¿Quién es la última mujer de Carlos Zapata?

Las Compañeras del Caudillo: Amores de Zapata

09/03/2022

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La figura de Emiliano Zapata, el inquebrantable Caudillo del Sur, es sinónimo de lucha agraria, justicia social y la Revolución Mexicana. Su imagen, forjada en los campos de Morelos, evoca la valentía y el compromiso con los desposeídos. Sin embargo, detrás del líder militar y político existió un hombre con una vida personal compleja y apasionada, marcada por relaciones significativas que, si bien a menudo quedan eclipsadas por su gesta heroica, fueron fundamentales en su existencia. Este artículo se sumerge en el ámbito más íntimo del General Zapata para explorar las historias de las mujeres que compartieron su vida, sus afectos y, en ocasiones, su peligroso destino, revelando una faceta poco conocida pero profundamente humana del Libertador.

¿Cuántas mujeres reconocidas tuvo Emiliano Zapata?
* Emiliano Zapata tuvo 10 mujeres reconocidas que reclamaron ser sus herederas. * Gregoria Zúñiga fue la mujer que más quiso y con quien pasó la tarde previa a su muerte. * Zapata conoció a Gregoria porque se robó a su hermana gemela, quien luego murió. * Inicialmente, Gregoria no quería estar con Zapata, pero él se la llevó.
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Las Mujeres en la Vida de un Caudillo: Más Allá del Campo de Batalla

Emiliano Zapata, a lo largo de su vida, estuvo rodeado de diversas mujeres que desempeñaron roles importantes, tanto en su vida personal como en el contexto de la Revolución. Es un hecho documentado que Zapata tuvo diez mujeres reconocidas, un número que resalta la complejidad de sus relaciones sentimentales en una época convulsa. Tras su trágica muerte, estas mujeres se presentaron ante el gobierno de Morelos para reclamar sus derechos como herederas, buscando acceder a una pensión que les permitiera subsistir. Este proceso no fue sencillo; cada una de ellas tuvo que llevar testigos que dieran fe de su vínculo con el Caudillo, y era indispensable que los jefes zapatistas avalaran la autenticidad de sus afirmaciones, confirmando que, efectivamente, habían sido compañeras de Zapata y/o madres de alguno de sus quince hijos. Esta situación nos da una ventana a la dinámica social y familiar de la época, donde la descendencia y el reconocimiento eran vitales para la subsistencia.

Cada una de estas mujeres, con sus propias historias y desafíos, contribuyó a la narrativa personal de Zapata. Algunas permanecieron en la sombra, otras tuvieron un rol más visible, pero todas ellas fueron parte del entramado emocional de un hombre que, a pesar de su constante movimiento y el peligro inherente a su lucha, buscaba afecto y compañía. Sin embargo, entre todas ellas, una figura emerge con particular fuerza y emoción, la de Gregoria Zúñiga, a quien se le atribuye un lugar especial en el corazón del General.

Gregoria Zúñiga: El Último Gran Amor de Emiliano Zapata

De todas las mujeres en la vida de Emiliano Zapata, fue Gregoria Zúñiga, cariñosamente conocida como Goyita, quien ocupó un lugar preeminente en sus afectos y con quien compartió los momentos previos a su asesinato. La historia de su relación es tan singular como conmovedora, revelando la tenacidad y el carácter de ambos. Según relata Felipe Ávila, director del Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México y autor del libro "Las compañeras de Zapata", Goyita se reencontró con Zapata en Tepalcingo, Morelos, el nueve de abril de 1919, apenas un día antes de su fatídico final.

La propia Gregoria Zúñiga, en una entrevista conservada en el repositorio Voces Zapatistas del INAH, describió a Zapata como el amor de su vida. Sin embargo, su conexión inicial fue todo menos convencional. Goyita tenía una hermana gemela, y fue ella a quien Zapata "robó" primero, una práctica común en la época para consolidar uniones. La gemela vivió con él durante varias semanas, pero trágicamente, fue picada por una víbora y falleció. Zapata, profundamente encariñado con ella, tomó una decisión audaz y controvertida: decidió robar a la otra gemela, a Gregoria o Goyita Zúñiga.

Goyita, en aquel entonces una joven de apenas 15 o 16 años, estaba llena de resentimiento. No quería a Zapata, ni deseaba irse con él, sintiéndose una segunda opción. Pero Zapata, decidido, emborrachó a su padre, Manuel Zúñiga, y aprovechando su estado, se la llevó. El padre de Goyita, semi-consciente de lo que ocurría, armó un escándalo, lanzando una máquina de escribir y gritando "¡A la tiznada, a la tiznada!", en un intento desesperado por impedir la partida de su hija. No obstante, sus esfuerzos fueron en vano.

