¿Qué tema exonera a Sacco y Vanzetti?

Sacco y Vanzetti: Un Caso Que Conmocionó al Mundo

30/04/2022

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La mañana del 15 de abril de 1920, la tranquila ciudad de South Braintree, Massachusetts, fue escenario de un brutal crimen que, sin saberlo, desencadenaría uno de los episodios judiciales más polémicos y resonantes de la historia estadounidense. Un asalto a mano armada contra los pagadores de una fábrica de zapatos dejó dos hombres muertos y desató una investigación plagada de errores, prejuicios y contradicciones que culminaría con la condena a muerte de dos inmigrantes italianos, Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti, cuya culpabilidad aún hoy es objeto de intenso debate. Este es el relato de cómo un robo se transformó en un símbolo de la lucha por la justicia y contra la persecución ideológica.

¿Cuál es la diferencia entre Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti?
Nicola Sacco era zapatero; Bartolomeo Vanzetti vendía pescado. Ambos se habían conocido en un grupo anarquista Sacco era un zapatero que había nacido en 1891 en Torremaggiore, Foggia, en la región de Apulia del sureste italiano.
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El Crimen de South Braintree: Un Asalto Fatal

A las 09:30 de aquel fatídico día, un tren procedente de Boston arribó a South Braintree, transportando una caja metálica con 30.000 dólares, destinados al pago semanal de los trabajadores de dos empresas locales. Los agentes de seguridad de American Express, Frederick Parmenter y Alessandro Berardelli, fueron los encargados de la entrega en la fábrica de zapatos Slater & Morrill. Horas después, a las 15:30, Parmenter, el cajero de la fábrica, y Berardelli, el guardia, salieron a recoger la segunda saca con 15.773,59 dólares, ya distribuidos en sobres para los quinientos empleados. Tras una breve conversación con el mecánico Jimmy Bostock, cruzaron la calle sin imaginar el horror que les esperaba.

De repente, dos hombres bajos, morenos y con sombrero, sacaron sus manos de los bolsillos. Uno de ellos se abalanzó sobre Berardelli y le propinó tres disparos, dejándolo de rodillas. Parmenter intentó huir, pero fue alcanzado por la espalda. Tambaleándose, soltó la caja, recibió otro balazo y cayó muerto. El asaltante recogió la caja, mientras el otro disparaba al aire. Un descapotable oscuro apareció. Un hombre saltó del vehículo, se acercó a Berardelli, aún herido en la calle, lo agarró del hombro y le disparó una vez más, de forma fatal. Todos los asaltantes subieron al descapotable y huyeron a toda velocidad.

Eran las tres y siete minutos de la tarde. La gente corría despavorida por la calle. El coche de los asesinos se detuvo frente a un paso a nivel. Amenazaron al guardabarrera, Mike Levangie, y le dispararon varias veces hasta que levantó la barrera. Uno de esos disparos rozó a Roy Gould, quien alcanzó a ver entre los atracadores a un hombre de pelo ondulado y traje azul con una cadena de reloj. La huida fue observada por unas cincuenta personas, con descripciones del conductor que variaban: algunos lo describieron como enfermizo, pálido, delgado y rubio con un abrigo marrón, mientras otros hablaban de un hombre moreno apuntando por la ventanilla delantera. Media hora después, los ladrones preguntaron a una mujer en Orchard Street el camino hacia Providence. Berardelli murió en el acto, pero Parmenter fue llevado al hospital, donde falleció el 16 de abril. Los testigos, aunque contradictorios en muchos detalles, coincidieron en que al menos dos de los asaltantes eran morenos y “parecían italianos”.

Una Investigación Confusa y Pistas Descartadas

La búsqueda de los culpables se convirtió en un verdadero rompecabezas. Seis hombres habían participado en el robo. La policía estaba convencida de que eran delincuentes experimentados, pero la falta de coordinación entre las diferentes fuerzas de seguridad se volvió un obstáculo insalvable. Por ejemplo, el inspector Ellsworth Jacobs, de New Bedford, identificó a un conocido ladrón de coches, Mike Morelli, conduciendo un Buick descapotable nuevo con la placa RI 154 E, y sabía que Morelli pertenecía a una banda de Providence. Este informe, crucial dado que los asaltantes preguntaron por el camino a Providence, inexplicablemente nunca llegó a la policía encargada del caso. Años después, Morelli se jactaría de haber cometido el asalto y los homicidios, y de haber engañado a la policía. Una pista vital se perdió para siempre.

