30/01/2025
Cuando se piensa en Emiliano Zapata, la mente suele evocar imágenes del caudillo revolucionario, el general agrario y el símbolo de “Tierra y Libertad”. Sin embargo, su figura trascendió los campos de batalla para inspirar diversas manifestaciones artísticas, entre ellas, el teatro. Aunque la pregunta sobre las “obras” de Emiliano Zapata podría referirse a sus acciones o documentos históricos, el material que nos ocupa nos invita a explorar una dimensión diferente: las obras teatrales que lo tomaron como protagonista o que emergieron de la efervescencia social que su revolución desató. En este sentido, nos adentraremos en el audaz experimento del Teatro de Ahora, un proyecto pionero que, en la década de 1930, se propuso llevar a la escena la compleja realidad sociopolítica de un México post-revolucionario, destacando una obra que buscó humanizar al icónico líder.

El Teatro de Ahora fue una iniciativa singular, un intento valiente de dos jóvenes talentos mexicanos, Juan Bustillo Oro (1904-1989) y Mauricio Magdaleno (1906-1986), de crear una dramaturgia comprometida con su tiempo. En 1932, a pocos años de finalizada la guerra civil mexicana, conocida como la Revolución, estos autores sintieron la urgencia de reflejar en las tablas las problemáticas que aún aquejaban a la nación. Su trabajo no solo demostró una madurez y un conocimiento profundos de la realidad, sino que también sentó las bases para un teatro socialmente consciente, cuyos ecos resuenan hasta el día de hoy.
El Nacimiento de una Visión: El Teatro de Ahora
La única temporada del Teatro de Ahora dio inicio el 12 de febrero de 1932. Fue un periodo breve, pero intensamente creativo, que concluyó el 12 de marzo del mismo año. Durante este mes, se presentaron cuatro obras que abordaron temáticas visionarias para su época. Estas piezas no solo buscaban entretener, sino también provocar la reflexión y el debate sobre los desafíos que enfrentaba México. La audacia de su propuesta radicaba en su intento de romper con las convenciones teatrales de entonces, fusionando influencias y propósitos para dar voz a una realidad ineludible.
En la tercera década del siglo XX, el panorama teatral mexicano se encontraba fragmentado en tres corrientes principales: un teatro de influencia española, dirigido a la clase burguesa; un teatro de vanguardia europea, para el círculo intelectual; y un teatro mexicanista, que buscaba exaltar lo propio y las raíces ancestrales. El Teatro de Ahora emergió como un intento innovador de conciliar estas tendencias. Su propuesta fue integrar la temática mexicanista con los problemas familiares, a menudo abordados por el teatro español, y aplicar las propuestas vanguardistas europeas de figuras como Erwin Piscator. Este esfuerzo, aunque efímero, sentó un precedente crucial para la fundación del teatro mexicano moderno, culminando con obras maestras posteriores como El gesticulador (1938) de Rodolfo Usigli, que magistralmente unificó estas corrientes.
Emiliano Zapata: La Humanización del Caudillo en Escena
Una de las obras centrales presentadas por el Teatro de Ahora fue Emiliano Zapata, escrita por Mauricio Magdaleno. Esta pieza marcó un hito significativo al ser la primera obra teatral que se atrevió a humanizar al revolucionario. Lejos de presentarlo como una figura monolítica o un mero forjador de la patria, Magdaleno exploró el perfil de un hombre inquieto por su presente histórico, que trágicamente termina siendo víctima de la traición. La obra no solo se centró en su asesinato, sino que también resaltó la vigencia de su mensaje eterno: “tierra y libertad”. Este lema, aún resonante para aquellos que hoy carecen de estos derechos, es un recordatorio de la lucha zapatista que, como señala el Ejército Zapatista de Liberación Nacional en Chiapas, sigue siendo una bandera de resistencia.
La obra de Magdaleno sobre Zapata fue audaz porque desmitificó al héroe, presentándolo con sus vulnerabilidades y su destino fatal. En un país que recién salía de una violenta revolución, la figura de Zapata era compleja y cargada de simbolismo. Abordarlo desde una perspectiva humana, más allá del bronce y la leyenda, fue un acto de profunda reflexión sobre la historia reciente de México y la figura de uno de sus héroes más queridos y, paradójicamente, el único cuyo mensaje persiste con tal fuerza en la conciencia colectiva.
Otras Obras Emblemáticas del Teatro de Ahora
Además de Emiliano Zapata, el Teatro de Ahora presentó otras tres obras de gran relevancia temática:
- Pánuco 137: Petróleo y Capitalismo. También de Mauricio Magdaleno, esta obra abordó la temática del capitalismo internacional y su interés en el petróleo mexicano, un tema de gran pertinencia económica y política en la década de 1930. La explotación de los recursos naturales y la influencia extranjera eran preocupaciones latentes que Magdaleno llevó al escenario.
