25/11/2022
Sonoros saludos a tod@s los amantes del cine y el sonido. Si hace unos meses tuvimos el placer de adentrarnos en la mente de Kiku Vidal, hoy continuamos esa fascinante exploración del arte sonoro cinematográfico de la mano de otro gigante en la materia: Alex F. Capilla. Con una carrera que se extiende desde principios de los 2000, Alex se ha consolidado como un referente indispensable en la industria del sonido para cine en España, con más de un centenar de producciones a sus espaldas. Su trabajo en los prestigiosos estudios La Bocina Sonido de Madrid lo ha convertido en un “cocinero” esencial en la creación de paisajes auditivos. Más allá de su impresionante currículum, lo que realmente define a Alex F. Capilla es su profunda pasión y humildad, cualidades que irradian en cada palabra al hablar de su gran amor: el Arte del Foley. En este artículo, desgranaremos los secretos de su oficio, su filosofía y el verdadero valor de dotar de vida sonora a las imágenes.

Alex F. Capilla: Un Viaje a Través del Paisaje Sonoro
De la Música al Cine: Los Primeros Acordes
La trayectoria de Alex F. Capilla en el mundo del sonido cinematográfico es un testimonio de cómo la pasión puede encontrarte. Sus raíces se hunden en la música, desde muy joven tocando la guitarra y encargándose de la sonorización de su grupo. Sin una vocación inicial clara por el cine, su interés por la tecnología musical y el manejo de software de edición como Fast Tracker o Cool Edit Pro, cultivado durante sus estudios en el IES Puerta Bonita de Madrid, lo prepararon para un camino inesperado. Fue una vacante de prácticas en post-producción de sonido, elegida por el simple deseo de “experimentar cosas nuevas más allá de lo musical”, lo que encendió la chispa de su carrera actual.
Los Primeros Pasos y Puntos de Inflexión
Tras sus estudios, alrededor del año 2000/01, Alex comenzó sus prácticas de post-producción con el reconocido montador de sonido Pelayo Gutiérrez. Un breve interludio como encargado de P.A. para la gira de Ketama lo llevó de vuelta a Pelayo, quien le ofreció su primer trabajo como ayudante de montaje de sonido. Esta labor inicial, que consistía en clasificar material, conformar EDLs, preparar wildtracks y montar ruidos básicos en equipos como el Akai DD1500 y un Macintosh Quadra 900, fue su bautismo de fuego en la profesión.
Varios momentos clave moldearon su carrera. La oportunidad de unirse al equipo de Ricardo Steinberg para la película “Los Otros” de Alejandro Amenábar fue un antes y un después. Verse en Londres, en la sala de mezclas, junto a figuras como Amenábar y Fernando Bovaira, le hizo exclamar: “¡¡¡Ostras… esto es lo mío!!!”. Otro hito importante fue “El sueño del caimán”, una pequeña producción hispano-mexicana donde, junto a Nacho Arenas, asumió por primera vez la máxima responsabilidad en la creación del mundo sonoro, desde el montaje hasta las mezclas. Estos proyectos, sumados a numerosos cortometrajes y otras producciones, fueron el crisol donde forjó su experiencia.
Filosofía y Evolución Profesional
La filosofía de trabajo de Alex F. Capilla se asienta sobre pilares fundamentales: orden, concentración y constancia. En un oficio que maneja una vasta cantidad de parámetros, archivos e información, la organización es clave para optimizar el tiempo propio y el del equipo. Solo así, una vez establecida la estructura, la creatividad puede fluir libremente, permitiendo experimentar, añadir o eliminar con facilidad. Este enfoque asegura que todos los involucrados en un proyecto comprendan el potencial del trabajo sonoro.
Su carrera ha sido una evolución constante, pasando por asistente, editor de sonido, mezclador de regrabación y, finalmente, consolidándose como Artista de Foley. Sin embargo, Alex se considera afortunado de no haberse desvinculado de ninguna de estas facetas. “Ahora, donde me siento más creativo es como ARTISTA de Foley, pero no descarto tampoco, por ejemplo, el montaje de sonido”, afirma. Su capacidad para trabajar simultáneamente en el Foley de una película, preparar diálogos y doblajes de otra, o encargarse del montaje de sonido de un cortometraje, demuestra una versatilidad poco común. Su gran sueño, sin embargo, es tener un estudio enteramente dedicado al Arte del Foley.
Sobre la especialización, Alex considera que es beneficiosa para potenciar las habilidades en un área específica. No obstante, valora enormemente su experiencia como montador de sonido, ya que le permite comprender mejor el Arte del Foley. “Gracias a que también soy montador de sonido entiendo muchas cosas del Arte del Foley, que si no lo hubiese sido, no las hubiese aprendido o no las haría igual”, explica. Esta sinergia, donde todas las áreas de trabajo se retroalimentan, enriquece el resultado final. No descarta a un “hombre orquesta”, sino todo lo contrario, pues cuanto más se sepa de cada fase, mejor será el resultado.
