18/05/2025
El 1 de enero de 1994 marcó un hito en la historia contemporánea de México y del mundo. En el estado de Chiapas, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) emergió a la luz pública, declarando la guerra al gobierno federal. Este grupo armado, compuesto en su mayoría por indígenas de diversas comunidades que llevaban una década de formación política y militar, se transformó rápidamente de una insurgencia militar a un movimiento social con múltiples facetas. A lo largo de casi tres décadas, el zapatismo ha transitado por diversos rumbos, atrayendo la atención de académicos y activistas por igual. En este contexto, la obra de María Inclán, originalmente publicada en inglés y luego traducida al español, ofrece una perspectiva fresca y crítica, abordando el análisis desde la teoría de los movimientos sociales, con un particular énfasis en la estructura de oportunidades políticas.

La investigación de Inclán se distingue por su capacidad de ofrecer una lectura sincrónica de las actividades de protesta del EZLN y los procesos de transición democrática electoral en México, cubriendo el periodo de 1994 a 2003, y actualizado hasta 2012. Su trabajo no solo enriquece la vasta bibliografía existente sobre el zapatismo, sino que también proporciona una herramienta conceptual poderosa para comprender la resiliencia y las transformaciones de este singular movimiento. La portada del libro, con sus coloridos murales y símbolos como los caracoles, que evocan los espacios autónomos zapatistas, es una metáfora visual de la profundidad del análisis que se despliega en sus páginas, llevando al lector a los "puertos de llegada" de la autonomía zapatista.
- El Nacimiento de un Movimiento: 1994 y Más Allá
- Las "Puertas Corredizas" de las Oportunidades Políticas
- De la Negociación a la Desilusión: Acuerdos y Rechazos
- La Autonomía Zapatista: Caracoles y Juntas de Buen Gobierno
- La Supervivencia a Través de la Solidaridad Transnacional
- El Futuro del Zapatismo: ¿Retorno a la Arena Electoral?
El Nacimiento de un Movimiento: 1994 y Más Allá
Las profundas condiciones de pobreza y marginación que han persistido históricamente en el estado de Chiapas fueron el detonante que capturó la atención de María Inclán ante la emergencia del levantamiento armado zapatista. Aunque no hubo un único fundador del zapatismo en el sentido tradicional, la aparición del EZLN el 1 de enero de 1994 fue el resultado de una década de organización clandestina y formación político-militar de un colectivo de indígenas de diversas comunidades. Este grupo, cansado de la invisibilidad y el despojo, optó por la vía armada para hacer oír sus demandas de justicia, tierra, democracia, libertad y dignidad para los pueblos indígenas de México.
El levantamiento zapatista irrumpió en un momento clave de la historia mexicana, justo cuando entraba en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), lo que puso en evidencia las profundas desigualdades sociales y la fragilidad del sistema político. La declaración de guerra del EZLN contra el gobierno federal, acompañada de la toma de varias cabeceras municipales, generó un impacto nacional e internacional sin precedentes. Rápidamente, el conflicto armado se transformó en un movimiento social complejo, que supo adaptarse a las cambiantes coyunturas políticas y sociales.
A lo largo de los años siguientes, el EZLN desplegó un amplio repertorio de protestas, que Inclán documenta exhaustivamente. Entre 1994 y 2003, estas acciones incluyeron invasiones de tierras, marchas masivas, bloqueos de carreteras, encuentros y mítines internacionales, huelgas y tomas simbólicas de edificios públicos. Estas formas de movilización buscaban presionar al gobierno para que atendiera sus demandas y visibilizar la realidad de los pueblos indígenas. El estudio transversal y longitudinal de estos eventos permite comprender el ciclo de protesta zapatista bajo la lente de las oportunidades políticas que se presentaban en el contexto de la llamada transición democrática mexicana.
Las "Puertas Corredizas" de las Oportunidades Políticas
Una de las contribuciones más significativas del trabajo de María Inclán es su aplicación de la teoría de la estructura de oportunidades políticas para analizar el zapatismo. Utilizando la metáfora de las "puertas corredizas automáticas", la autora ofrece una lectura meta-analítica que conecta la narrativa de los hechos con el ambiente político circundante, los objetivos del movimiento y los obstáculos que enfrentó. Esta perspectiva permite entender por qué la movilización social del EZLN no logró la plena consecución de sus demandas en un contexto de aparente apertura democrática.
