12/01/2023
En el vasto universo de la literatura peruana, pocas figuras brillan con la intensidad y el misterio de Abraham Valdelomar. Considerado por muchos como un talento predestinado, casi un genio, su vida fue un torbellino de creatividad, dandismo y, finalmente, una muerte envuelta en controversia. Más allá de su innegable aporte a las letras nacionales, lo que realmente ha cautivado la imaginación colectiva es el enigma que rodea su partida, un suceso sobre el cual se han tejido versiones tan dispares como fascinantes.

Valdelomar no solo fue un escritor; fue un pionero, un agitador cultural y un personaje singular que, a pesar de su corta existencia, dejó una huella indeleble. Su obra, aunque a veces descuidada, posee destellos de genialidad que la mantienen viva en la memoria literaria peruana. Pero, ¿qué ocurrió realmente en aquel fatídico 3 de noviembre de 1919 en Ayacucho? ¿Qué "pruebas" se han presentado para esclarecer los últimos momentos de este artista proteico? Sumerjámonos en la vida y el legado de Abraham Valdelomar, desentrañando las capas de su personalidad y confrontando las versiones de su trágico final.
- El Genio Multifacético: Un Viaje por la Vida de Abraham Valdelomar
- El Conde de Lemos y el Movimiento Colónida: Una Revolución Estética
- Un Dandy en el Perú: Estilo y Controversia
- La Muerte del Poeta: Dos Versiones Contrapuestas
- El Legado Imperecedero de Valdelomar
- Preguntas Frecuentes sobre Abraham Valdelomar
- ¿Por qué renunció Abraham Valdelomar a su cargo diplomático en Italia?
- ¿Cuál fue la importancia del movimiento Colónida en la literatura peruana?
- ¿Cuál es la obra más famosa de Abraham Valdelomar?
- ¿Qué seudónimos utilizaba Abraham Valdelomar?
- ¿Qué se sabe sobre las acusaciones de homosexualidad de Valdelomar?
El Genio Multifacético: Un Viaje por la Vida de Abraham Valdelomar
Abraham Valdelomar Pinto nació en Ica, Perú, el 27 de abril de 1888, en el seno de una familia marcada por la pobreza. Su infancia, lejos de ser idílica, transcurrió entre Ica, Pisco y Chincha, en una búsqueda constante de mejores horizontes. Estos primeros años, especialmente los vividos en la aldea de pescadores de San Andrés, moldearon su sensibilidad y se convertirían en la fuente de inspiración de algunos de sus relatos más entrañables. Como él mismo afirmó, no se educó en los libros sino en el crepúsculo, teniendo al paisaje y al mar como sus verdaderos maestros de estética.
Llegó a Lima en 1900, donde cursó sus estudios secundarios en el prestigioso Colegio Nuestra Señora de Guadalupe. Fue en este periodo donde comenzó a manifestar su espíritu inquieto, fundando la revista “La Idea Guadalupana” en 1903. Aunque intentó incursionar en la Escuela de Ingenieros y la Facultad de Letras de San Marcos, su verdadera vocación lo llevó al periodismo y al arte. Se empleó como dibujante y director artístico en diversas revistas, publicando sus primeros versos en “Contemporáneos” en 1909 y sus primeros cuentos en “Variedades” e “Ilustración Peruana” en 1910.
Un hito crucial en su carrera fue la publicación de sus novelas cortas “La ciudad de los tísicos” y “La ciudad muerta”, así como el cuento “El beso de Evans”, obras que marcaron su transición del modernismo a la vanguardia. La crítica lo reconoce como el fundador del cuento moderno en el Perú, un título que cimentaría con su obra cumbre, “El Caballero Carmelo”.
Su incursión en la política fue breve pero significativa. Apoyó a Guillermo Billinghurst, quien al llegar al poder lo nombró administrador de la Imprenta del Estado y director del diario oficial. Sin embargo, su espíritu cosmopolita lo llevó a renunciar a estos cargos para asumir el puesto de Segundo Secretario de la Legación del Perú en Italia en 1913. Esta experiencia europea amplió su cultura y agudizó su anhelo por la patria, inspirando las “Crónicas de Roma” y, lo más importante, el cuento “El Caballero Carmelo”, que ganó un concurso literario en La Nación y se convertiría en su obra más célebre.