- Tiburón: La Búsqueda de la Identidad Mexicana. Juan Bustillo Oro realizó una traducción libre de Volpone de Ben Jonson, transponiéndola al contexto mexicano. Esta obra fue una “magnífica transposición al suelo mexicano para presentar el problema de la identidad del mexicano”, un tema que sería central en el pensamiento filosófico y cultural de la época, coincidiendo con la aparición de El perfil del hombre y la cultura en México (1934).
- Los que vuelven: Pioneros de la Dramaturgia Migratoria. Esta obra de Juan Bustillo Oro es, sin duda, la pieza más detalladamente descrita y una de las más significativas del Teatro de Ahora. Se le considera la primera obra de temática migratoria en el teatro mexicano y una de las primeras a nivel mundial. Abordó el sufrimiento de los mexicanos emigrados a Estados Unidos que, como paliativo económico a la Gran Depresión de 1929, fueron deportados con métodos inhumanos.
Los que vuelven: Un Hito en la Dramaturgia Migratoria
La estructura dramática de Los que vuelven es excepcional, dividida en tres tiempos que construyen un realismo crudo y pionero para el teatro mexicano. La trama sigue la desmembración de una familia mexicana que había huido de la revolución y el hambre en su país, emigrando a Estados Unidos. Sin embargo, son brutalmente deportados por el gobierno estadounidense debido a la crisis económica. Las crónicas de la Gran Depresión de 1929 rara vez han revelado las injusticias perpetradas contra los mexicanos y las formas inhumanas de deportación, incluso si algunos permanecían legalmente, ya que la decisión era clara: conservar emigrantes europeos y deportar a los hispanos.
Los protagonistas, José María Toro (Chema) y su esposa Remedios, intentan escapar de la deportación. Buscan refugio con su hija, Guadalupe Toro hoy Kerr, casada con un obrero de origen irlandés en el norte de Estados Unidos, mientras desesperadamente intentan localizar a su hijo, quien sufrió la mutilación de su mano derecha en un accidente fabril. La desesperación de Remedios se hace palpable en el diálogo:
REMEDIOS.- No me importa la familia de mañana. Me importan los hijos de mi vientre… Y ahí los tiene: uno sin mano, inútil, ya… formando en las colas, como cuentas de rosario, para que le den un cacho de pan y un jarro de mal café; esperando las semanas de Dios a que le den su dinero… Y la otra ya perdida, haciendo hijos para una tierra y un hombre ajenos (p. 25).
El primer tiempo culmina con Remedios reclamando a Chema por haberlos alejado de su tierra natal:
REMEDIOS. Tu pecado, Chema, tu pecado… Te lo decía todavía en la frontera… No le niegues a tu tierra los huesos de tus hijos, la humedad de tu sangre, el sudor de tu frente… CHEMA. Se los devolveremos, se los devolveremos. (p. 42)
El segundo tiempo se desarrolla en el hogar de la hija, donde el yerno, molesto por la carga económica, delata a sus suegros a la oficina de migración. Los viejos son deportados violentamente. Un coro interior, quizás de otros deportados, cierra el acto con un grito de dolor y pertenencia:
“¡Reclamamos nuestra tierra! ¡Pan para nuestros hijos! ¡Reclamamos nuestra tierra! ¡Fuera el extranjero!”, y otro Coro responde: “Madre… ¿Quién es en ti extranjero?” (p. 66).