Inclán define tres tipos de "puertas" o escenarios de oportunidad que el movimiento zapatista intentó transitar:
- La puerta de oportunidades para la movilización: Esta primera puerta se refiere a las condiciones que facilitaron la emergencia y el mantenimiento de la protesta. Incluye la apertura del sistema político (aunque limitada), la vulnerabilidad de las élites en el poder, la posibilidad de encontrar aliados políticos y la capacidad represiva del Estado. Un régimen en transición, por ejemplo, tiende a aplicar medidas represivas más suaves para mantener su legitimidad, lo que permite la supervivencia del movimiento, aunque restrinja su éxito político.
- La puerta de oportunidades para vencer (o lograr concesiones): Este escenario se concentra en la fase de negociación. Aquí, las oportunidades se presentan cuando hay una disposición a negociar aperturas, una fragilidad en las élites políticas y la posibilidad de establecer alianzas políticas que permitan la consecución de demandas. Sin embargo, como señala Inclán, las concesiones otorgadas durante las negociaciones con el EZLN a menudo fueron solo "procedimentales", es decir, se avanzó en la forma, pero no en el fondo de las demandas.
- La puerta de oportunidades para la supervivencia: Una vez que las puertas para la victoria política se cerraron, el zapatismo encontró su camino para la supervivencia en otros ámbitos. Esta puerta se basa fundamentalmente en el fortalecimiento de las redes transnacionales de solidaridad y la habilidad del movimiento para utilizar y adaptar marcos discursivos que resonaran con causas globales y locales, consolidando así su subjetividad identitaria.
Este marco conceptual es crucial para entender la dinámica del zapatismo, mostrando cómo el movimiento se adaptó a las circunstancias cambiantes, y cómo, a pesar de no lograr todas sus demandas políticas en el ámbito institucional, encontró vías para mantener su existencia y su proyecto de autonomía. La autora desglosa los detalles de la apertura del sistema político mexicano a nivel federal, estatal y municipal, y realiza un recuento exhaustivo de los cambios en el repertorio de protestas del EZLN, analizando cómo estas acciones se vieron influenciadas por las oportunidades políticas emergentes durante la transición democrática.
De la Negociación a la Desilusión: Acuerdos y Rechazos
El contexto político mexicano en el que se desenvolvió el zapatismo estuvo marcado por el dominio hegemónico del Partido Revolucionario Institucional (PRI) durante más de seis décadas. Sin embargo, a partir de finales de los años sesenta, con el movimiento estudiantil, la reforma electoral de 1977 y los comicios de 1988, comenzaron a aparecer fisuras en esta hegemonía, abriendo espacios para la oposición.
Uno de los momentos cruciales en la interacción entre el EZLN y el gobierno federal fueron los diálogos que culminaron en los Acuerdos de San Andrés en 1996. Estos acuerdos, firmados en San Andrés Larráinzar, Chiapas, abordaban temas fundamentales de derechos y cultura indígenas, incluyendo el reconocimiento de la autonomía de los pueblos originarios. Sin embargo, fueron rechazados por el entonces presidente Ernesto Zedillo, lo que generó una profunda desconfianza en el movimiento zapatista hacia las instituciones gubernamentales y los procesos de negociación.
La llegada de Vicente Fox, candidato del Partido Acción Nacional (PAN), a la presidencia en el año 2000, tras la alternancia en el poder federal después de setenta años de gobiernos del PRI, generó nuevas esperanzas. Se abrió la posibilidad de que los Acuerdos de San Andrés se elevaran a rango constitucional. Los zapatistas, en un gesto de buena voluntad y para presionar por su aprobación, realizaron la "Marcha del Color de la Tierra" hasta la Ciudad de México en 2001. Sin embargo, la reforma constitucional en materia indígena aprobada en 2001 fue considerada por el EZLN como una versión limitada y descafeinada de la autonomía que habían pactado. Esta ley, según Inclán, "legalizó la sumisión ya existente de los pueblos y las comunidades indígenas al poder de los gobiernos municipales", lo que significó un cierre de las puertas de oportunidad política para el reconocimiento pleno de los pueblos indígenas como entidades políticas.
A pesar de los cambios a nivel federal, la autora señala que en el estado de Chiapas prevaleció el dominio del PRI, y curiosamente, fue en los municipios gobernados por este partido donde se registró un mayor número de protestas zapatistas. Aunque en 2001 se observaron cambios en el plano municipal con la emergencia de gobiernos de otros partidos, lo que coincidió con una disminución en la actividad de protesta, la frustración por la falta de cumplimiento de los acuerdos llevó al EZLN a buscar nuevas estrategias.