El Conde de Lemos y el Movimiento Colónida: Una Revolución Estética
De regreso en Lima tras el derrocamiento de Billinghurst, Valdelomar se consolidó como figura central del ambiente cultural. Colaboró con diarios como El Comercio y La Crónica, y revistas como Balnearios y Variedades. Su pluma era prolífica y versátil, firmando a menudo con el célebre seudónimo de El Conde de Lemos. Bajo este nombre, publicó las "Crónicas frágiles" y los "Diálogos máximos" en el diario La Prensa, revelando su agudeza y humor.
Pero su mayor impacto como animador cultural llegó con la fundación de la revista Colónida en 1916. A pesar de su efímera existencia (solo cuatro números), esta publicación se convirtió en el epicentro de un movimiento que buscaba renovar la literatura peruana, rompiendo con el academicismo y el conservadurismo. Colónida reunió a las mentes más brillantes de su generación, incluyendo a José María Eguren, César Atahualpa Rodríguez y José Carlos Mariátegui, quien más tarde afirmaría que la transformación de la literatura peruana "comienza con el movimiento colónida". Este movimiento, con su cuartel general en el Palais Concert, un café limeño de moda, se caracterizó por su dandismo y su búsqueda de una profunda renovación estética, haciendo de la belleza del arte su única y verdadera soberana.
Valdelomar continuó su labor periodística en La Prensa, donde tuvo a su cargo la sección “Palabras” y publicó sus agudos comentarios sobre la Primera Guerra Mundial. En 1917, ganó el concurso del Círculo de Periodistas del Perú con su “Ensayo sobre la psicología del gallinazo”. Sus últimos libros, “Belmonte, el trágico” y el exitoso volumen de cuentos “El Caballero Carmelo”, se publicaron en 1918, consolidando su lugar en la literatura.
Un Dandy en el Perú: Estilo y Controversia
Abraham Valdelomar cultivó una imagen de dandy, un espíritu aristocrático y elitista que lo distinguió en la sociedad limeña de su tiempo. Alberto Hidalgo, quien lo conoció de cerca, lo describe con rasgos que rozan la caricatura: bajo pero con una leve ondulación al caminar que le acarreaba la antipatía burguesa, ojos inteligentes y maliciosos tras unos grandes quevedos, uñas impecablemente cuidadas, cintura ajustada y una voz de "tiple arruinada". Esta pose, que recordaba a Oscar Wilde, era parte de su exhibicionismo histriónico, una pirotecnia efectista para "épater les bourgeois" (escandalizar a los burgueses).
Hidalgo desmiente categóricamente las acusaciones de homosexualidad que algunos le atribuyeron, afirmando que Valdelomar "no fue, cual algunos dicen y hasta escribieron, un invertido". Atribuye sus incursiones "más allá de la naturaleza" a una inmensa curiosidad, una virtud mal equilibrada que lo llevó a experimentar con diversas sustancias, desde el opio hasta la cocaína. Para Hidalgo, Valdelomar era "demasiado artista para llegar al arrebato carnal" y lo tilda, en cambio, de misógino. Su actitud extravagante, sus chalecos extraños y sus zapatos llamativos eran, según Hidalgo, meras poses de un "excelente poser" que disfrutaba de llamar la atención.
Sin embargo, detrás de este decadentismo y su apego a la ironía, se escondía un auténtico temperamento artístico, lleno de sentimiento y nostalgia. Esta faceta más íntima se revela en sus poemas y en los cuentos criollos de "El Caballero Carmelo", que contienen algunos de los mejores relatos regionalistas del Perú. A pesar de su dandismo, Valdelomar fue el escritor más popular de su época, ejerciendo una influencia tal que no solo se imitaba su obra, sino también sus amaneramientos y posturas personales. César Vallejo lo consideró el primer esteta de la literatura americana.
La Muerte del Poeta: Dos Versiones Contrapuestas
La vida de Abraham Valdelomar llegó a su abrupto final en Ayacucho, donde había viajado para asumir su cargo como diputado regional de Ica. El 1 de noviembre de 1919, mientras participaba en una sesión preparatoria del Congreso Regional, sufrió un accidente que le fracturó la espina dorsal. Falleció dos días después, el 3 de noviembre, a las dos y media de la tarde. Sus restos fueron trasladados a Lima y sepultados el 16 de noviembre.
