03/03/2023
En el fascinante universo del calzado, donde cada zapato y zapatilla cuenta una historia de diseño, confort y estilo, a veces nos topamos con curiosidades que trascienden la moda y nos sumergen en el complejo entramado de nuestra propia lengua. Como escritor dedicado al mundo de los pies y sus coberturas, he descubierto que incluso en el acto más simple de nombrar un objeto, como un zapato o un automóvil, se esconde una profunda discusión lingüística. Hoy, dejaremos a un lado las texturas y los colores para adentrarnos en una particularidad que confunde a muchos: la diferencia entre el sexo y el género en el idioma, una distinción crucial que nos permite comprender mejor por qué, por ejemplo, un 'zapato' es masculino en español, mientras su equivalente en francés, 'chaussure', es femenino.

Sexo vs. Género: Una Distinción Fundamental
La confusión entre sexo y género es un debate que, aunque pueda parecer contemporáneo, tiene raíces profundas en la observación y el estudio de nuestro lenguaje. La clave para entender esta distinción radica en reconocer que el sexo es una característica biológica, universal e invariable. Charles Darwin, al observar a una mujer desnuda en el Cabo de Hornos en 1832, no dudó en identificar su sexo, porque las características biológicas son inequívocas, sin importar la cultura o el lugar. En cambio, el género es una categoría gramatical, un accidente o morfema que caracteriza al sustantivo, cuyas propiedades son particulares y a menudo arbitrarias.
El padre Antonio Ruiz de Montoya, en 1651, cometió un error al referirse al género de 'sínodo' como femenino. Este es un ejemplo claro de cómo el género gramatical no siempre se alinea con una noción biológica o lógica. La Real Academia Española (RAE) en su “Gramática de la Lengua Española” lo aclara: el género no es una forma que las palabras reciben para indicar el sexo, sino una cualidad gramatical inherente al sustantivo. Así, podemos tener sustantivos que terminan en '-o' y son femeninos (como 'mano', 'radio', 'moto', 'foto') o que terminan en '-a' y son masculinos (como 'día', 'clima', 'fantasma', 'mapa', 'programa', 'fonema', 'poeta'). Esta flexibilidad demuestra que el género es una convención de la lengua, no una representación directa del sexo.
Un Viaje por el Género en Diferentes Idiomas: El Caso de 'Zapato' y 'Automóvil'
La arbitrariedad del género gramatical se hace aún más evidente cuando comparamos el español con otras lenguas, incluso aquellas que comparten una raíz común como el latín. Aquí es donde nuestras palabras 'zapato' y 'automóvil' entran en juego, revelando cómo lo que es masculino en un idioma puede ser femenino o incluso neutro en otro. Veamos algunos ejemplos:
Tabla Comparativa de Género Gramatical
| Palabra en Español | Género en Español | Palabra en Italiano | Género en Italiano | Palabra en Francés | Género en Francés | Palabra en Alemán | Género en Alemán |
|---|---|---|---|---|---|---|---|
| El zapato | Masculino | La scarpa | Femenino | Une chaussure | Femenino | Der Schuh | Masculino |
| El automóvil | Masculino | L'automobile | Femenino | La voiture | Femenino | Das Auto | Neutro |
| La sangre | Femenino | Il sangue | Masculino | Le sang | Masculino | Das Blut | Neutro |
| La flor | Femenino | Il fiore | Masculino | La fleur | Femenino | Die Blume | Femenino |
| El mar | Masculino | Il mare | Masculino | La mer | Femenino | Das Meer | Neutro |
| El sol | Masculino | Il sole | Masculino | Le soleil | Masculino | Die Sonne | Femenino |
| La luna | Femenino | La luna | Femenino | La lune | Femenino | Der Mond | Masculino |
Como podemos observar, nuestro querido 'zapato' es masculino en español, pero al cruzar la frontera hacia Francia, su equivalente 'chaussure' se transforma en femenino. Lo mismo ocurre con 'automóvil', que es masculino en español pero 'la voiture' en francés es femenino, y 'das Auto' en alemán es neutro. Estos ejemplos no solo demuestran que el género no está ligado al sexo real del objeto, sino que es una característica puramente gramatical que varía de un idioma a otro. La idea de que el sol es "fuerte y dominante" (masculino en español) y la luna "sutil y melancólica" (femenino en español) se desmiente en alemán, donde 'el sol' es 'die Sonne' (femenino) y 'la luna' es 'der Mond' (masculino). Esto subraya la naturaleza puramente convencional y no lógica del género gramatical.