Con el tiempo, la dinámica de su relación comenzó a cambiar. Zapata, consciente del agravio, fue a pedir oficialmente la mano de Goyita, legitimando de alguna manera el "hecho consumado". Poco a poco, el coraje inicial de Goyita se fue disipando, transformándose en un profundo cariño y, eventualmente, en un amor sincero. Ella misma reconocía que Zapata "no me pagó mal", refiriéndose a su constante cariño, atenciones y el cuidado que le brindó. Esta evolución de una relación forzada a un vínculo de afecto genuino subraya la complejidad de la personalidad de Zapata, capaz de inspirar tanto temor como devoción.

Una Despedida en Tepalcingo: La Última Noche del Caudillo

La noche del nueve de abril de 1919, en Tepalcingo, Morelos, se convirtió en un capítulo crucial y emotivo en la vida de Emiliano Zapata y Gregoria Zúñiga. En vísperas del Viernes de Dolores, Zapata llegó al pueblo acompañado de las tropas de Jesús Guajardo, quien, irónicamente, sería su asesino. Habían pactado una alianza, y Guajardo, para ganarse la confianza del Caudillo, había pasado las pruebas impuestas por Zapata y le había ofrecido entregarle un importante arsenal guardado en la Hacienda de Chinameca. Esta promesa llenaba de optimismo a Zapata, quien veía en ella la clave para retomar el control de Morelos y expandir la Revolución contra Venustiano Carranza.

Gregoria también se encontraba en Tepalcingo, pero había pasado varias semanas escondida en el Cerro del Olmo, huyendo de la persecución del ejército de Pablo González y de un exjefe zapatista que había traicionado al movimiento. Zapata, al llegar, no sabía de su paradero. Al preguntar por ella, le informaron que su casa había sido denunciada. Lleno de ira y convencido de una traición, Zapata arrestó al presidente municipal, Leobardo Flores, y a Eutiquio Pérez, estando a punto de fusilarlos por creer que habían delatado a Goyita. Fue en ese momento crítico cuando un hermano de Gregoria apareció, desmintiendo la acusación y asegurando que su hermana no solo estaba viva, sino a salvo. Zapata, aliviado y eufórico, perdonó a los sentenciados y preguntó dónde se encontraba Goyita. Al saber que estaba en casa de una conocida, le envió un mensaje prometiendo verla en un instante.

Goyita describe con vívido detalle y emoción esas últimas horas junto a Zapata. Al encontrarla, él la recibió con un efusivo "¡Quiúbole!... Ay mi Chinaca, me contaron tantas versiones que ya decía yo ¿es posible que yo a esta mujer ya no la vuelva a ver?, que es la única que tengo". Entraron a la casa donde ella se había ocultado, y Goyita le ofreció comida y bebida. Durante sus conversaciones, Zapata le confió su profundo deseo de regresar a la vida privada, de abandonar la constante lucha y el peligro que lo acechaban. Estaba convencido de que, con el armamento de Guajardo, podría afianzarse en Morelos, propiciar la caída de Carranza y, finalmente, disfrutar de una vida más tranquila. Su optimismo respecto al futuro militar y político del zapatismo era palpable.

¿Quién es la última mujer de Carlos Zapata?
Finalmente conoció a Agapita Sánchez con quien procreó a Carlota Zapata Sánchez. Su última mujer fue Matilde Vázquez, dama de la que nació su hijo llamado Gabriel Zapata Vázquez. Actualmente la mayoría de sus hijos se encuentran en el Panteón Municipal de Cuautla.

Antes de partir, Zapata le pidió a Goyita que lo esperara al día siguiente, el 10 de abril, en el cerro, un lugar donde solían encontrarse. Le entregó unas monedas de oro, envueltas en un paliacate, que eran todo lo que poseía en ese momento, un gesto de confianza y afecto que hablaba de la profundidad de su vínculo. En la madrugada del 10 de abril, Zapata se despidió de Tepalcingo y se dirigió a Chinameca, donde fue asesinado. Goyita, fiel a su promesa, lo esperó durante varios días en el cerro, aferrada a la ilusión de su regreso. La amarga verdad de su muerte, sin embargo, pronto la alcanzaría, dejando una herida imborrable en su corazón.