Sin embargo, la causa exacta de su muerte se convirtió rápidamente en objeto de debate y especulación. Dos versiones principales han circulado, cada una con sus propios defensores y matices:
La Versión de Alberto Hidalgo: Una Muerte "Inmunda" en un "Silo"
Alberto Hidalgo, poeta y compatriota de Valdelomar, publicó en 1920 una versión de los hechos que contrastaba drásticamente con la narrativa oficial. Según Hidalgo, Valdelomar no murió por una simple caída de una escalera. En su texto "Muertos, heridos y contusos", Hidalgo afirma que el poeta encontró la muerte de una manera "poco decorosa" y "sobre una inmundicia".

Hidalgo sostiene que en Ayacucho, un pueblo que Valdelomar consideraba atrasado, "el water closset es allí reemplazado por un hueco de diez a veinte metros de profundidad, abierto en el interior de las casas, y al cual se da el nombre de 'silo'". Y fue precisamente en uno de esos "silos pestilentes", mientras Valdelomar "fue a satisfacer vulgares necesidades", donde encontró su fin. Hidalgo encuentra una trágica ironía en que un hombre tan refinado y delicado como Valdelomar hubiese muerto de una manera tan "inmunda". Acusó al periodismo de la época de "espíritu menguado, sórdido y mojigato" por ocultar la "verdad" de los hechos, creyendo que así prestaban un servicio al difunto.
Esta versión, que ganó cierta aceptación durante un tiempo, pintaba un cuadro sombrío y casi grotesco de la muerte del "Conde de Lemos", alimentando la imagen de un artista cuya vida excéntrica tuvo un final igualmente peculiar.
La Versión de Gotardo Almonacid Cisneros: Esclareciendo la Verdad de la Caída
Más recientemente, el escritor peruano Gotardo Almonacid Cisneros, a través de una investigación, ha desmentido categóricamente la versión de Alberto Hidalgo. Publicada en el Diario La Primera de Perú, la noticia detalla que Almonacid Cisneros viajó a Ayacucho y reconstruyó los hechos basándose en testimonios y evidencias.
Según Almonacid Cisneros, Valdelomar, tras salir del comedor, se dirigió por un pasillo desconocido hacia una pared que conducía a una escalera de piedra en el interior de la casona colonial. Dio "un paso en falso y cae al vacío, rompiéndose la columna vertebral contra el pretil de una vieja escalera del tiempo de la colonia y, rebotando cae sobre un montículo de piedra al lado de aquella escalera". Fue encontrado horas después, quejumbroso y con dolores insoportables, murmurando "Me estoy muriendo" y exclamando "Dios mío, ¿por qué me llevas tan pronto?, si todavía no he terminado mi trabajo".
Almonacid Cisneros argumenta que la versión de Hidalgo fue una "versión tergiversada de los hechos" tejida por los "enemigos" de Valdelomar después de su muerte, quienes hicieron correr el "rumor malévolo que había muerto encima de una inmundicia" sin ninguna prueba real. Quienes lo encontraron, declararon haberlo hallado sobre un montículo de piedras, al pie de las gradas, con la columna espinal quebrada. Esta investigación busca restaurar la dignidad de la muerte de Valdelomar, desmintiendo las calumnias póstumas.
