10/05/2023
En un mundo donde la higiene y la salud son prioritarias, especialmente a raíz de eventos globales como la pandemia de SARS-CoV-2, una antigua costumbre ha resurgido con fuerza en la conversación pública: la de quitarse los zapatos antes de entrar en casa. Lo que para algunos es un hábito arraigado, para otros es una novedad o incluso una curiosidad. Pero, ¿cuál es el verdadero origen de esta práctica que millones de personas y sus antepasados han mantenido durante siglos en diversas partes del planeta? Lejos de ser una simple manía, este acto encierra un profundo significado histórico, cultural, religioso y, sí, también sanitario.

- Más Allá de la Suciedad: Un Vistazo Histórico a la Impureza y la Jerarquía
- La Arquitectura como Catalizador: El Caso de Asia Oriental
- De la Piedad al Protocolo: La Dimensión Religiosa y Cultural
- El Legado de Imperios y Tradiciones Familiares
- ¿Qué Dice la Ciencia? Zapatos, Gérmenes y el Coronavirus
- Una Costumbre Global: ¿Por Qué Algunos Sí y Otros No?
- Preguntas Frecuentes (FAQ)
- ¿Es obligatorio quitarse los zapatos en casa por razones sanitarias?
- ¿El coronavirus puede transmitirse a través de los zapatos?
- ¿Por qué en algunas culturas es ofensivo mostrar los zapatos o arrojarlos?
- ¿Dónde se originó la costumbre de quitarse los zapatos antes de entrar en casa?
- ¿Se utilizan zapatos especiales para estar dentro de casa?
Más Allá de la Suciedad: Un Vistazo Histórico a la Impureza y la Jerarquía
Desde tiempos inmemoriales, los pies han ostentado un significado especial en todas las culturas. Margo DeMello, autora de Feet and Footwear: A Cultural Encyclopedia, explica que, a diferencia de la cabeza, asociada con el alma y la mente, los pies se vinculan tradicionalmente con la impureza. Son la parte del cuerpo que está en contacto directo con el suelo, arrastrando sus contaminantes a cualquier lugar al que se ingrese. Los primeros tipos de calzado, como las sandalias y los suecos, surgieron precisamente para proteger los pies durante el trabajo exterior. Por ello, al regresar del mundo exterior, quitarse el calzado se convirtió en una forma simbólica y física de eliminar esas impurezas antes de pisar el hogar.
Esta práctica no solo era común entre los habitantes de un lugar, sino que se extendía a los invitados. En civilizaciones antiguas, era habitual que los esclavos lavaran los pies de los visitantes antes de que estos entraran en la casa. Este ritual no solo reforzaba el alto estatus del invitado, sino también el bajo estatus del esclavo, quien, en esas culturas, solía estar descalzo. Así, la costumbre trascendía la mera limpieza, entrelazándose con la jerarquía social. Los trabajadores, que se ensuciaban, pertenecían a una clase social inferior, y la suciedad del calzado simbolizaba no solo la impureza física, sino también el trabajo y la posición humilde. En algunas civilizaciones africanas antiguas, los pobres debían descalzarse ante la presencia del rey, ya que sus zapatos, al estar en contacto con la tierra exterior, eran una amenaza simbólica contra el líder.
La Arquitectura como Catalizador: El Caso de Asia Oriental
En Asia, el origen de esta práctica se sitúa posiblemente en China, un epicentro cultural que influyó en países como Corea, Japón o Vietnam. David Sevillano-López, profesor de Estudios de Asia Oriental de la Universidad Complutense de España, señala que en la tradición china, quitarse los zapatos era una necesidad intrínseca a la forma de construir las viviendas. La casa tradicional china, con su planta cuadrada y habitaciones independientes distribuidas alrededor de patios, obligaba a pasar por zonas exteriores antes de acceder a las estancias interiores. Independientemente del calzado, este arrastraba la suciedad de la calle y de los patios.
A esto se sumaba la ausencia de sillas en la antigua China, donde las personas se sentaban directamente en el suelo o en esteras. Si no se quitaban los zapatos, el lugar donde se sentaban, comían o incluso dormían se llenaba de la suciedad exterior. Para evitar esta situación desagradable, se desarrollaron una serie de convenciones, o etiquetas, que inicialmente eran propias de la nobleza y que con el tiempo se generalizaron a toda la población. Libros antiguos como el Liji, que data de entre el 475 y el 221 a.C., ya advertían sobre la necesidad de que los zapatos no pisaran el suelo de un alojamiento y se quedaran en la puerta. También se prohibía subir a una estancia con zapatos, especialmente si se iba a ver a un anciano, como señal de respeto.
Japón, fuertemente influenciado por la cultura china, adoptó y reforzó esta idea. El clima húmedo y el uso de pisos de tatami, un material extremadamente difícil de limpiar, hicieron que quitarse los zapatos fuera una práctica esencial para evitar el lodo y la suciedad. Para los japoneses, el suelo no es solo para caminar; es un espacio para actividades diarias como comer y dormir. Por ello, las viviendas japonesas cuentan con una sección específica para dejar el calzado, conocida como genkan.
