actual Venezuela, desde tiempos inmemoriales. Su versatilidad y abundancia, especialmente la de sus frutos globosos que nacen directamente del tronco y las ramas, como si de un árbol de cacao se tratara, lo convirtieron en un recurso invaluable para la supervivencia y el desarrollo cultural de diversas etnias indígenas y, posteriormente, de la población criolla. Pero más allá de su uso utilitario, este árbol y su fruto dieron origen a uno de los instrumentos musicales más emblemáticos de América: la maraca, un objeto que, de lo sagrado y ritual, trascendió para convertirse en el corazón rítmico del folklore venezolano.

Inicialmente, las grandes y resistentes cáscaras de los frutos del totumo, una vez vaciadas y secadas, fueron transformadas en una amplia gama de utensilios. Agustín Codazzi, en sus observaciones, ya destacaba que «el totumo produce frutos de diversos tamaños generalmente redondos u ovales. De ellos se sirven la gente pobre y los indígenas para formar vasijas de toda especie, platos, cucharas y otros utensilios». Esta descripción subraya la importancia económica y social del totumo para las comunidades menos favorecidas, proporcionando una solución práctica y accesible a sus necesidades domésticas.
La utilidad de la tapara no se limitaba a los estratos más humildes. Gonzalo Picón Febres relata cómo «á no pocas señoritas, bastante aristocráticas, he visto yo en su casa llevando en las rosadas manecitas la rústica tapara, llena de agua del estanque». Esto demuestra que su funcionalidad trascendía las barreras sociales, siendo apreciada incluso por aquellos con mayores recursos, quizás por su frescura o por la conexión con la naturaleza. No era raro, entonces, que en el pasado, el árbol de totumo fuera un elemento indispensable en el patio de cualquier hogar, supliendo la vajilla de muchas familias, como lo señala Irma Casale.
Pero la versatilidad de la tapara no se detuvo en la vajilla. Los cronistas europeos, desde su llegada a América, documentaron otros usos sorprendentes. Juan de Pimentel, gobernador de la Provincia de Venezuela en el siglo XVI, mencionaba que los indios utilizaban los totumos no solo para escudillas y botijas, sino también como «cobertura para su miembro genital», una práctica también referida por Fernando González de Oviedo, quien describía el uso de calabacitos para cubrir el miembro viril. Estos relatos, aunque a menudo teñidos por la perspectiva europea de la época, revelan la ingeniosidad y la adaptación cultural de los pueblos originarios al entorno natural.
El fruto del totumo encontró su lugar en el ámbito de lo ritual y lo sagrado, dando origen a la maraca. Este instrumento, en esencia similar a las actuales, se elaboraba a partir de un taparo que, tras ser asado para extraer su pulpa y horadado convenientemente, se le introducían semillas de capacho y un palillo o mango para agitarlo. José Antonio Calcaño, en su estudio, describe detalladamente este proceso de fabricación. Estas sonajeras, de diversos tamaños, eran a menudo decoradas con grabados y plumas, adquiriendo un valor estético y simbólico adicional.
El nombre mismo de «maraka» tiene profundas raíces indígenas, presente en lenguas aborígenes americanas como la caribe y la arauaca. Lisandro Alvarado sugiere un posible origen guaraní para la palabra, que para José Antonio Calcaño significaría «cráneo o calabaza, celestial o divina». Esta etimología refuerza la conexión intrínseca de la maraca con lo espiritual y lo trascendente, un vínculo que fue central en su uso primigenio.
La maraca era, en su origen, un instrumento sagrado y característico en el ritual de los piaches indígenas. Estos chamanes o curanderos utilizaban la maraca como un medio para comunicarse con los espíritus, para curar enfermedades, para adivinar el futuro y para presidir ceremonias de iniciación, matrimonios, exequias y bailes propiciatorios. El poema "Aútshi y Wanülü" de Pedro Lhaya, un barloventeño, ilustra con lirismo la profunda connotación espiritual de la maraca en las manos del piache, quien la blandía en "el esotérico rito antiguo" para invocar y exorcizar.