Comparativa de las Versiones sobre la Muerte de Valdelomar
| Aspecto | Versión Oficial / Gotardo Almonacid Cisneros | Versión de Alberto Hidalgo |
|---|---|---|
| Causa de la Muerte | Caída accidental de una escalera de piedra en una casona colonial, fractura de la columna vertebral. | Caída en un "silo" (hueco de cámara séptica o excusado) mientras satisfacía necesidades fisiológicas. |
| Lugar del Accidente | Casona colonial en Ayacucho, cerca de una escalera de piedra. | Interior de una casona colonial en Ayacucho, en un "silo" (excused). |
| Condición del Cuerpo | Encontrado quejumbroso, con la columna fracturada, sobre un montículo de piedras. | Encontrado de manera "inmunda" y "poco decorosa", sobre una "inmundicia". |
| Motivación de la Versión | Resultado de investigación (Almonacid) que busca esclarecer y desmentir rumores maliciosos. | Desmentir la versión oficial que consideraba "literatura" y "mojigata", revelando una "verdad" irónica. |
| Implicaciones | Reafirma su dignidad y desmiente ataques póstumos de sus enemigos. | Subraya una trágica ironía del destino para un hombre refinado, aunque con tintes de sensacionalismo. |
El Legado Imperecedero de Valdelomar
Más allá de las controversias que rodearon su vida y su muerte, el legado de Abraham Valdelomar es innegable. A pesar de haber sido elogiado y atacado en vida como ningún otro escritor peruano, supo forjar una obra que marcó un antes y un después en la literatura de su país. Su influencia en el movimiento Colónida y su papel como pionero del cuento moderno en el Perú lo sitúan como una figura clave del postmodernismo peruano.
Valdelomar fue un artista "para los limpios de corazón, para los sanos de espíritu", un poeta culto entregado a su vocación intelectual. Su obra, que incluye desde relatos vanguardistas hasta cuentos incaicos y criollos, revela una visión trágica de la vida complementada por la armonía del mundo familiar provincial, evocada a través de la memoria de la infancia. Su "Caballero Carmelo" sigue siendo un referente de la narrativa peruana, y poemas como "Tristitia" y "El hermano ausente en la cena de Pascua" conmueven por su profunda emotividad.
Póstumamente se publicaron "Los hijos del sol" (cuentos incaicos, 1921) y "Tríptico heroico" (poemas patrióticos, 1921), consolidando aún más su producción. La última y más completa compilación de su obra, "Obras" (1988), atestigua la riqueza y diversidad de su talento. Abraham Valdelomar, el "Conde de Lemos", el dandy, el genio, es recordado no solo por su impacto literario, sino también por la fascinación que despierta el misterio de sus últimos días, un enigma que sigue invitando a la reflexión sobre la figura de este excepcional escritor peruano.
Preguntas Frecuentes sobre Abraham Valdelomar
¿Por qué renunció Abraham Valdelomar a su cargo diplomático en Italia?
Abraham Valdelomar renunció a su cargo como Segundo Secretario de la Legación del Perú en Italia tras enterarse del derrocamiento del presidente Guillermo Billinghurst, el 6 de febrero de 1914. Billinghurst había sido su protector político y su caída significaba la pérdida de su posición diplomática.
¿Cuál fue la importancia del movimiento Colónida en la literatura peruana?
El movimiento Colónida, liderado por Abraham Valdelomar, fue fundamental para la renovación estética y la modernización de la literatura peruana a principios del siglo XX. Rompió con el academicismo y el conservadurismo, promovió la difusión de nuevos escritores (especialmente provincianos) y rescató figuras importantes como José María Eguren. Impulsó una literatura más auténtica, alejada de la influencia española y más conectada con la realidad peruana.
¿Cuál es la obra más famosa de Abraham Valdelomar?
La obra más famosa y emblemática de Abraham Valdelomar es "El Caballero Carmelo". Este cuento, ganador de un concurso en 1914 y publicado en un volumen homónimo en 1918, es considerado el inicio del cuento moderno en el Perú y un ejemplo magistral de la narrativa criolla.
¿Qué seudónimos utilizaba Abraham Valdelomar?
Abraham Valdelomar utilizó principalmente el seudónimo de "El Conde de Lemos" para sus crónicas y artículos periodísticos, especialmente en el diario La Prensa. En algunas ocasiones, también firmó como "Val del Omar", aludiendo a un supuesto ancestro árabe.
¿Qué se sabe sobre las acusaciones de homosexualidad de Valdelomar?
El escritor Alberto Hidalgo, quien conoció a Valdelomar, desmintió las acusaciones de homosexualidad ("invertido") que algunos atribuyeron al "Conde de Lemos". Hidalgo sostenía que Valdelomar era misógino y que sus actitudes extravagantes y su experimentación con sustancias se debían a una profunda curiosidad y a un marcado exhibicionismo, más que a una "inversión carnal". Para Hidalgo, cualquier "inversión" en Valdelomar era de índole espiritual o intelectual, no sexual.
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