05/07/2024
En un momento de profunda convulsión social y una imperante necesidad de encontrar un camino hacia la paz en México, una serie de movilizaciones ciudadanas se alzaron como un clamor unificado. El 8 de mayo, la Marcha por la Paz con Justicia y Dignidad, encabezada por el poeta Javier Sicilia, culminó en el emblemático Zócalo de la Ciudad de México, tras partir de Cuernavaca. Este evento no solo fue un punto de encuentro para el dolor y la esperanza, sino también el escenario donde se articularon acuerdos fundamentales para la construcción de una sociedad más justa y pacífica. Sin embargo, no fue el único eco de este movimiento; de manera simultánea, en diversas ciudades y latitudes, se replicaron marchas solidarias, y entre ellas, una destacaría por su singularidad y silencio: la que protagonizaron cerca de 15 mil zapatistas en San Cristóbal de Las Casas, en el sureste mexicano.

La presencia de los zapatistas, marchando en un profundo mutismo, se convirtió en una declaración poderosa. Sus pancartas, portadoras de un mensaje conciso pero cargado de significado, proclamaban: “Vamos a marchar, porque una palabra digna nos convoca”. Este acto de solidaridad y digna resistencia no solo sumó una voz crucial al coro nacional por la paz, sino que también reafirmó la importancia de la acción colectiva frente a la adversidad. Este artículo profundiza en los detalles de estas históricas movilizaciones, los acuerdos que surgieron de ellas y la reflexión filosófica sobre la paz, un concepto que, paradójicamente, ha sido menos estudiado que su antítesis, la guerra.
La Marcha por la Paz: Un Grito Nacional por la Justicia
La llegada de la Marcha por la Paz con Justicia y Dignidad al corazón de la capital mexicana marcó un hito en la búsqueda de soluciones a la escalada de violencia que aqueja al país. Javier Sicilia, líder de este movimiento, articuló un conjunto de seis acuerdos esenciales, concebidos como pilares para edificar una verdadera paz. Estos puntos, surgidos del clamor ciudadano y la urgencia de respuestas, buscaban sentar las bases para un Pacto Cívico Nacional, cuya discusión continuaría el 10 de junio en Ciudad Juárez, Chihuahua, impulsada por diversas organizaciones civiles.
Los acuerdos leídos en el Zócalo reflejan una agenda integral, que va más allá de la mera contención de la violencia para abordar sus causas profundas y sus consecuencias. A continuación, se detallan estos puntos cruciales que buscan transformar el panorama de seguridad y justicia en México:
| Número | Acuerdo | Objetivo Principal |
|---|---|---|
| I | Exigir a las autoridades verdad y justicia para esclarecer y resolver asesinatos, desapariciones, secuestros, fosas clandestinas, trata de personas y delitos que agravian a la sociedad. | Poner fin a la impunidad y garantizar la rendición de cuentas por crímenes. |
| II | Poner fin a la estrategia de guerra y asumir un enfoque de seguridad ciudadana, no militarizada. | Transitar de un modelo de confrontación bélica a uno de protección civil y prevención del delito. |
| III | Combatir la corrupción. | Erradicar uno de los principales factores que propician la impunidad y debilitan el estado de derecho. |
| IV | Combatir la raíz económica y las ganancias del crimen organizado. | Desmantelar las estructuras financieras que sostienen las actividades ilícitas y el poder de las organizaciones criminales. |
| V | Brindar atención de emergencia a la juventud y acciones efectivas para la recuperación del tejido social. | Invertir en programas que ofrezcan oportunidades y reconstruyan la cohesión comunitaria afectada por la violencia. |
| VI | Buscar la creación de democracia participativa, mejor democracia representativa y democratización de los medios de comunicación. | Fortalecer la participación ciudadana y garantizar la transparencia e imparcialidad en la información. |
El Eco Silencioso de Chiapas: Zapatistas por la Paz
Mientras la Marcha por la Paz con Justicia y Dignidad resonaba en el centro del país, el sureste mexicano fue testigo de una manifestación de profunda resonancia. En San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, la presencia del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en las calles fue un acto de solidaridad que capturó la atención de todo el país y el mundo. Cerca de 15 mil zapatistas, en un despliegue de disciplina y convicción, marcharon en completo silencio. Este acto, desprovisto de consignas vociferantes o discursos estridentes, transmitió un mensaje de apoyo y unidad con los reclamos de paz y justicia que se levantaban en otras latitudes.