En el tercer tiempo, Chema, al borde de la locura, comparte su infortunio con un grupo de repatriados en la orilla del desierto mexicano. Sus palabras, y las de otros, revelan el profundo desarraigo y la pérdida que implica la migración forzada:
HOMBRE EN EL SUELO. Yo dejé una mujerY todas las noches me hago figuraciones de si todavía estará allí. Cuando la dejé para jalarle con los braceros, pensé que en unos cuantos meses mandaba yo por ella o volvía con harta plataSe fueron dos añosy ni mandé ni volví. Ni supe más de ella. A lo mejor está ya entre gusanos y en lo obscurito. (Fuma tristemente.) HOMBRE DE LA GUITARRA. Algo me da en el corazón que lo que es a mi madre sí la encuentro. Cuando me bendijo para que saliera, le juré que volvería a verla morir, a lo menos. CRESCENCIO. (Encogiéndose de hombros.) Yo, hace tanto que salí que ni recuerdo si dejé a alguienTodavía la revolufia estaba en lo más macizo cuando crucé la frontera después de que me habían querido fusilar dos veces. ¡Me aburrí de los diablazos! Ya ven, entonces eran los buenos tiempos de los yanquis. Y nunca hice nada. No más dejé el sudor y el trabajoNo saqué nada. CHEMA. (Interrumpiendo su constante fumar, sin volver la cabeza ni los ojos hacia el grupo.) No niegues a tu tierra la humedad de tu sangre, los huesos de tus hijos, el sudor de tu frente. (Todos se vuelven hacia él, sobrecogidos.) (pp. 69-70)
Chema es deportado hasta la frontera, pero llega a su patria con la triste noticia de que Remedios ha muerto en el traslado. Ya en tierras mexicanas, el padre, “más viejo y más encorvado”, descubre en una pira crematoria un cadáver al que le falta la mano derecha, concluyendo que es la de su hijo. En la escena climática, Chema provoca a un guardia mexicano para que le dispare mortalmente. Sus últimas palabras reflejan su deseo de saldar una deuda con la patria:
CHEMA. (Se incorpora a duras penas.) ¡Le digo que me deje! No crea eso de que estoy loco¡No quiero vivir! ¡Quiero que me entierren!¿Y si me queman? ¡No pagaré mi deuda! (Grita apagadamente.) ¡No, que no me quemen, doctor! ¡Que me pongan muy hondo en la tierra, en una tierra regada donde haya árboles!¡Que no me quemen como a todos!¡Sálvalos! ¡Sál-va-los! Salv CRESCENCIO. (Se acerca al teniente.) Dígale que sí a lo que pide. OFICIAL. (A Chema.) Pero si te murieras te enterraríamos, si CHEMA. ¿De veras? ¿De veras? OFICIAL. Palabra, viejo, palabra CHEMA. Con eso tengoNo más(p. 84)
Chema creía tener una deuda con su patria por haber huido en momentos de necesidad. Quería ser enterrado en su terruño, como los caídos en la revolución. Muere en paz, aunque su cuerpo es cremado, impidiendo que descanse en tierra mexicana:
SOLDADO. (Al oficial.) Teniente¿Qué hacemos con el cuerpo? OFICIAL. Pues llévenselo para el montón, ¡qué han de hacer! SOLDADO. ¿Para quemarlo? OFICIAL. ¡Claro! ¡Como a todos! (p. 84)
Los que vuelven, con su crudo realismo y matices líricos en el lenguaje popular, generó un verismo escénico inédito en el teatro mexicano. A pesar de algunos elementos melodramáticos, su detallismo (como la mención del consumo de marihuana) y la peculiaridad de los personajes (la mano mutilada como clave de reconocimiento) la acercan al teatro testimonial.

Recepción y Legado: Una Semilla en el Viento
La recepción inicial del Teatro de Ahora fue “parca”, tanto por parte de la crítica como del público. Los estragos de la Revolución aún eran recientes, y la gente se resistía a revivir esas amarguras en un espectáculo. Bustillo Oro mismo apuntaría en sus memorias: “Apenas tuvimos espectadores. Recientes los estragos y sufrimientos de nuestra revolución, la gente parecía resistirse a renovarlos en un espectáculo que forzosamente tenía que remover aquellas amarguras. Nos sentimos heridos directamente por nuestra patria, y pensamos en emigrar a parajes menos hostiles”. A pesar de la desilusión, Bustillo y Magdaleno clarificaron su propósito en un artículo posterior: “Hemos tratado de realizar el primer ensayo de un teatro sustantivamente nuestro. A la tara de la nacionalidad de su factura agréguense la otra mayor de su ausencia, de sensiblería y su actitud intransigente ante la realidad social de nuestros días, y se tendrá un saldo de fracaso económico, por lo menos si nos ponemos a entender la cosa con un criterio de empresario de astracanes españoles o cine yanqui. Románticamente, valdría repetir que aramos en el viento y sembramos en el mar. Pero con un sentido realista─ y así hemos estado siempre dispuestos a tomar el rumbo de los acontecimientos─ sabemos que la siembra la chupa la tierra y la devuelve un día, aunque ese día tarde.” La frase “aramos en el viento y sembramos en el mar” sintetiza el esfuerzo inusitado de estos mexicanos que creían en el poder transformador del teatro.
Aunque planearon una segunda temporada con obras como Éxito, Vivir, Justicia, S.A. y Masas, esta nunca se concretó. Desilusionados, los organizadores del Teatro de Ahora se embarcaron rumbo a España en julio de 1932. Allí, tuvieron la oportunidad de convivir con personalidades intelectuales como Unamuno, Valle Inclán y Lorca, y lograron publicar sus obras en la editorial Cenit. Para Mauricio Magdaleno, se incluyeron Pánuco 137, Emiliano Zapata y Trópico; para Bustillo Oro, Los que vuelven, Masas y Justicia, S.A.