Un día después de los asesinatos, el Servicio Federal de Inmigración contactó al jefe de policía de Bridgewater, Michael Steward, para que ubicara a Ferrucio Coacci, un anarquista italiano que debía ser deportado por distribuir folletos subversivos. Coacci vivía con otro anarquista, Mike Boda. El Buick descapotable, que resultó ser azul marino y no negro, fue encontrado a menos de tres kilómetros de la casa de Coacci. El jefe Stewart no encontró a Coacci, pero sí a Boda, quien tenía una pistola automática española. Asombrosamente, Stewart no lo detuvo, y Boda desapareció al día siguiente. La policía descubrió que el coche de Boda, un Overland, había entrado en un taller mecánico por desperfectos dos días después del doble crimen. Stewart sabía que se habían hallado rastros de neumáticos de dos coches en la escena del crimen, y uno de ellos podría ser el de Boda.

La Captura de Sacco y Vanzetti: El Inicio de la Controversia

El auto Overland estaba, en efecto, en el taller. La noche del 5 de mayo, Ruth, la esposa del mecánico, llamó a Stewart para informarle que Boda había llegado en una moto preguntando por su coche. Según ella, dos hombres, uno con sombrero y el otro con un bigote caído, lo acompañaban. Boda se fue en su moto, y los otros dos se marcharon a pie. Estos dos hombres fueron arrestados a unos 15 kilómetros de Braintree. Eran italianos y sus nombres, que pronto resonarían en todo el mundo, eran Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti.

A Sacco le encontraron su pasaporte, una pistola automática Colt modelo 1903, calibre 32, y veintitrés cartuchos. A Vanzetti, un revólver calibre 38 niquelado de cinco tiros, cargado y similar al que llevaba el guardia Berardelli (arma que nunca fue encontrada en la escena del crimen), y algunos cartuchos de escopeta calibre .12. En la comisaría de Campello, Brockton, durante el interrogatorio, los policías se enteraron de que Vanzetti, de treinta y un años, era vendedor ambulante de pescado en Plymouth, Massachusetts, y que llevaba panfletos anarquistas. Sacco, de veintinueve, era zapatero en Stoughton y también portaba un discurso libertario. Ruth, la mujer del mecánico, los identificó como los dos hombres que acompañaban a Boda, pero esto solo los vinculaba a las afueras de su casa, no al asalto y los homicidios.

Testimonios Contradictorios y el Peso de la Ideología

Sacco y Vanzetti eran de baja estatura y morenos, lo que la policía usó para argumentar su parecido con los atracadores. Sin embargo, esta descripción era tan genérica que podría aplicarse a muchas personas. Ninguno de los testigos mencionó que alguno de los tiradores llevara bigote, y el testimonio más relevante, el del mecánico Jimmy Bostock, quien vio a los ladrones de cerca, afirmó que estaban bien afeitados y tenían entre diecinueve y veintidós años, contradiciendo la apariencia de Sacco y Vanzetti, que eran mayores y, en el caso de Vanzetti, con bigote. La coartada de Sacco era que el día del asalto (15 de abril) había ido a Boston para tramitar su pasaporte para un viaje familiar a Italia, pero no pudo retirarlo. Luego fue a un bar y regresó. Aunque Sacco había trabajado en la fábrica de zapatos 3-K el resto del tiempo, el 15 de abril no. Vanzetti, por su parte, sostuvo que como todos los días, estuvo vendiendo pescado.

El fiscal Frederick Katzmann, convencido de tener a dos de los ladrones y asesinos, basó gran parte de su sospecha en que los acusados habían ocultado sus ideas anarquistas. En la rueda de reconocimiento, los presentaron a los testigos como los culpables, haciéndolos colocarse en diferentes posiciones de tiro. A pesar de esta "parodia", ni uno solo de los testigos pudo identificarlos con certeza. Mike Levangie, el guardabarrera, quien tuvo a uno de los ladrones apuntándole, no pudo reconocerlo, pero afirmó que Vanzetti, por su bigote y pelo oscuro, era el conductor. Este testimonio contradecía la descripción de otros testigos que hablaban de un conductor joven, rubio y de cara enfermiza, por lo que la policía y el fiscal lo descartaron. Los problemas para Vanzetti se acumularon, ya que otras personas lo relacionaron con el asalto frustrado de Bridgewater, un robo similar ocurrido meses antes.