La peculiaridad de su marcha, en absoluto mutismo, no restó fuerza a su mensaje; al contrario, lo amplificó. En sus pancartas, que eran su única voz audible, se leía: “Vamos a marchar, porque una palabra digna nos convoca”. Esta frase encapsula la esencia de su participación: un llamado a la acción motivado por la dignidad y la necesidad de una palabra que, en el contexto de la violencia, se convierte en un faro de esperanza. La marcha zapatista no solo fue un acto de solidaridad, sino también una reafirmación de su compromiso con un México más justo y equitativo, demostrando que la acción puede tomar múltiples formas, incluso las más silenciosas, para generar un impacto profundo.
Más Allá de la Ausencia de Guerra: La Verdadera Paz
La urgencia de la paz en México, en medio de tanta violencia, ha impulsado una profunda reflexión que trasciende la coyuntura política y social. Históricamente, el pensamiento humano ha dedicado vastos tratados a la guerra, mientras que la paz ha sido un tema de reflexión tardía y, a menudo, secundaria. Norberto Bobbio, un prominente pensador, observó con fatalismo que “Una historia sin narraciones de guerra, no sería la historia de la humanidad”. Desde Tucídides hasta Maquiavelo, el binomio guerra-paz ha prevalecido, con la guerra como el elemento fuerte y la paz como el débil. Se ha hablado de guerra territorial, guerra por privilegios, guerra como “un mal necesario” o incluso como “un castigo divino”. Cuando la guerra cesa, se firman tratados de paz, como la pax Romana o la Paz de Westfalia, que son meros acuerdos políticos para detener las hostilidades. Sin embargo, esta visión es limitada.
La verdadera reflexión sobre la paz comenzó a gestarse mucho después, con figuras como Erasmo de Róterdam, Tomás Moro, Domingo de Soto y Francisco Vitoria en los siglos XV y XVI. Estos pensadores, apoyándose en las bases sentadas por Santo Tomás de Aquino, quien vinculaba la paz con el gozo, la misericordia, la concordia y la armonía interior, comenzaron a concebir la paz no solo como la ausencia de guerra, sino como algo mucho más profundo. Santo Tomás oponía a estos estados de paz vicios como la discordia, la disputa, la desarmonía y la violencia. Los autores de los siglos XV y XVI soñaron con un lugar donde esta paz integral sería posible, un concepto que Tomás Moro llamó la utopía. Don Vasco de Quiroga, obispo de Michoacán, inspirado por Moro, intentó materializar este ideal en sus Pueblos-Hospitales en México.
Hoy, la definición de paz debe ir más allá de la mera ausencia de conflicto armado. Como señaló Johan Galtung, la paz es la ausencia de violencia estructural e institucional. Esto implica un avance significativo en la justicia social, el desarrollo económico y político de los pueblos, y la eliminación de las desigualdades. De esta perspectiva se desprende que el hambre, causada por una mala distribución de los recursos, es una forma de violencia contra aquellos con menos posibilidades. Esta es la violencia estructural, una especie de guerra silenciosa que opera en las profundidades de la sociedad, generando daño sin el estruendo de los cañones.
Además, es crucial reconocer que la violencia no se limita a la fuerza física. Un gobierno que utiliza el aparato del Estado —el ejército, la policía— para solucionar conflictos, puede generar más violencia. Para avanzar hacia una paz duradera, es imperativo abordar tanto la violencia personal como la institucional. Si no se erradican ambas, no se puede hablar de una paz genuina en una sociedad. En un México tan urgido de paz y tan marcado por diversas manifestaciones de violencia, es esencial abordar estas raíces para instaurar una paz que sea profunda y sostenible, una paz que no sea solo un tratado, sino un estado de ser.