El regreso a México marcó un cambio de rumbo para ambos. Magdaleno se consolidó como guionista de cine, colaborando con figuras como el Indio Fernández y Luis Buñuel, y como novelista (El resplandor, 1937). Bustillo Oro, por su parte, se dedicó a la cinematografía, dirigiendo y escribiendo más de setenta filmes, algunos considerados clásicos del cine mexicano, como Ahí está el detalle, que catapultó a Cantinflas.
El interés por el Teatro de Ahora ha resurgido en la última década, impulsado por investigaciones del Centro de Investigación Teatral Rodolfo Usigli (CITRU) y los esfuerzos de Marcela Magdaleno, hija de Mauricio Magdaleno. Aunque otras obras posteriores han abordado la problemática migratoria, como Braceros (mojados, wetback) de Rosa de Castaño, Los desarraigados de José Humberto Robles, y Acá de este lado de Guillermo Alanis, ninguna ha logrado captar la tragedia de la migración mexicana ni ha alcanzado la calidad dramatúrgica de Los que vuelven.
Tabla Comparativa de Obras del Teatro de Ahora
| Obra | Autor | Temática Principal | Significado |
|---|---|---|---|
| Emiliano Zapata | Mauricio Magdaleno | Humanización del revolucionario, traición, legado | Primera obra teatral en humanizar a Zapata, destacando “Tierra y Libertad”. |
| Pánuco 137 | Mauricio Magdaleno | Capitalismo internacional, petróleo mexicano | Crítica a la influencia económica extranjera en México. |
| Tiburón | Juan Bustillo Oro | Identidad mexicana, adaptación cultural | Transposición de Volpone para explorar la identidad nacional. |
| Los que vuelven | Juan Bustillo Oro | Migración, deportación, desarraigo, familia | Pionera en el teatro mexicano sobre la migración y sus tragedias. |
Preguntas Frecuentes sobre el Teatro de Ahora
¿Qué fue el Teatro de Ahora y cuál fue su objetivo principal?
El Teatro de Ahora fue un movimiento teatral mexicano fundado en 1932 por Juan Bustillo Oro y Mauricio Magdaleno. Su objetivo principal era crear un teatro “sustantivamente nuestro”, que reflejara la temática sociopolítica de México post-revolucionario, abordando problemas como la identidad nacional, el capitalismo, la migración y la figura de sus héroes, con una actitud intransigente ante la realidad social de su tiempo.
¿Qué aportó la obra “Emiliano Zapata” de Mauricio Magdaleno?
La obra “Emiliano Zapata” fue pionera en presentar al caudillo revolucionario desde una perspectiva humana, alejándose de la idealización heroica. Se centró en su inquietud por el presente histórico y su trágico asesinato por traición, resaltando la perdurable vigencia de su lema “tierra y libertad”. Fue la primera en intentar una desmitificación y humanización de Zapata en el teatro.
¿Por qué es importante la obra “Los que vuelven” de Juan Bustillo Oro?
“Los que vuelven” es considerada una obra fundamental en la dramaturgia mexicana y mundial por ser una de las primeras en abordar la temática de la migración. Narra la trágica experiencia de familias mexicanas deportadas de Estados Unidos durante la Gran Depresión, mostrando la deshumanización y el desarraigo. Su crudo realismo, la complejidad de sus personajes y su estructura dramática la convierten en un hito del teatro testimonial.
¿Cómo fue la recepción del Teatro de Ahora y cuál fue su legado a largo plazo?
La recepción inicial del Teatro de Ahora fue escasa, tanto por parte de la crítica como del público, debido a que la sociedad mexicana aún no estaba lista para revivir en escena los sufrimientos de la Revolución. Sin embargo, a largo plazo, su legado es innegable. Aunque el proyecto teatral fue breve, sus fundadores se convirtieron en figuras clave de la cultura mexicana, especialmente en el cine y la literatura. Además, el Teatro de Ahora sentó las bases para un teatro socialmente comprometido y su obra “Los que vuelven” sigue siendo un referente insuperable en la dramaturgia sobre la migración.
En retrospectiva, el Teatro de Ahora, con obras como Emiliano Zapata y, sobre todo, Los que vuelven, no solo dejó una huella indeleble en la dramaturgia mexicana, sino que también demostró la capacidad del arte para anticipar y reflejar las realidades más apremiantes de una nación. La figura de Zapata, más allá de sus hazañas históricas, sigue siendo un catalizador para la reflexión artística, recordándonos que las luchas por la tierra, la libertad y la dignidad humana son eternas, y que el teatro, incluso cuando “siembra en el mar”, tiene el poder de hacer brotar verdades que el tiempo se encarga de devolver.
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