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El Señor de los Temblores: Su Talla y Destino en Cusco

04/04/2022

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Cusco, la antigua capital del Imperio Inca, es un crisol de historia, cultura y fe, donde cada rincón cuenta una historia milenaria. Entre sus más arraigadas tradiciones, la Semana Santa se erige como un evento de profunda devoción, y en su corazón late la impresionante procesión del Señor de los Temblores, una imagen venerada por miles, conocida como el “Taytacha Timplures”. Pero, ¿alguna vez te has preguntado por qué esta particular talla, con su aura mística y su profunda conexión andina, fue la elegida para la majestuosa Catedral de Cusco, cuando los planes originales apuntaban a otro destino? La respuesta es un fascinante entrelazado de decisiones reales, leyendas populares y un destino que parecía dictado por fuerzas superiores.

¿Por qué se proyectó la talla para la catedral de Cuzco?
Te explicamos la razón. Pese a lo grandioso de la talla, hay que decir que esta no era la que en origen se proyectó para la catedral de Cuzco, sino otra realizada en Sevilla. Y es que, durante el primer cuarto del siglo XVII, llegó a oídos del rey Felipe II que en la ciudad de Cuzco se seguía venerando al Sol.

La historia de cómo el Señor de los Temblores llegó a ocupar un lugar tan preeminente en el corazón de Cusco es tan cautivadora como la propia ciudad. No fue un camino directo ni predestinado desde el inicio, sino el resultado de una serie de eventos que transformaron el plan inicial de la corona española, dando paso a una talla que resonaría de manera única con el espíritu del pueblo andino. Para comprenderlo, debemos viajar al siglo XVII, un período de intensos cambios y sincretismo religioso en el Virreinato del Perú.

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Un Encargo Real y un Destino Inesperado

Durante el primer cuarto del siglo XVII, las noticias de que en la lejana ciudad de Cusco se seguía venerando fervientemente al Sol, la deidad suprema de los Incas, llegaron a oídos del rey Felipe II de España. Preocupado por la persistencia de las antiguas creencias y con el objetivo de consolidar la fe católica en sus dominios americanos, el monarca tomó una decisión trascendental: encargó la creación de una imagen de Cristo que pudiera servir como un poderoso símbolo de la nueva religión y, a la vez, permitiera a la población indígena reconocerse en ella. Su visión era un Cristo de tez cobriza, que pudiera generar una conexión más profunda y personal con los habitantes del Tawantinsuyo.

Así, en los talleres de Sevilla, España, se esculpió una imponente imagen de un Cristo, destinada a ser el centro de la devoción en la Catedral de Cusco. Esta talla, originalmente conocida como el “Señor de las Tormentas”, emprendió un largo y arduo viaje a través del océano Atlántico, desembarcando finalmente en el puerto del Callao, en Lima. Desde allí, debía ser transportada por tierra hasta su destino final en la Ciudad Imperial. Sin embargo, su viaje tomaría un giro inesperado, un evento que cambiaría para siempre el curso de su historia y el de otra imagen que aún no existía.

La Leyenda de Mollepata: Un Cambio de Planes Divino

El camino desde la costa hasta los Andes cusqueños era largo y desafiante. La comitiva encargada de transportar la talla sevillana, resguardada en un gran arcón, llegó finalmente al pequeño pueblo de Mollepata. Exhaustos por el viaje, decidieron hacer una parada para descansar. Al día siguiente, cuando intentaron reanudar su marcha, se encontraron con un fenómeno inexplicable: el arcón que contenía al Cristo, que hasta entonces había sido manejable, se volvió inexplicablemente pesado. Por más esfuerzos que hicieron, la imagen sevillana, que hoy conocemos como el Señor Manuel de la Exaltación, no pudo ser levantada de su lugar.

Este suceso fue interpretado por la comitiva y los pobladores como una señal divina, una manifestación de que el “Señor de las Tormentas” deseaba quedarse en Mollepata. Ante lo que consideraron una voluntad celestial inquebrantable, el arriero responsable de llevar el Cristo a Cusco tomó una decisión crucial: en lugar de forzar el traslado de la imagen que se había “negado” a moverse, encargó la creación de otra talla específicamente para la Catedral de Cusco. Esta nueva imagen sería la que, con el tiempo, se conocería y veneraría como el Señor de los Temblores. Fue así como la talla actual, aunque no fue la *originalmente proyectada* desde España, se convirtió en la definitiva para la catedral, nacida de una circunstancia milagrosa y un profundo respeto por lo que se percibió como un designio divino.

El Nacimiento del 'Cristo Moreno': Una Talla con Alma Andina

La imagen que hoy reside en la Catedral de Cusco, el Señor de los Temblores, es una obra de impresionante porte. Conocido popularmente como el “Cristo Moreno” debido a la particular tonalidad de su piel, o “Taytacha Timplures” en quechua, su anguloso cuerpo y su expresión conmueven a quienes lo contemplan. A diferencia de la talla sevillana, esta imagen fue realizada con materiales autóctonos de los Andes, lo que le confiere una conexión intrínseca con la tierra y la cultura peruana. Se utilizaron materiales como el magey, una fibra vegetal resistente, la fibra de lino y la ligera madera de balsa, todos ellos procedentes de la rica geografía andina.