El Primer Veredicto: El Caso Bridgewater

El 11 de junio de 1920, Vanzetti fue acusado formalmente del asalto de Bridgewater, con cargos de intento de homicidio y robo. El juicio comenzó el 22 de junio en el Tribunal Supremo de Plymouth, la misma ciudad donde Vanzetti vendía pescado, actividad que él afirmaba estar realizando el día del robo. Cinco testigos lo habían reconocido, aunque con dudas. Uno de ellos, Maynard Shaw, declaró: “Puedo asegurar que era un extranjero. Lo supe por la forma de correr”. Una declaración absurda que la defensa no supo aprovechar. Según el fiscal Katzmann, un factor decisivo contra Vanzetti era la “percepción” de que tenía un “sentimiento de culpa”. El 1 de julio de 1920, el jurado deliberó durante cinco horas y encontró a Vanzetti culpable de todos los cargos. Antes de dictar sentencia, el juez Webster Thayer se enteró de que el jurado había manipulado los cartuchos de escopeta de Vanzetti sin la intervención de un perito balístico. Declaró nulo el juicio en relación al intento de homicidio, pero impuso a Vanzetti una condena de doce a quince años de cárcel por la tentativa de robo en Bridgewater. Vanzetti estaba convencido de que la condena era por su condición de italiano y anarquista, no por las pruebas.

El Juicio por los Asesinatos de Braintree: Justicia Ciega

Los asesinatos de Parmenter y Berardelli en Braintree seguían sin resolverse. Aproximadamente un mes después de la condena de Vanzetti por el caso Bridgewater, el jefe de policía Stewart afirmó haber obtenido una identificación positiva contra Sacco y Vanzetti, y ambos fueron acusados de robo y homicidio en South Braintree. Inmediatamente, se formó un Comité de Defensa de Sacco y Vanzetti, integrado principalmente por intelectuales anarquistas de Boston, que rápidamente recaudó fondos y obtuvo el apoyo de figuras como Carlo Tresca. El fiscal Katzmann, cegado por el orgullo profesional, se propuso condenar a estos dos inmigrantes, ignorando cualquier indicio o prueba que los favoreciera. El capitán William Proctor, de la investigación policial, que estaba convencido de la inocencia de Sacco y Vanzetti, fue destituido.

El juicio a Sacco y Vanzetti comenzó el 31 de mayo de 1921 en Dedham, Massachusetts. La pequeña ciudad se llenó de policía. La prensa no los trataba como asesinos o ladrones, sino como “anarquistas”, lo que evidenciaba el fuerte prejuicio ideológico que rodeaba el caso. El gobierno italiano y la Iglesia católica de Boston enviaron observadores, temiendo que ambos estuvieran condenados de antemano. Sacco fue defendido por Fred Moore, un abogado laboralista de California, mientras que Vanzetti fue representado por Jeremiah McAnarney. La selección del jurado duró más de un mes, quedando compuesto mayoritariamente por comerciantes y obreros, con solo un italiano. Los acusados observaban el proceso desde una especie de jaula, un detalle que reforzaba la percepción de su alteridad.

Katzmann abordó primero la prueba más débil: la de los testigos. Dos de ellos habían visto a Vanzetti en el coche, pero nadie lo había identificado como uno de los ladrones a pie que atacaron en Pearl Street. Sacco fue reconocido por siete testigos, pero de forma muy vaga y dudosa. En contraste, unos veintiséis testigos afirmaron que Sacco y Vanzetti no eran los asesinos ni los ladrones. El 5 de julio, Vanzetti, al ser preguntado por Katzmann si era el hombre que iba a pronunciar un discurso sobre los derechos de los trabajadores, respondió con dignidad: “Sí, señor, soy ese hombre, no el hombre que usted quiere, pero soy ese hombre”. El testimonio de Sacco comenzó el 6 de julio. Katzmann explotó el temor generalizado a las ideas anarquistas, que se creía podían derrocar el sistema de propiedad privada y justificar la violencia. El fiscal incluso preguntó a Sacco si su amor por el país se medía en “dólares y centavos”, a lo que Sacco replicó: “Nunca he mirado el dinero. El dinero nunca me ha hecho feliz”. Katzmann, consciente de que no tenía pruebas sólidas para acusarlos de asesinato, apeló al patriotismo y la moral, mezclando ideología con crimen, afirmando que un “verdadero ciudadano americano” era fiel a Dios y al país. El caso se convirtió en un reflejo del miedo a lo desconocido, a aquellos que pudieran atentar contra el modo de vida estadounidense en una época de incertidumbre.

La Condena y el Camino a la Silla Eléctrica

El caso de Sacco y Vanzetti capturó la atención de la prensa internacional. La probabilidad de una condena fue debatida en todo el mundo, provocando manifestaciones en numerosas ciudades italianas y miles de cartas a la embajada estadounidense en París. El jurado deliberó casi cinco horas y, a las siete y media de la tarde del 21 de julio de 1921, declaró culpables a Sacco y Vanzetti de los asesinatos de Frederick Parmenter y Alessandro Berardelli. Gritos de “¡Matan a dos inocentes!” resonaron en la sala.