De la Piedad al Protocolo: La Dimensión Religiosa y Cultural
Históricamente, el acto de estar descalzo se ha asociado con la humildad y la reverencia. Margo DeMello reflexiona en su libro sobre cómo muchas prácticas religiosas incluyen estar descalzo, lavarse los pies (o lavar los del prójimo), besar los pies de otra persona o realizar peregrinaciones sin calzado.
- Budismo e Hinduismo: En el budismo, descalzarse al entrar en un templo es un signo de respeto. En la India, donde surgió el budismo, la suciedad y el polvo se asociaban con los mortales, mientras que a los dioses se les vinculaba con la pureza y la limpieza. La periodista Kamala Thiagarajanen relata cómo, en la India, es habitual quitarse los zapatos antes de entrar en casa, visitar amigos o familiares, o durante las oraciones en templos hindúes.
- Islam: En el islam, la pureza es un pilar fundamental. Para entrar en la zona de rezos de una mezquita, cualquier persona debe quitarse los zapatos y dejarlos en un área asignada. Antes de la oración, los creyentes realizan abluciones que incluyen lavarse varias partes del cuerpo, entre ellas los pies. La oración misma se hace sin zapatos. Delfina Serrano, investigadora del Departamento de Estudios Judíos e Islámicos, explica que esta costumbre se extiende a los hogares islámicos, considerados un espacio sacrosanto, asegurando que no haya nada impuro al orar en casa.
El Legado de Imperios y Tradiciones Familiares
La influencia de grandes imperios también ha contribuido a la difusión de esta costumbre. El Imperio Otomano, una de las potencias más grandes de la historia, controló vastos territorios y dejó un legado cultural significativo. Lale Gorunur, curadora del Museo Sadberk Hanim de Estambul, explica que los otomanos nunca entraban con los zapatos de la calle, siempre se los quitaban en la puerta. Adoptaron el uso del terlik, una pantufla para estar en casa. Esta costumbre se arraigó en muchos territorios que fueron parte del imperio, como Serbia y Hungría, donde las pantuflas siguen siendo comunes.
Margarita Gokun Silver, autora del artículo “Welcome, Please Remove Your Shoes”, comparte su experiencia personal en la URSS, donde creció. Allí, los tapochki (pantuflas) se usaban habitualmente, dejando la suciedad de afuera en la entrada. Para ella, caminar dentro de cualquier casa con los zapatos de la calle era inaceptable. Aunque el origen preciso del hábito es misterioso, los tapochki ocupan una parte importante de la psique rusa. Más allá de los beneficios pragmáticos de mantener limpios pisos y alfombras, el verdadero beneficio es simbólico: el espacio doméstico como un santuario donde se dejan las preocupaciones del mundo en la puerta.
Más allá de las tradiciones y la cultura, la ciencia también ha puesto el ojo en el acto de andar con zapatos en casa. El doctor Jonathan Sexton, director de un laboratorio en la Universidad de Arizona, afirma que los microbios pueden transferirse de nuestros zapatos a las superficies sobre las que caminamos. Estudios han encontrado patógenos fecales y cutáneos en los zapatos y han observado cómo se extienden en casas y otros edificios. Los pisos de superficie dura, como baldosas o madera, transfieren más fácilmente los microbios, pero también son más fáciles de desinfectar. En las alfombras, la transferencia es más difícil, pero la desinfección es más ardua, lo que permite que los organismos sobrevivan más tiempo atrapados en las fibras.

Sin embargo, Sexton aclara que el riesgo para la salud de la población general por caminar con zapatos en casa es relativamente bajo. La interacción con los pisos no es tan constante como para representar un riesgo significativo, a menos que se trate de bebés que gatean y se llevan objetos a la boca. Para él, quitarse los zapatos es más una razón estética, para no ensuciar las alfombras, que una preocupación sanitaria primordial.
Respecto al coronavirus, Sexton considera que es posible que el virus esté en nuestros zapatos, pero que probablemente no sea un incidente común. Las condiciones para la transmisión tendrían que ser perfectas: pararse en un área con el virus, que se transfiera a los zapatos, que luego pase al piso de casa, que se toque esa parte del piso y, finalmente, que se toque una membrana mucosa del rostro. Esta cascada de eventos es poco probable. El profesor Carlos Gamazo, director del departamento de Microbiología de la Universidad de Navarra, añade que la supervivencia de un virus en una superficie como un zapato depende de muchos factores ambientales (calor, radiación solar, humedad) y de la composición química del virus. Además, la presencia de otros microorganismos en el zapato puede ser desfavorable para el virus, que, como el coronavirus, necesita células huésped para multiplicarse. En resumen, quitarse los zapatos por el coronavirus sería una preferencia personal, no una obligación sanitaria estricta.