La Autonomía Zapatista: Caracoles y Juntas de Buen Gobierno
Ante el cierre de las puertas de oportunidad política para incidir en el marco legal federal y la desilusión con los procesos de negociación, el EZLN tomó una decisión trascendental en 2003: llevar a cabo un ejercicio de autonomía de facto. Esto implicó la creación de nuevos centros regionales de poder paralelos al Estado mexicano, conocidos como las Juntas de Buen Gobierno (JBG), ubicadas en espacios denominados "caracoles zapatistas".
Los caracoles son más que simples territorios; son núcleos de organización social, política y cultural donde las comunidades zapatistas ejercen su autonomía en la práctica. A través de las JBG, se administran proyectos de salud, educación, justicia, producción y comercio, construyendo un sistema alternativo que busca mejorar las condiciones de vida de sus bases sin depender del gobierno federal. Esta decisión marcó una bifurcación en el camino del movimiento, pasando de la presión y negociación con el Estado a la construcción de sus propias estructuras de gobierno y autogestión.
Aunque la publicación de Inclán, basándose en estadísticas oficiales, sugiere una incapacidad para mejorar las condiciones de vida de la población, es importante destacar que esta afirmación podría tener un sesgo metodológico. La autonomía zapatista, a lo largo de más de veinte años, ha generado un impacto significativo en la atención a la salud, la educación bilingüe e intercultural, la producción agrícola sustentable y la procuración de justicia comunitaria. Investigar estos efectos con parámetros cualitativos y cuantitativos más allá de las estadísticas oficiales es un área de oportunidad para futuras investigaciones, que permita comprender la verdadera incidencia de estos proyectos autogestionados en la vida cotidiana de miles de familias.

La Supervivencia a Través de la Solidaridad Transnacional
Cuando las vías políticas institucionales se cerraron para el zapatismo, la "puerta de oportunidad para la supervivencia" se abrió de par en par, impulsada por dos pilares fundamentales: las redes transnacionales de solidaridad y la capacidad del movimiento para enmarcar y re-enmarcar sus discursos de acuerdo con las causas globales y los acontecimientos que lo rodeaban.
Desde los primeros días de la tregua en el conflicto armado, la comunicación del discurso zapatista a través de internet y otros medios propició un sólido entramado de redes de movilización de la solidaridad transnacional. Estas redes, compuestas por organizaciones sociales, activistas, intelectuales y ciudadanos de todo el mundo, han brindado un apoyo invaluable al proceso de autonomía zapatista a nivel local. La base de organizaciones sociales existentes en Chiapas, muchas de ellas fundadas por el trabajo pastoral de la diócesis de San Cristóbal, también jugó un papel crucial en la construcción de este entramado.
Sin embargo, María Inclán también señala lo que considera "consecuencias accidentales de la solidaridad transnacional". Estas incluyen un posible distanciamiento de la opinión pública y la caída en la atención mediática nacional e internacional sobre el conflicto zapatista y su agenda política. Este fenómeno plantea interrogantes sobre la estrategia de los medios masivos de comunicación, la persistencia de un sistema político excluyente que constriñe las oportunidades políticas a las élites, e incluso las dinámicas internas de las propias redes transnacionales, que pueden tener naturalezas e intereses heterogéneos. Las divisiones entre las organizaciones solidarias con los zapatistas, como se ha observado recientemente en el marco de sus giras por Europa, son un fenómeno constante que el texto ya señalaba en alusión a la posibilidad de un frente indígena-campesino unificado.
A pesar de estos desafíos, la capacidad del movimiento para adaptar y difundir sus mensajes, conectándolos con causas más amplias como la globalización, los derechos indígenas y la resistencia al neoliberalismo, le ha permitido sobrevivir hasta nuestros días. Esta habilidad discursiva ha sido clave para mantener el apoyo y la visibilidad, incluso cuando la atención mediática nacional disminuía.
El Futuro del Zapatismo: ¿Retorno a la Arena Electoral?
En su último capítulo, la publicación de Inclán plantea escenarios futuros para el zapatismo, reconociendo la dificultad de comparar el movimiento con otros procesos sociales y electorales en el mundo. De manera esperanzadora, el libro incorpora reflexiones sobre iniciativas de reformas políticas que proponían un incremento de la participación ciudadana, como las candidaturas independientes.
Un ejemplo concreto de esta posible "vuelta" a la arena institucional es la promoción de una candidatura independiente a la presidencia de la república en 2018 por parte del Congreso Nacional Indígena (CNI). El CNI es una red articulada alrededor del zapatismo que agrupa a diversos colectivos indígenas del país, quienes enfrentan diferentes procesos de resistencia en sus territorios. Este hecho es catalogado por la autora como inspirador, ya que sugiere que "los zapatistas, y con suerte otras organizaciones alienadas, parecen estar dispuestos a regresar a jugar dentro de los límites institucionales del sistema político para defender sus intereses y exigencias. Si este fuera el caso, mejoraría la calidad de la democracia mexicana".