Los condenados tuvieron que esperar casi seis años para la sentencia final debido a los numerosos planteamientos y apelaciones que el juez debía resolver. Durante este tiempo, el movimiento obrero los defendió como víctimas del sistema capitalista, mientras que los liberales protestaban, argumentando que, si bien podían ser culpables de anarquismo, no lo eran de asesinato. El sábado 9 de abril de 1927, una multitud se congregó a las puertas del Tribunal Supremo de Dedham para ver la llegada de Sacco y Vanzetti. El juez Thayer había rechazado cinco pedidos de revisión del caso. Ante el juez, Sacco afirmó: “No soy culpable, ni ayer, ni hoy ni nunca”. Vanzetti, con una elocuencia conmovedora, añadió: “No deseo a un perro ni a una serpiente ni a la más baja ni desgraciada criatura de la tierra, no deseo a nadie que sufra lo que yo he sufrido por algo de lo que no soy culpable”.

Ambos fueron condenados a la silla eléctrica. La presión internacional fue inmensa. Una docena de países intervinieron diplomáticamente, y figuras como Albert Einstein y Thomas Mann protestaron. El gobernador de Massachusetts, Alvin Fuller, creó un comité asesor que entrevistó al jurado y al propio juez Thayer. A pesar de todo, el 3 de agosto, el gobernador Fuller anunció que no habría revisión del juicio y que creía en la culpabilidad de Sacco y Vanzetti.

El Último Acto: Un Legado de Injusticia y Lucha

En los días previos a la ejecución, Bartolomeo Vanzetti pronunció uno de los testimonios más sobrecogedores de un condenado a muerte, que se convirtió en un testamento de su inocencia y la trascendencia de su sacrificio: “Si no fuera por este asunto, hubiera podido vivir hablando en las esquinas con hombres desconocidos. Hubiera muerto en el anonimato, inadvertido, en fin, un fracaso. Pero ahora… No somos un fracaso. Es nuestra carrera y nuestro triunfo. Nunca en la vida hubiéramos soñado en hacer tanto por la tolerancia, la justicia y la comprensión humana como lo estamos haciendo por casualidad. Nuestras palabras, nuestras vidas, nuestro dolor… ¡no son nada! Perder nuestras vidas, vida de un buen zapatero y de un pobre vendedor de pescado… ¡Es todo! Este último momento nos pertenece, esta agonía es nuestro triunfo”.

El martes 22 de agosto de 1927, poco antes de la medianoche, la prisión de Charleston fue protegida por guardias armados con ametralladoras y quinientos policías ante la multitud que se había congregado. A las doce y media de la madrugada del 23 de agosto, se informó que Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti habían sido ejecutados. Su muerte no cerró el caso, sino que lo inmortalizó como un símbolo de la injusticia social, la persecución ideológica y los peligros de un sistema judicial influenciado por el miedo y el prejuicio. Su historia sigue siendo un recordatorio de la importancia de la vigilancia en la defensa de los derechos individuales y la búsqueda de la verdad.

Preguntas Frecuentes (FAQ) sobre Sacco y Vanzetti

¿Quiénes fueron Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti?
Eran dos inmigrantes italianos y anarquistas que fueron acusados de robo y asesinato en Estados Unidos en 1920. Sacco era zapatero y Vanzetti era vendedor ambulante de pescado.

¿De qué se les acusó?
Fueron acusados del robo y doble homicidio del cajero Frederick Parmenter y el guardia Alessandro Berardelli, ocurrido el 15 de abril de 1920 en South Braintree, Massachusetts. Vanzetti también fue previamente condenado por un intento de robo en Bridgewater.

¿Por qué fue tan controvertido su juicio?
La controversia radicó en las pruebas contradictorias de los testigos, las coartadas de los acusados, las irregularidades en el proceso judicial y, sobre todo, el fuerte prejuicio contra ellos debido a su origen italiano y sus ideas anarquistas. Muchos creyeron que fueron condenados por su ideología más que por pruebas concluyentes.

¿Cuál fue el veredicto final y su condena?
Fueron declarados culpables de los asesinatos de South Braintree el 21 de julio de 1921 y, tras años de apelaciones y rechazos de revisión, fueron condenados a la silla eléctrica. La sentencia se ejecutó el 23 de agosto de 1927.

¿Fueron realmente culpables?
Hasta el día de hoy, su culpabilidad es objeto de debate y la mayoría de los historiadores y juristas modernos consideran que el juicio fue un grave error judicial, influenciado por la xenofobia y el miedo a la ideología anarquista de la época. Muchos sostienen que eran inocentes de los crímenes por los que fueron ejecutados.

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