Además de su composición, la talla del Señor de los Temblores se distingue por sus valiosos detalles. Los clavos que atraviesan sus manos y pies, así como la corona que ciñe su cabeza, están elaborados en oro puro. Antiguamente, también contaba con incrustaciones de piedras preciosas, que realzaban aún más su majestuosidad. La importancia de la imagen es tal que, en su momento, el virrey Francisco de Borja y Aragón le obsequió una corona de oro macizo. Lamentablemente, esta pieza fue robada en 1980, un hecho que, lejos de disminuir la devoción, subraya la profunda veneración que la imagen ha inspirado a lo largo de los siglos, no solo en Cusco sino en todo el Perú.

¿Dónde se encuentra la Catedral del Cusco?
La Basílica Catedral del Cusco se encuentra ubicada en el sector noreste de la actual Plaza de Armas del Cusco.

Milagros y Devoción: La Consagración del Taytacha Timplures

El nombre de “Señor de los Temblores” no es casualidad; lo debe a un evento que marcó la historia de Cusco y consolidó la fe de su pueblo. En marzo de 1650, un devastador terremoto asoló la ciudad, sembrando el pánico y la destrucción. Los temblores no cesaban, y la desesperación crecía entre la población. Fue entonces cuando, en un acto de fe y esperanza, los habitantes de Cusco sacaron en procesión a un Cristo que, hasta ese momento, había permanecido relativamente olvidado en su altar. Dice la tradición que, tan pronto como la imagen fue llevada por las calles de la ciudad, los temblores cesaron milagrosamente.

Desde aquel día, la fe en el Señor de los Temblores se arraigó profundamente. Cada vez que la ciudad ha sido sacudida por un sismo, la población ha acudido a esta imagen para implorar su ayuda y protección. Este no sería el único milagro atribuido al Taytacha. En 1720, una terrible peste azotó Cusco, diezmando a sus habitantes. Una vez más, la procesión del Cristo de los Temblores fue la última esperanza, y se cuenta que, tras su salida, la enfermedad comenzó a retroceder. Fue entonces cuando la ciudad lo nombró oficialmente “Patrón Jurado del Cuzco”, un título de inmensa reverencia que desplazó al Patrón Santiago, impuesto por los conquistadores españoles, consolidando así la identidad religiosa mestiza de la ciudad.

Una hermosa tradición, descubierta durante la restauración de la imagen en 2005, revela la íntima relación de los fieles con su Taytacha. Desde al menos 1767, los devotos introducían cartas en la imagen, específicamente por una herida en su pecho. En estas misivas, contaban sus penas, hacían peticiones y daban gracias por los favores concedidos, convirtiendo al Cristo en un confidente silencioso de sus esperanzas y aflicciones. En reconocimiento a su importancia cultural y espiritual, el Congreso de la República del Perú le otorgó en 2012 la Medalla de Honor en el grado de Caballero, un testimonio más de su trascendencia a nivel nacional.

La Procesión del Lunes Santo: Sincretismo Vivo en el Corazón de Cusco

Desde 1741, la procesión del Señor de los Temblores se ha convertido en el evento central del Lunes Santo de la Semana Santa cusqueña, siendo sin duda la más importante y multitudinaria de todas las celebraciones. En este día, toda la ciudad se transforma: los balcones y calles se adornan con tapices, y la flor de ñucchu, de un intenso color carmesí, utilizada por los incas en sus rituales, aparece por doquier. Guirnaldas tejidas con esta flor penden de la cruz del Cristo, y una lluvia de pétalos cae desde los balcones mientras la procesión avanza.

El recorrido, que se inicia en la Catedral, lleva al Taytacha por las principales iglesias de la ciudad, donde recibe el homenaje de una población devota que se congrega por decenas de miles. Esta procesión es un vívido ejemplo del sincretismo religioso que caracteriza a Perú, una fusión armónica entre las tradiciones cristianas y las ancestrales creencias andinas. Lejos de ser una mera importación española, esta costumbre tiene profundas raíces locales. Antes de la llegada de los españoles, los incas ya procesionaban las momias de sus jefes y sacerdotes en Cusco; las tallas cristianas, en este contexto, vinieron a reemplazar y adaptar esas antiguas prácticas, creando una nueva forma de expresión de fe que es única en el mundo.

Las “Chayñas del Cusco”, mujeres cantoras de voces agudas y delicadas, acompañan la procesión con cánticos en quechua, añadiendo una capa más de misticismo y tradición andina al evento. La flor de ñucchu, que crece en las alturas andinas especialmente durante la Semana Santa, es fundamental en esta ceremonia. Se dice que la resina de esta flor es responsable del color oscuro del Patrón de Cusco, un detalle que lo conecta aún más con la tierra y sus elementos.