Sin embargo, la percepción de los piaches y sus maracas por parte de los cronistas europeos, especialmente los frailes, estuvo marcada por prejuicios. José Gumilla, un jesuita, describía a los piaches como "embusteros" que hacían creer a los indios que hablaban con el demonio, utilizando la maraca para generar un "fiero e incesante ruido" y manipular las respuestas del supuesto demonio. De manera similar, el franciscano Antonio Caulín no dudaba en calificar a los piaches de "brujos" y "matasanos", denunciando sus prácticas como "engaños diabólicos" y el uso de flautas y maracas en bailes oscuros para crear un aura de temor y respeto. Estas visiones, aunque sesgadas, confirman la centralidad de la maraca en los rituales indígenas y el poder que se les atribuía, tanto por los nativos como por los observadores externos.
A pesar de las interpretaciones despectivas de los cronistas, la maraca mantenía su estatus de objeto de poder y misterio. Solo el piache conocía sus secretos y era quien la manipulaba en la mayoría de las ocasiones, aunque, como señala Calcaño, "parece que en contadas ocasiones podían tocar las maracas, además del piache, otros miembros de la tribu". Este acceso restringido al instrumento subraya su carácter de objeto sagrado y la importancia de la figura del piache como intermediario entre el mundo humano y el espiritual.

Del Ritual Sagrado al Compás Popular: La Evolución de la Maraca
Con el paso del tiempo y el inevitable proceso de mestizaje cultural en Venezuela, la maraca fue perdiendo gradualmente su carácter puramente sagrado, incluso entre los propios indígenas. Este proceso de secularización permitió su incorporación sin mayores dificultades a la panoplia de instrumentos de acompañamiento de la música criolla. De ser un objeto de rito y comunicación espiritual, la maraca se transformó en un elemento vibrante y esencial del ritmo popular venezolano. No en vano, se ha sostenido que "nada enciende tanto entusiasmo en la gente del campo como el son de las maracas", una afirmación que resalta su capacidad para animar fiestas, bailes y celebraciones, convirtiéndose en el corazón pulsante de la alegría colectiva.
La trascendencia de la maraca en la cultura venezolana es tal que su influencia se extiende más allá de la música, permeando el lenguaje cotidiano a través de expresiones y consejas populares. Estas frases, cargadas de ingenio y sabiduría popular, reflejan la íntima relación del venezolano con este instrumento:
- Maraquear el trago: Esta expresión se utiliza para describir a alguien que bebe licor de forma muy pausada y prolongada en una fiesta, estirando la bebida como si el tiempo se ralentizara al ritmo suave de las maracas.
- Cogió una maraca de pea: En contraste, esta frase describe a quien se ha excedido notablemente en el consumo de alcohol, alcanzando un estado de embriaguez considerable. La maraca, en este contexto, simboliza el descontrol o la desmesura.
- Una cosa es con arpa y otra con maracas: Esta conseja popular se emplea para indicar que una situación o tarea resulta ser más difícil o compleja de lo que inicialmente se esperaba. Sugiere que la realidad es a menudo más intrincada que la primera impresión, comparando la complejidad de los instrumentos musicales y sus combinaciones.
- Pasarse de maraca: Similar a "pasarse de la raya" o "exagerar la nota", esta expresión denota un exceso, una exageración en el comportamiento, en las palabras o en las acciones.
- Tratar a alguien como un palo de maraca: Aunque menos común hoy en día, esta expresión se refería a menospreciar a una persona, tratándola con desdén o como algo insignificante.
- Ser un palo de maraca: Esta frase, citada por Gonzalo Picón Febres, se utilizaba para describir a alguien como "un cretino que se deja manejar a todo lo ancho del capricho ajeno", es decir, una persona fácilmente manipulable o sin carácter propio.