Una Costumbre Global: ¿Por Qué Algunos Sí y Otros No?
La pregunta fundamental no es solo por qué algunas culturas se quitan los zapatos, sino por qué otras no lo hacen. Margo DeMello señala que, si bien la práctica continúa en muchas partes de Europa, algunas culturas se han desviado de ella por diferentes razones. España y Portugal son dos de esos países, y sus costumbres fueron llevadas a América Latina. En estos lugares, la comodidad o razones prácticas (como la nieve) pueden ser los únicos motivos para quitarse los zapatos, a diferencia de las profundas razones culturales o religiosas de otras regiones.
Motivos para Quitarse los Zapatos en Casa
| Categoría de Motivo | Descripción | Ejemplos Culturales/Históricos |
|---|---|---|
| Higiene y Limpieza | Evitar introducir suciedad, barro, polvo y gérmenes del exterior al interior del hogar. Proteger superficies delicadas como alfombras o tatamis. | China antigua, Japón (tatami, clima húmedo), Rusia (tapochki), familias en EE. UU. (nieve, estética). |
| Simbólica y Religiosa | Remover impurezas físicas y espirituales. Mostrar humildad, respeto y reverencia al entrar en un espacio sagrado o doméstico. | Civilizaciones antiguas (pies impuros), Budismo (templos), Hinduismo (templos y hogares), Islam (mezquitas y hogares sacrosantos). |
| Social y Jerárquica | Demostrar estatus social (invitados vs. esclavos). Respeto hacia figuras de autoridad (reyes, ancianos). | Antigua África (ante el rey), China antigua (ante ancianos o gobernantes), rituales de lavado de pies. |
| Arquitectónica | Adaptación a diseños de viviendas que implican sentarse en el suelo o pasar por patios intermedios. | Casas tradicionales chinas (patios, sin sillas), viviendas japonesas (genkan, tatami). |
| Cultural y Legado | Hábito transmitido a través de generaciones o por influencia de imperios y culturas dominantes. | Imperio Otomano (terlik), URSS/Rusia (tapochki), países influenciados por China. |
| Comodidad Personal | Preferencias individuales por sentirse más cómodo o relajado en el hogar. | Personas en EE. UU. o Alemania por comodidad. |
Preguntas Frecuentes (FAQ)
¿Es obligatorio quitarse los zapatos en casa por razones sanitarias?
Aunque los zapatos pueden transferir microbios y patógenos del exterior al interior, el riesgo general para la salud de la población es relativamente bajo, a menos que haya bebés gateando o personas con sistemas inmunes comprometidos. Para la mayoría, es más una preferencia personal o estética que una obligación sanitaria estricta.
Es posible, pero muy poco probable. La transmisión requeriría una cadena de eventos muy específica: el virus en el suelo, su transferencia al zapato, luego al piso de casa, que alguien toque esa zona y, finalmente, se toque una membrana mucosa de la cara. La supervivencia del virus en la superficie del zapato también depende de múltiples factores ambientales.
¿Por qué en algunas culturas es ofensivo mostrar los zapatos o arrojarlos?
En el mundo islámico, por ejemplo, los zapatos están asociados con la impureza al tocar el suelo. Arrojar un zapato a alguien o mostrárselo es una de las mayores ofensas, ya que se le asocia con la suciedad y la parte más baja del cuerpo. Este gesto fue un acto de desprecio extremo por parte de un periodista iraquí hacia el entonces presidente George W. Bush.
¿Dónde se originó la costumbre de quitarse los zapatos antes de entrar en casa?
Si bien muchas civilizaciones antiguas en África, Asia y Europa la practicaban por razones de pureza y jerarquía, el origen en Asia se atribuye principalmente a China. La arquitectura tradicional china, con sus patios y la costumbre de sentarse en el suelo, hizo de esta práctica una necesidad que luego se extendió a otras culturas asiáticas como la japonesa y la coreana, y de ahí a otras regiones del mundo.
¿Se utilizan zapatos especiales para estar dentro de casa?
Sí, en muchas culturas donde se mantiene esta tradición, como en China y Japón, se utilizan pantuflas o zapatillas especiales para estar dentro del hogar. A menudo, también se ofrecen zapatillas para los invitados, como los terlik en Turquía o los tapochki en Rusia.
En conclusión, el simple acto de quitarse los zapatos en la puerta de casa es mucho más que una medida de limpieza. Es un eco de antiguas creencias sobre la pureza, un vestigio de jerarquías sociales, una adaptación a formas de vida y arquitectura milenarias, y una manifestación de respeto religioso. Aunque la ciencia moderna mitiga las alarmas sanitarias en la mayoría de los casos, la riqueza de su historia y su profundo significado cultural siguen haciendo de esta costumbre una fascinante ventana a la diversidad de la experiencia humana.
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