Tabla Comparativa: Los Cristos Destinados a Cusco

Para entender mejor la singularidad del Señor de los Temblores, es útil comparar las dos imágenes que estuvieron destinadas a la Catedral de Cusco:

CaracterísticaSeñor de las Tormentas (Sevilla)Señor de los Temblores (Cusco)
OrigenEsculpido en Sevilla, EspañaEncargado y realizado en Perú (presumiblemente Cusco)
MaterialesMadera europea (típica de la imaginería sevillana)Magey, fibra de lino, madera de balsa (materiales andinos)
Destino OriginalCatedral de CuscoNo proyectado inicialmente para Cusco, surgió por la “negativa” del primero
Ubicación ActualMollepata (conocido como Señor Manuel de la Exaltación)Catedral de Cusco
Significado DevocionalVenerado en MollepataPatrón Jurado del Cusco, protector ante sismos y pestes
Color CaracterísticoProbablemente más claro, típico de imaginería española“Cristo Moreno” o cobrizo, por su pátina y la resina de ñucchu

Preguntas Frecuentes sobre el Señor de los Temblores y Cusco

¿Por qué se llama Señor de los Temblores?

Se le atribuye este nombre a raíz del gran terremoto que asoló Cusco el 31 de marzo de 1650. La tradición popular sostiene que los temblores cesaron inmediatamente después de que la imagen fuera sacada en procesión por la ciudad. Desde entonces, es invocado como protector en cada sismo.

¿Qué representa la Última Cena de Marcos Zapata?
No se pierda la oportunidad de ver la Última Cena del artista quechua Marcos Zapata. Esta representación popular de la última cena tiene un toque cusqueño, con comida ceremonial andina en la mesa en lugar de los platos más representados. Observe el cuy asado (cuy) en la mesa, no muy diferente de los que podrá cenar en todo Cusco.

¿Dónde se encuentra la Catedral del Cusco?

La Basílica Catedral del Cusco está estratégicamente ubicada en el sector noreste de la actual Plaza de Armas del Cusco, siendo uno de los puntos más emblemáticos y accesibles de la ciudad. Es el punto de partida y llegada de la procesión del Señor de los Temblores.

¿Qué significa que el Señor de los Temblores sea el Patrón Jurado del Cusco?

Ser el Patrón Jurado del Cusco significa que la imagen ha sido oficialmente reconocida y consagrada como el protector y defensor principal de la ciudad. Este título le fue otorgado en 1720, después de que se le atribuyera el fin de una devastadora epidemia de peste. Este nombramiento desplazó al Patrón Santiago, impuesto por los españoles, simbolizando una apropiación y fusión de la fe por parte del pueblo cusqueño.

¿Cuál es la importancia de la flor de ñucchu en la procesión?

La flor de ñucchu es una flor andina de intenso color carmesí, que florece de forma particular durante la Semana Santa. Es utilizada para adornar la cruz del Señor de los Temblores y es lanzada como ofrenda durante la procesión. Se cree que la resina de esta flor ha contribuido al color oscuro y característico de la imagen, reforzando su conexión con la tierra y las tradiciones andinas.

¿Qué representa el sincretismo religioso en la procesión del Señor de los Temblores?

El sincretismo religioso en la procesión del Señor de los Temblores representa la fusión y adaptación de las creencias católicas con las tradiciones ancestrales andinas. Por ejemplo, la costumbre de procesionar imágenes cristianas se superpuso a la antigua práctica inca de procesionar las momias de sus líderes. La figura del Cristo Moreno, con materiales y tonalidades locales, y el uso de la flor de ñucchu, son expresiones de cómo la fe cristiana se arraigó y se transformó en el contexto cultural andino, creando una devoción única y profundamente auténtica.

Cusco: Un Calendario de Fe y Tradición

La historia del Señor de los Temblores es solo una muestra de la rica tapeza de festividades y tradiciones que definen a Cusco. La Ciudad Imperial vibra con celebraciones a lo largo de todo el año, reflejando su profunda herencia cultural, mitológica, y religiosa. Desde los vibrantes Carnavales, con sus muñecos satíricos de compadres y comadres, hasta la solemne Semana Santa, que culmina con la Resurrección, cada mes ofrece una ventana a la identidad cusqueña.

Junio, el mes jubilar, es especialmente significativo, albergando festividades tan importantes como el Corpus Christi, donde quince santos y vírgenes son llevados en procesión a la Catedral, o el majestuoso Inti Raymi, la Fiesta del Sol, que honra al dios solar Inca en Sacsayhuamán. La renovación del puente Q’eswachaka, el último puente inca de fibra vegetal, y la festividad de Cruz Velacuy, que celebra la Cruz como símbolo católico y andino, son otros ejemplos de cómo la fe y la costumbre se entrelazan en esta tierra mágica. Cada celebración, cada procesión, es un testimonio vivo de la resiliencia y la profunda espiritualidad de un pueblo que ha sabido fusionar mundos, creando una cultura vibrante y única que sigue fascinando a propios y extraños.

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