- No ser un palo de maraca: En contraparte, esta expresión, según Lisandro Alvarado, significa "no ser persona insignificante", destacando la valía o la importancia de alguien.
Estas expresiones no solo enriquecen el léxico venezolano, sino que también demuestran cómo la maraca, un objeto simple en su construcción, ha calado hondo en la psique colectiva, sirviendo como metáfora para diversas situaciones y comportamientos humanos.
El Totumo y sus Frutos: Un Legado de Usos y Simbolismos
La popularidad del fruto del totumo o taparo es tan vasta que uno de los objetos fabricados con él dio origen a una palabra que hoy designa cualquier cosa: el "coroto". Ángel Rosenblat explica que "coroto" designaba originalmente "una escudilla o recipiente indígena hecho con la mitad de una totuma", utilizado por los llaneros para beber agua o aguardiente. La evolución de esta palabra es fascinante, pues de un humilde recipiente indígena, "hoy puede designar cualquier objeto". Este fenómeno lingüístico es un testimonio de la omnipresencia del totumo en la vida cotidiana venezolana. Juan Alberto Paz, cantor y compositor popular tuyero, en su "Glosa a mi tierra", celebra esta tradición: "Aquí se toma aguardiente / en totuma, compañero, / porque somos los primeros / de los indios descendientes".
Además de su uso en utensilios y como origen de instrumentos, el totumo posee cualidades terapéuticas ampliamente reconocidas en la medicina empírica venezolana. Francisco Delascio Chitty documenta varias de estas aplicaciones:
- Hojas y cogollos: Se emplean para preparar baños de asiento, tradicionalmente usados para curar hemorroides.
- Pulpa del fruto: Mezclada con azúcar, actúa como un purgante natural.
- Pulpa como cataplasma: Aplicada externamente, alivia golpes y hematomas, gracias a sus propiedades desinflamatorias y curativas.
Estos usos medicinales refuerzan la idea del totumo como un "árbol de vida" para las comunidades, proporcionando no solo sustento material sino también bienestar físico.
La profunda integración del totumo en el imaginario popular venezolano también se manifiesta en refranes y coplas. Por ejemplo, "perro que come manteca, mete la lengua en tapara", un dicho que alude a la astucia o a la tendencia a repetir acciones que han resultado beneficiosas. Otra expresión, hoy inusual, "día de tapara y cachimbo", describía un día lluvioso, propicio para quedarse en casa bebiendo y fumando, evocando una imagen de tranquilidad y disfrute hogareño. Y la conocida copla popular: "el que bebe agua en tapara, / o se casa en tierra ajena, / no sabe si el agua es clara / o si la mujer es buena", una reflexión sobre la incertidumbre y la necesidad de cautela en decisiones importantes.
Finalmente, la estimación por el totumo trascendió lo material y lo folklórico para adquirir una connotación religiosa. Fray Antonio Caulín, en el siglo XVII, narró la aparición de "la devotísima Imagen de nuestra Señora del Socorro" en la ciudad de San Cristóbal de los Cumanagotos (actual Barcelona) sobre un árbol de totumo. La leyenda cuenta que la imagen, al ser trasladada a la iglesia parroquial, regresó al totumo por sus propios medios en dos ocasiones, hasta que un tercer traslado, realizado con solemnidades y rogatorias, logró asegurar su permanencia en el templo. Esta historia, más allá de su veracidad, subraya el profundo arraigo del totumo en la cultura y la espiritualidad venezolana, elevándolo a un símbolo de lo divino y lo milagroso.