¿El Género Depende del Sexo? Mitos y Realidades
La idea de que el género gramatical sirve para distinguir el sexo es una imprecisión que se desvanece al analizar la vasta cantidad de sustantivos que no tienen sexo alguno. ¿Qué sexo podríamos atribuirle a una 'mesa', una 'silla', o una 'escalera'? Sin embargo, todos estos objetos poseen un género gramatical en español. Incluso las partes del cuerpo humano, que pertenecen a seres con sexo, tienen un género gramatical independiente: 'pierna' es femenino, sin importar si es de un varón o una mujer; 'brazo' es masculino, independientemente de a quién pertenezca. Esta clara separación demuestra que atribuir al género la cualidad de distinguir los sexos es erróneo.
Además, el español cuenta con solo dos géneros (masculino y femenino), mientras que idiomas como el latín o el alemán poseen un género neutro. Si el género gramatical reflejara el sexo, ¿cómo se explicaría la existencia de un género neutro para seres u objetos que no tienen un sexo definido?
El Impacto de la "Perspectiva de Género" en el Idioma
En los últimos tiempos, hemos sido testigos de una creciente tendencia a utilizar lo que se denomina "perspectiva de género" en la redacción de textos, discursos y documentos. Esta práctica, impulsada por la noble aspiración de igualdad entre hombres y mujeres, a menudo confunde el sexo biológico con el género gramatical, llevando a la disociación del plural en sus dos elementos constitutivos ('alumnos y alumnas', 'profesores y profesoras') o al uso de formas abreviadas como 'los/as niños/as' o el símbolo '@' ('niñ@s').
Aunque la intención sea loable, estas modalidades atentan contra principios fundamentales de la lengua como la síntesis, la coherencia y la homogeneidad. El idioma tiende a expresar más contenido con la menor cantidad de elementos posible. Multiplicar vocablos innecesariamente no solo dificulta la lectura y la comprensión, sino que puede llevar a situaciones absurdas. El autor del texto original reescribe un fragmento de “El celoso extremeño” de Cervantes para ilustrar cómo el desdoblamiento constante hace que el texto sea denso y pesado, perdiendo la fluidez natural del castellano.
Lo más preocupante es cómo esta práctica se ha infiltrado en los libros de texto escolares. Un ejemplo citado del texto muestra cómo la frase "Los y las jóvenes se sintieran identificados" puede llevar a una interpretación errónea, sugiriendo que solo los varones se sintieron identificados. Otro caso alarmante es el de un niño que, al escuchar "Los niños y las niñas van de paseo. Algunos van en bicicleta y otros van caminando", preguntó angustiado: "¿Papá, y qué pasó con las nenas? ¿No se fueron al paseo?". Esto demuestra que una redacción que atenta contra la síntesis del idioma no solo transmite un conocimiento equivocado, sino que puede generar confusión e incluso angustia en los estudiantes.
Más Allá de la Gramática: Discriminación y Lenguaje
Es crucial reconocer que existe una discriminación sexual real y grave, que no debe confundirse con la gramática. El lenguaje, sin duda, refleja conceptos, ideas, prejuicios y sentimientos de una sociedad. Si bien el género gramatical en sí mismo no es sexista, el uso que hacemos de la lengua sí puede serlo.

Existen expresiones donde las correspondencias femeninas de términos masculinos adquieren un significado peyorativo, en detrimento de la mujer. Consideremos los siguientes ejemplos que ilustran esta desafortunada realidad:
Términos con Significado Divergente por Sexo
| Término Masculino | Significado | Término Femenino | Significado |
|---|---|---|---|
| Fulano | Persona cualquiera, indeterminada | Fulana | Prostituta |
| Prójimo | Cualquier persona, el semejante | Prójima | Mujer de mala vida |
| Hombre público | Hombre destacado en la vida social o política | Mujer pública | Prostituta |
| Mancebo | Joven, mozo | Manceba | Amante, concubina |
| Un galante (hombre) | Educado, atento, cortés | Una galante (mujer) | Prostituta |
| Un cualquiera (hombre) | Un hombre sin importancia | Una cualquiera (mujer) | Prostituta, mujer de vida fácil |
| Hombre honesto | Honrado en sus negocios y asuntos económicos | Mujer honesta | Castidad sexual, pudor |
Además, el uso del artículo "la" ante el apellido de una mujer ('la González', 'la Martínez') a menudo adquiere un tono peyorativo en la prensa, a diferencia de cómo se trata a los hombres (solo 'González', 'Martínez'). Estas son las verdaderas formas en que la discriminación se manifiesta en el lenguaje, y no a través de la existencia de un género gramatical que, como hemos visto, es una convención arbitraria.