La técnica y la narrativa son dos pilares inseparables para Alex. Utiliza una metáfora brillante: conducir un coche. La técnica es saber usar el embrague, las marchas, los intermitentes; la narrativa es cómo conduces, dependiendo de quién te acompañe o de tu estado de ánimo. La técnica debe dominarse al máximo, ya que cuanto más se controle, más fácil será manejar la narrativa. Ambos aspectos deben recibir un 100% de dedicación. Advierte que las nuevas generaciones tienden a absorber primero la técnica, postergando la conceptualización del sonido. Sin embargo, destaca la diferencia entre quienes provienen de escuelas de cine (que ya traen la narrativa en su ADN) y los de formación puramente técnica, a quienes les cuesta más desarrollar esa comprensión narrativa.
El Arte del Foley: La Magia del Matiz
¿Qué es el Arte del Foley?
Para Alex F. Capilla, el Arte del Foley es mucho más que la simple recreación de sonidos. Cita la perfecta definición de Javier Rebollo: “eres mitad Clown y mitad actor”. El Foley es una extensión de la creatividad sonora, una creación manual, plástica y artesanal que dota de presencia sonora a elementos que carecen de ella en el rodaje. No solo complementa, sino que reinterpreta y potencia otros sonidos, actuando como una extensión sonora del propio actor y de las circunstancias que lo rodean. Es un proceso de dotar de vida a lo inanimado, de hacer sentir lo invisible.
La Esencia: El Matiz Inigualable
La verdadera esencia del Arte del Foley, según Alex, reside en el matiz. Es la capacidad de otorgar un toque distintivo y único a cada sonido, una cualidad que ninguna máquina o librería de sonidos puede replicar. “Es verdad que un paso lo puedes extraer de una librería de sonidos, pero nunca encontrarás los distintos matices que pueden producirse al reinterpretar un paso por un ARTISTA de Foley”, enfatiza. Esta singularidad es lo que asegura que el Foley nunca desaparecerá. Cada película es un lienzo en blanco para el Foley, una oportunidad de generar una vida sonora nueva, rica en detalles y personalidad, que no se puede repetir de una producción a otra. Este aspecto artesanal, analógico, le permite a Alex abstraerse del mundo digital y encontrar una forma de relajación en la creación tangible.
El Artista de Foley en Acción: Un Vistazo al Proceso Creativo
Curiosidad y Debut
La curiosidad de Alex por el Foley surgió al descubrir su existencia: la idea de una persona dedicada a recrear manualmente y en perfecta sincronía todos los sonidos le pareció “muy romántico”. Su “debut oficial” como Artista de Foley fue en el cortometraje “Desayunar, comer, cenar, dormir”, una experiencia “maravillosa”. Desde sus inicios como montador, siempre ha mantenido un micrófono conectado y listo para capturar cualquier sonido, una práctica que refleja su constante búsqueda sonora.
Preparación y Proceso de Trabajo
La preparación de un proyecto de Foley es un proceso metódico y profundamente narrativo. Alex comienza con un visionado global de la película para comprender su concepto, su narrativa y, crucialmente, lo que sienten los personajes, ya que esto influirá directamente en la forma de andar o moverse. Se analizan y memorizan los ruidos más complejos, aquellos que requerirán mayor esfuerzo. Algunos sonidos deben estudiarse con particularidad para igualar el sonido directo, mientras que otros son predecibles. Alex elabora listas de objetos complicados y, a menudo, solicita a producción los objetos originales utilizados en el rodaje, si no hay otra forma de simular el sonido.
La Importancia de la Colaboración y la Confianza
Aunque lo ideal es una reunión preparatoria con el director, no siempre es sistemático en estudios como La Bocina, donde la comunicación interna entre montaje, efectos de sala y mezclas es constante. Sin embargo, en proyectos externos, la charla con el montador de sonido es más común, a menudo con una lista de elementos importantes discutidos con el director. Algunos directores, como Javier Rebollo, se involucran de lleno en las sesiones de Foley, supervisando cada matiz.
La relación con el grabador de Foley es “vital e importante”, basada en la plena confianza. Alex destaca que los mejores grabadores de Foley suelen ser los mezcladores, ya que su experiencia les permite anticipar las acústicas, los espacios, la tridimensionalidad y la dinámica deseada, aspectos directamente ligados a la captación microfónica. Esta sinergia entre artista y grabador es fundamental para el éxito del Foley.