El Camino Hacia una Paz Duradera en México
La reflexión sobre la paz, aunque tardía en la historia del pensamiento, se vuelve cada vez más urgente en el contexto contemporáneo. México, inmerso en un ciclo de violencia multifacética, requiere un enfoque que trascienda la mera contención y se dirija a la construcción de un verdadero estado de bienestar. La movilización ciudadana, como la Marcha por la Paz con Justicia y Dignidad y la significativa manifestación zapatista, subraya la profunda necesidad de la sociedad mexicana de encontrar soluciones que vayan más allá de lo superficial.
Adoptar un enfoque de seguridad ciudadana no militarizada, combatir la corrupción y las ganancias del crimen organizado, y atender de emergencia a la juventud son pasos cruciales. Pero más allá de estas medidas concretas, se encuentra la necesidad de un cambio de paradigma en cómo se concibe la paz. No es solo la ausencia de disparos, sino la presencia de justicia, equidad y respeto por la dignidad humana en todas sus formas. Es la eliminación de la violencia estructural que condena a vastos sectores de la población a la marginalidad y la desesperanza.
La historia nos enseña que la guerra es fácil de narrar, pero la paz es una construcción constante, un proceso que exige un compromiso inquebrantable con los valores que la sustentan. Las enseñanzas de pensadores como Erasmo y Tomás Moro, y la visión de Don Vasco de Quiroga de construir utopías de paz en la tierra, nos recuerdan que, aunque difícil, la paz es un ideal alcanzable si se trabaja desde sus cimientos.
En última instancia, la búsqueda de la paz en México, y en cualquier sociedad, es un viaje interior y colectivo. Como afirmó el Mahatma Gandhi, un constructor incansable de la paz: “No hay camino para la paz, la paz es el camino”. Esta profunda verdad nos invita a comprender que la paz no es un destino al que se llega, sino una forma de vivir, de interactuar y de construir el futuro, día a día, con cada decisión y cada acción.
Preguntas Frecuentes sobre la Marcha y la Paz
¿Qué fue la Marcha por la Paz con Justicia y Dignidad?
Fue una movilización ciudadana encabezada por el poeta Javier Sicilia, que partió de Cuernavaca y llegó al Zócalo de la Ciudad de México el 8 de mayo, exigiendo paz, justicia y el fin de la violencia en el país. En ella se presentaron seis acuerdos clave para la paz.
¿Por qué fue significativa la marcha Zapatista en San Cristóbal de Las Casas?
Fue significativa porque cerca de 15 mil zapatistas marcharon en completo silencio en San Cristóbal de Las Casas, Chiapas, en un acto de solidaridad con la Marcha por la Paz y sus demandas. Su acto silencioso, acompañado solo de pancartas con mensajes dignos, representó una poderosa declaración de apoyo.
¿Cuáles fueron los principales acuerdos de la Marcha por la Paz?
Los seis acuerdos principales fueron: exigir verdad y justicia, poner fin a la estrategia de guerra, combatir la corrupción, combatir la raíz económica del crimen organizado, brindar atención a la juventud y recuperar el tejido social, y buscar la democratización de la política y los medios de comunicación.
¿Qué significa la paz más allá de la ausencia de guerra?
Según pensadores como Johan Galtung, la paz no es solo la ausencia de guerra, sino también la ausencia de violencia personal e institucional. Esto implica avanzar en la justicia social, el desarrollo económico y político, y la eliminación de las desigualdades, como la que causa el hambre por mala distribución de recursos (violencia estructural).
¿Quiénes han reflexionado sobre el concepto de paz a lo largo de la historia?
Aunque la reflexión sobre la guerra ha sido predominante, pensadores como Erasmo de Róterdam, Tomás Moro, Domingo de Soto y Francisco Vitoria (siglos XV y XVI), basándose en Santo Tomás de Aquino, comenzaron a desarrollar la idea de la paz como un estado integral, más allá de la mera ausencia de conflicto. Tomás Moro incluso conceptualizó la "utopía" como un lugar donde la paz sería posible.
¿Qué es la violencia estructural?
La violencia estructural se refiere a la violencia inherente a las estructuras sociales, económicas y políticas que impiden a los individuos satisfacer sus necesidades básicas o realizar su potencial. Un ejemplo es el hambre causada por la mala distribución de recursos, que, aunque no es un acto de fuerza física directa, es una forma de violencia que causa daño y privación.
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