Este posible giro hacia la participación electoral, aunque en un marco de candidaturas independientes y manteniendo su crítica al sistema de partidos, dibuja nuevos rumbos para la investigación y para el propio movimiento zapatista. La capacidad de adaptación y la búsqueda de nuevas estrategias demuestran la complejidad y la vitalidad del zapatismo, que continúa siendo un referente fundamental para el estudio de los movimientos sociales en México y en el mundo.
En síntesis, la obra de María Inclán no solo es un referente académico invaluable, anclado en una cuidadosa interpretación teórica desde el enfoque de la estructura de oportunidades políticas, sino también un testimonio de memoria histórica. Subraya el curso de los primeros diez años del movimiento zapatista en el marco de la transición política y el cierre de oportunidades para alcanzar sus objetivos políticos, evidenciando una bifurcación de caminos e intereses entre las élites y el movimiento social. Al mismo tiempo, es una invitación a explorar otros escenarios y procesos sociales en diversas escalas del movimiento, ofreciendo una visión profunda que las nuevas generaciones deberían conocer para comprender la riqueza y la complejidad de la lucha por la autonomía y la dignidad en México.
Preguntas Frecuentes sobre el Zapatismo y la Publicación
¿Quién fue el fundador del zapatismo?
El zapatismo no tuvo un único fundador. El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) se formó como un grupo armado integrado por indígenas de diversas comunidades de Chiapas, quienes se organizaron política y militarmente durante al menos una década antes de su aparición pública en 1994. Su origen es colectivo y arraigado en las comunidades indígenas.
¿Qué son los Acuerdos de San Andrés?
Los Acuerdos de San Andrés son un conjunto de pactos firmados en 1996 entre el EZLN y el gobierno federal mexicano en San Andrés Larráinzar, Chiapas. Abordaban temas de derechos y cultura indígenas, incluyendo el reconocimiento de la autonomía de los pueblos originarios. Fueron rechazados por el entonces presidente Ernesto Zedillo, lo que generó una crisis de confianza.
¿Qué son los caracoles zapatistas y las Juntas de Buen Gobierno (JBG)?
Los caracoles zapatistas son centros regionales de poder establecidos por el EZLN a partir de 2003, paralelos al Estado mexicano. Dentro de ellos operan las Juntas de Buen Gobierno (JBG), que son los órganos de autogobierno encargados de coordinar los proyectos autónomos en áreas como salud, educación, justicia y producción para las comunidades zapatistas.
¿Por qué el EZLN rechazó la reforma constitucional de 2001 en materia indígena?
El EZLN consideró la reforma constitucional de 2001 como una versión limitada y descafeinada de los Acuerdos de San Andrés. Argumentaron que la reforma no reconocía plenamente la autonomía de los pueblos indígenas y que, en cambio, "legalizó la sumisión" de las comunidades al poder de los gobiernos municipales, desvirtuando el espíritu original de los acuerdos.
¿Qué papel juega la "solidaridad transnacional" en la supervivencia del zapatismo?
La solidaridad transnacional, a través de redes de organizaciones y activistas de todo el mundo, ha sido fundamental para la supervivencia del zapatismo. Proporciona apoyo moral, político y material, permitiendo al movimiento mantener sus proyectos autónomos y su visibilidad, especialmente cuando la atención mediática nacional ha disminuido.
| Concepto de "Puerta de Oportunidad" | Descripción | Implicación para el Zapatismo |
|---|---|---|
| Movilización | Condiciones que facilitan el surgimiento y la persistencia de la protesta. | Permitió la irrupción del EZLN y el mantenimiento de sus acciones a lo largo del tiempo, aprovechando ciertas aperturas del sistema político y la vulnerabilidad de las élites. |
| Victoria / Concesión | Posibilidades de lograr demandas a través de la negociación y alianzas políticas. | Limitadas a "concesiones procedimentales"; no se tradujeron en un reconocimiento sustantivo de las demandas indígenas, llevando a la desilusión y al cierre de esta puerta. |
| Supervivencia | Estrategias para mantener el movimiento cuando las vías políticas institucionales se cierran. | Se basó en las redes de solidaridad transnacional y la habilidad para adaptar discursos, permitiendo la construcción de autonomía de facto y la persistencia del movimiento. |
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