El Campesino Antes del Héroe: Un Vistazo a la Vida Cotidiana de Zapata

Para comprender plenamente la figura de Emiliano Zapata, es esencial mirar más allá de su rol como líder revolucionario y adentrarse en sus orígenes y su vida antes de convertirse en el símbolo del sur. El libro "Las compañeras de Zapata" de Felipe Ávila, a través del testimonio de Irene Merino Barrientos, quien de niña convivió dos años con él en Anenecuilco, Morelos, nos ofrece un retrato íntimo de Zapata como un campesino típico. Esta descripción nos permite vislumbrar al hombre antes de que las circunstancias lo transformaran en el Caudillo.

La vida de Zapata en Anenecuilco era la de un campesino tradicional, arraigado a la tierra y a las costumbres de su comunidad. Se levantaba al amanecer, desayunaba café muy temprano y se dirigía a trabajar su parcela, donde cultivaba sandías, chiles y maíz, los sustentos básicos de la región. Hacia las 10:00 u 11:00 de la mañana, hacía una pausa para almorzar, disfrutando de un platillo sencillo pero nutritivo: tortillas, frijoles, chile y atole. Después del almuerzo, continuaba con sus labores agrícolas hasta que el sol se ponía, momento en el que regresaba a casa para cenar y realizar diversas tareas relacionadas con el mantenimiento del hogar.

Su día a día incluía el cuidado de sus animales; tenía perros que lo acompañaban fielmente en sus jornadas en el campo. Los fines de semana eran para la convivencia social: le gustaba compartir con sus amigos, disfrutar de la cerveza, asistir a fiestas y, como era común en la cultura rural mexicana de la época, a las peleas de gallos. Zapata era reconocido por su destreza como jinete, destacándose en el jaripeo, donde realizaba suertes con las taquillas y novillonas. Esta imagen de un hombre hábil, fuerte y apegado a sus raíces se complementa con su lado religioso, un aspecto que también era parte integral de la identidad del campesino mexicano de principios del siglo XX. Estos detalles nos recuerdan que, antes de ser el símbolo de una revolución, Emiliano Zapata fue un hombre de su tierra, con sus costumbres, sus pasiones y su profunda conexión con el mundo rural.

Preguntas Frecuentes sobre la Vida Personal de Emiliano Zapata

A continuación, respondemos algunas de las preguntas más comunes sobre la vida amorosa y personal del Caudillo del Sur:

¿Cuántas mujeres reconocidas tuvo Emiliano Zapata?

Emiliano Zapata tuvo diez mujeres reconocidas. Tras su muerte, estas mujeres se registraron ante el gobierno de Morelos para reclamar sus derechos como herederas y acceder a una pensión, un proceso que requería la validación de testigos y jefes zapatistas.

¿Quién fue la mujer a la que más quiso Emiliano Zapata?

Según los testimonios históricos, la mujer a la que más quiso y con la que pasó la tarde previa a su asesinato fue Gregoria Zúñiga, conocida como Goyita. Ella misma lo describió como el amor de su vida.

¿Cómo conoció Zapata a Gregoria Zúñiga?

La relación entre Zapata y Gregoria Zúñiga comenzó de una manera poco convencional. Zapata inicialmente se llevó a la hermana gemela de Gregoria, quien falleció. Posteriormente, se llevó a Gregoria a la fuerza, emborrachando a su padre. A pesar de este inicio, con el tiempo, Gregoria se enamoró de él debido a su cariño y atenciones.

¿Qué sucedió la última noche que Zapata pasó con Gregoria Zúñiga?

La última noche que estuvieron juntos fue el 9 de abril de 1919 en Tepalcingo, Morelos. Zapata llegó con Jesús Guajardo y buscó a Goyita, quien estaba escondida. Tuvieron una emotiva conversación donde Zapata le expresó su deseo de regresar a la vida privada y le dio unas monedas de oro. Le pidió que lo esperara al día siguiente en el cerro, antes de partir hacia Chinameca donde sería asesinado.

¿Cómo era la vida de Zapata antes de la Revolución?

Antes de convertirse en el Caudillo del Sur, Emiliano Zapata vivía como un campesino tradicional en Anenecuilco, Morelos. Se levantaba temprano para trabajar la tierra (sandías, chiles, maíz), almorzaba sencillamente y regresaba al atardecer. Disfrutaba de la compañía de amigos, la cerveza, las fiestas, las peleas de gallos, era un excelente jinete y practicaba el jaripeo, además de ser una persona religiosa.

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