Alex percibe que los montadores y diseñadores de sonido con los que trabaja confían plenamente en su labor, especialmente cuando se mantiene un equipo constante. El hecho de ser llamado por montadores externos es un indicativo de que su trabajo, “lleno y rico de matices”, es reconocido y valorado.
Desafíos y Curiosidades en el Mundo del Foley
Foley para TV vs. Cine: Un Duelo de Matices
Existe una diferencia sustancial entre realizar una banda de Foley para televisión y para cine, principalmente por razones comerciales y presupuestarias. Alex lo explica claramente:
| Aspecto | Producción para Televisión | Producción para Cine |
|---|---|---|
| Tiempo y Presupuesto | Muy limitado (1-2 días por episodio de 70-80 minutos, si los hay). | Más amplio y dedicado, adaptado a la magnitud de la película. |
| Enfoque Principal | Complementar sonidos ausentes del rodaje, enfocándose en los ruidos más importantes. | Construcción completa de la banda de Foley, partiendo de la idea de que la película es muda. |
| Atención al Detalle y Matices | Menor, debido a la falta de tiempo; se busca cubrir lo esencial. | Máxima dedicación a todos los elementos sonoros y sus matices. |
| Objetivo del Foley | Cubrir las necesidades básicas para que la secuencia funcione. | Generar una vida sonora única, rica y con personalidad propia para cada obra. |
La Visión de los Directores sobre el Foley
Aunque los directores conocen la existencia del Foley, Alex señala que la mayoría se asombra de las posibilidades que ofrece. La aplicación y el concepto del Foley varían enormemente según el director y el género. No es lo mismo el enfoque de Enrique Urbizu que el de Iciar Bollaín. Algunos directores solo lo necesitan para cubrir secuencias dobladas, mientras que otros, como Alberto Rodríguez en “Grupo 7”, buscan impregnar la película con todos los matices posibles, involucrándose activamente en las sesiones. En contraste, en “El Artista y la modelo” de Fernando Trueba, el Foley se minimizó para completar solo lo que faltaba del sonido directo, aunque en “Chico y Rita”, del mismo director, la aproximación fue diferente. Alex subraya la responsabilidad de los profesionales del sonido de educar a los nuevos directores sobre el alcance y las posibilidades expresivas del Foley.
Ruidos Complicados y la Creatividad del Artista
Alex no habla tanto de películas “difíciles” en su conjunto, sino de secuencias o ruidos particularmente complejos de recrear. “Grupo 7” fue físicamente demoledora por la acción constante. En el Arte del Foley, existen dos tipos de ruidos: los “objetivos”, producidos con los mismos objetos que se ven en pantalla, y los que se realizan con elementos que no tienen nada que ver con el sonido original. Estos últimos son los más complicados, pues requieren explotar al máximo la creatividad. Ejemplos memorables incluyen el chirrido de puertas recreado con una cinta magnética de un cuarto de pulgada, el efecto de arenilla al apretar suavemente una esponja cerca del micrófono (usado en “El muerto y ser feliz”), o el sonido de un neumático sobre calzada mojada (“Ali”) logrado frotando una placa de poliespán contra una superficie lisa.
Muchas de estas creaciones surgen por casualidad, en un momento de experimentación. Alex describe cómo, al manipular un material para un sonido específico, de repente descubre su utilidad para otro completamente distinto. Esta serendipia es parte fundamental del proceso creativo del Foley Artist.
El “Síndrome de Diógenes” del Foley Artist
Una característica peculiar de los Artistas de Foley es lo que Alex denomina un “síndrome total” de Diógenes. La búsqueda de materiales y objetos sonoros se convierte en una obsesión diaria. “Voy por la calle y siempre me voy fijando en los contenedores”, confiesa. Ha llegado a buscar objetos entre calles a altas horas de la madrugada después de una sesión. En casa, recicla constantemente, y los juguetes rotos de su hija a menudo encuentran una nueva vida en el estudio. Además, observa a las personas en la calle, emulando sus movimientos y formas de andar, fusionando el juego con la vida cotidiana y el trabajo.
Cualidades, Reflexiones y el Futuro del Arte del Foley
Cualidades Esenciales para un Foley Artist
Para aquellos que aspiran a dedicarse al Arte del Foley, Alex F. Capilla subraya la importancia de las cualidades que han moldeado su propia carrera: orden, concentración, constancia y creatividad. Es un arte que demanda un esfuerzo y trabajo inmensos, a menudo con la frustración de tener que repetir una y otra vez hasta alcanzar la perfección. Más allá de la técnica, es crucial la lectura, la narrativa y la capacidad de encontrar la musicalidad en cada ruido. No se trata solo de generar un sonido, sino de que este sea “bonito en el momento que lo requiera, o feo si tiene que serlo”, es decir, que sea adecuado al contexto emocional y dramático. La musicalidad en un ruido metálico, por ejemplo, implica probar el material para ver si sus armónicos son “bonitos” o si dos copas de vino suenan igual en un brindis romántico que en un momento de venganza.