La Defensa de Nuestra Lengua: Coherencia y Síntesis
La lengua no es solo nuestro principal medio de comunicación, sino también la portadora de valores esenciales de nuestra cultura. Defenderla de intentos de empobrecimiento, incluso aquellos con intenciones bienintencionadas, es una tarea fundamental. Pretender destruir o violentar estructuras gramaticales consolidadas durante siglos en nombre de una supuesta igualdad de sexos es una necedad. La evolución de la lengua significa avanzar, mejorar sus condiciones, no involucionar o despojarla de su coherencia y síntesis.
La paradoja es dramática: al intentar suprimir lo que se percibe como la parte sexista del idioma, confundiendo sexo y género, se corre el riesgo de transformar el castellano en una lengua que, paradójicamente, se basa más en el sexo. La lengua es inocente; es una herramienta indispensable del pensamiento y un pilar de nuestra cultura. No podemos permitir que el castellano, que ha dado y sigue dando obras de trascendental importancia, sufra una agresión que empobrezca sus posibilidades expresivas. El varón más rudo seguirá proyectando una sombra femenina en el lenguaje, y la mujer más dulce llevará en su pecho un corazón masculino, porque el género gramatical es una convención, y no una etiqueta biológica.
Preguntas Frecuentes sobre Género y Sexo en el Idioma
P1: ¿Es el género gramatical lo mismo que el sexo biológico?
R1: No, como hemos explorado, el género gramatical es una categoría lingüística (masculino, femenino, neutro en algunos idiomas) que se asigna a los sustantivos, mientras que el sexo biológico se refiere a las características físicas y reproductivas de los seres vivos. Son conceptos distintos, aunque a veces coincidan en el caso de personas y algunos animales.
P2: Si el género es arbitrario, ¿por qué algunas palabras masculinas terminan en '-a' y femeninas en '-o'?
R2: Las terminaciones '-o' para masculino y '-a' para femenino son comunes, pero no reglas absolutas. Existen sustantivos como 'mano' (femenino, termina en -o) o 'día' (masculino, termina en -a) que demuestran la naturaleza convencional y no estrictamente fonética del género, a menudo influenciada por su origen etimológico o por evolución histórica.
P3: ¿Por qué el idioma español tiene solo dos géneros y otros como el alemán tienen tres (masculino, femenino, neutro)?
R3: La cantidad de géneros gramaticales varía entre los idiomas debido a su evolución histórica y sus propias convenciones lingüísticas. No hay una razón intrínseca de "superioridad" o "inferioridad" en tener más o menos géneros. Simplemente, son diferentes sistemas que las lenguas han desarrollado para clasificar sus sustantivos.
P4: ¿El uso de un lenguaje inclusivo como 'todos y todas' o '@' mejora la igualdad de género?
R4: Según la perspectiva del autor, D. Jesús Ruiz Nestosa, estas prácticas, aunque bien intencionadas, no abordan la raíz de la discriminación sexual. En cambio, atentan contra la coherencia, la homogeneidad y la síntesis del idioma, dificultando la comunicación y el aprendizaje, sin lograr un impacto real en la igualdad entre sexos, que es un problema social y no gramatical.
P5: ¿Cómo podemos identificar la discriminación en el lenguaje si no es por el género gramatical?
R5: La discriminación en el lenguaje se manifiesta en el uso de palabras o expresiones que asignan significados peyorativos o limitantes a un sexo en comparación con el otro. Ejemplos claros son los términos que, siendo masculinos o femeninos, adquieren connotaciones negativas o diferentes según el sexo al que se apliquen, como 'hombre público' vs. 'mujer pública', o el uso despectivo de artículos con apellidos femeninos. Estos usos reflejan prejuicios sociales, no reglas gramaticales.
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