Cuadro Comparativo: Usos del Totumo y la Maraca a Través del Tiempo
| Objeto / Uso | Época Indígena / Colonial (Sagrado/Utilitario) | Época Moderna / Criolla (Popular/Cultural) |
|---|---|---|
| Fruto del Totumo (Tapara/Totuma) | Vasijas (platos, cucharas, cuencos), estuches para el pene. | Recipientes para bebidas ("coroto"), uso medicinal (purgante, cataplasma), refranes populares. |
| Maraca | Instrumento sagrado para piaches (rituales, curaciones, adivinación), comunicación con espíritus. | Instrumento de acompañamiento en música criolla, elemento central en fiestas y celebraciones, base de expresiones idiomáticas. |
| Árbol de Totumo | Proveer vajillas a familias, recurso natural esencial. | Parte del paisaje cultural, asociado a leyendas religiosas (Virgen del Socorro), símbolo de identidad criolla. |
Preguntas Frecuentes sobre el Totumo y la Maraca
- ¿Qué es el totumo o taparo?
- El totumo o taparo (Crescentia cujete) es un árbol tropical cuyo fruto, grande y globoso, nace directamente del tronco y las ramas. Es originario de América y ha sido ampliamente utilizado por sus frutos desde la época precolombina.
- ¿Para qué se utilizaban los frutos del totumo?
- Los frutos, llamados totumas o taparas, se utilizaban para crear una gran variedad de utensilios domésticos como platos, cucharas, vasijas y recipientes para agua. También tuvieron usos rituales y terapéuticos, e incluso como estuches para el pene en algunas etnias indígenas.
- ¿Cómo se elabora una maraca tradicional?
- Una maraca tradicional se elabora a partir de un fruto de totumo (taparo) que se asa para extraer la pulpa. Una vez vacío y seco, se le horada para introducirle semillas de capacho y se le añade un mango o palillo para poder agitarlo y producir sonido.
- ¿Cuál era el significado original de la maraca?
- En sus orígenes, la maraca era un instrumento sagrado utilizado por los piaches (chamanes) en rituales religiosos, curaciones, adivinaciones y otras ceremonias. Se consideraba un medio para comunicarse con los espíritus y tenía un profundo valor simbólico y ritual.
- ¿Cómo la maraca pasó de ser un objeto sagrado a un instrumento musical popular?
- Con el mestizaje cultural en Venezuela, la maraca fue perdiendo su carácter exclusivamente sagrado. Se integró progresivamente en la música criolla como un instrumento de acompañamiento rítmico, convirtiéndose en un elemento esencial de las celebraciones y el folklore popular.
- ¿Qué significa la palabra "coroto" en Venezuela y cuál es su origen?
- Originalmente, "coroto" designaba una escudilla o recipiente hecho con la mitad de una totuma. Con el tiempo, su significado se universalizó y hoy en Venezuela se utiliza para referirse a cualquier objeto o pertenencia, desde enseres hasta bienes personales.
Conclusión: Un Legado Vasto y Multifacético
El totumo y su fruto, la tapara, son mucho más que simples elementos de la flora venezolana; son verdaderos símbolos de la ingeniosidad, la adaptación y la riqueza cultural de un pueblo. Desde la provisión de utensilios básicos hasta la creación de instrumentos sagrados como la maraca, y su posterior evolución hacia el corazón de la música popular, el legado de este árbol es vasto y multifacético. Las historias, los refranes, las expresiones idiomáticas y los usos medicinales que giran en torno al totumo y la maraca demuestran su profunda huella en la identidad venezolana, un recordatorio constante de cómo la naturaleza provee y la cultura transforma, entrelazando lo práctico con lo espiritual, lo ancestral con lo contemporáneo. La maraca, en particular, encarna esta transformación, pasando de ser el eco de los exorcismos de los piaches a la vibración alegre que enciende el espíritu en cualquier fiesta criolla, manteniendo viva la esencia de un pasado rico y un presente vibrante.
Este árbol, aparentemente común, es un testamento vivo de la sabiduría ancestral, un puente entre el pasado indígena y el presente criollo, y un recordatorio de que la verdadera riqueza de una nación a menudo reside en la humildad y la versatilidad de sus recursos naturales, transformados por la mano y el espíritu humano.
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