El Foley y la Crítica Cinematográfica Interna
Durante las sesiones de Foley, los artistas no solo se concentran en su labor sonora, sino que también juzgan diversos aspectos de la película, tanto técnicos como dramáticos. Una crítica recurrente es hacia el montaje de imagen, ya que un “racord mal hecho” puede afectar el ritmo de unos pasos y forzar soluciones que no son ideales. Alex entiende que a veces hay que priorizar la interpretación del actor, pero lamenta que estas inconsistencias se extiendan a toda la película. Sugiere que si los montadores de imagen observaran el trabajo del Foley, aprenderían facetas desconocidas y comprenderían el poder del sonido para alargar o acortar la percepción de un plano.
El Futuro del Foley: Entre el Optimismo y la Realidad
El optimismo de Alex sobre el futuro del Arte del Foley y del sonido cinematográfico en general está ligado al optimismo de la industria. Actualmente, se muestra pesimista debido a las dificultades de financiación, ya que los procesos de post-producción de sonido suelen ser los últimos en recibir presupuesto. La clave, según él, radica en que se presupueste “bien desde el principio de la cadena”. Reconoce que los “mínimos” siempre existirán, pero la pregunta es si estos mínimos serán suficientes para satisfacer a un público cada vez más exigente.
Aborda directamente el mito de que el Foley es algo que se puede hacer “en casa con un par de zapatos y un vaso”. Si bien esto podría “salir del paso” para ciertos tipos de películas, Alex es categórico: “cuando quieres hacer CINE DE VERDAD, tendrás que incluir el Foley en el presupuesto”. Es una inversión esencial para la calidad sonora y narrativa de una obra cinematográfica.
Un Consejo para los Futuros Artistas
Para aquellos que desean iniciarse en este “maravilloso mundo de la creación del Arte del sonido para cine”, el consejo de Alex F. Capilla es claro y conciso: “Que confíen y peleen por lo que quieren.” Un mensaje de perseverancia y pasión, las mismas cualidades que lo han llevado a la cima de su profesión.
Preguntas Frecuentes sobre el Arte del Foley
- ¿Qué es exactamente el Arte del Foley?
- Es una forma de creación sonora manual y artesanal en el cine, donde artistas especializados recrean y sincronizan sonidos cotidianos (pasos, movimientos de ropa, objetos) en un estudio. Su objetivo es dotar de presencia sonora a elementos que no la tienen en el momento del rodaje, o bien reinterpretar y potenciar otros sonidos, actuando como una extensión de la acción en pantalla.
- ¿Cuál es la cualidad más importante que debe tener un Artista de Foley?
- Según Alex F. Capilla, la cualidad más importante es la capacidad de infundir “matiz” a cada sonido. Es decir, la habilidad de dar un toque distintivo y único a cada ruido, algo que las máquinas no pueden replicar. Además, son esenciales el orden, la concentración, la constancia, la creatividad y la comprensión profunda de la narrativa de la película.
- ¿Existe alguna diferencia en el Foley para televisión y para cine?
- Sí, principalmente debido a las limitaciones de tiempo y presupuesto. En televisión, el Foley suele ser más limitado, enfocándose en complementar los sonidos ausentes del rodaje y cubrir lo esencial. Para cine, el proceso es mucho más dedicado y minucioso, construyendo una banda de Foley completa y rica en matices, partiendo de la premisa de que la película es “muda” y debe ser sonorizada desde cero.
- ¿Cómo influye la narrativa en el trabajo del Foley Artist?
- La narrativa es fundamental. Un Artista de Foley debe comprender la historia, las emociones de los personajes y el contexto dramático para recrear los sonidos de manera coherente y efectiva. Por ejemplo, la forma de andar de un personaje o el sonido de un objeto pueden variar drásticamente según su estado emocional o la atmósfera de la escena. La emoción y la narrativa tienen prioridad incluso sobre la sincronía técnica perfecta, ya que esta última puede editarse, pero la emoción no.
- ¿El Arte del Foley sigue siendo relevante en la era digital?
- Absolutamente. Aunque las librerías de sonido digital son vastas, el Foley aporta una cualidad insustituible: el matiz y la singularidad que solo una recreación manual y artesanal puede ofrecer. Cada película tiene su propia personalidad sonora, y el Foley es único para cada una, no se puede repetir. Es un arte que se nutre de la creatividad humana y la capacidad de interpretación, garantizando su permanencia en la industria del sonido cinematográfico de calidad.
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