La Doble Vida de Víctor Humareda: Genio y Enigma

08/10/2022

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Víctor Humareda (1920-1986) es una de las figuras más enigmáticas y cautivadoras del arte peruano del siglo XX. Su obra, cargada de color y emoción, es un reflejo de su complejo mundo interior, pero su persona, envuelta en un halo de excentricidad y misterio, fue objeto de múltiples interpretaciones. ¿Era realmente el bohemio desbordado que la prensa retrataba, o había algo más profundo, una búsqueda de la belleza incansable, detrás de esa fachada? Desentrañar cómo era visto Humareda es adentrarse en la dualidad entre el personaje público y la esencia íntima de un artista.

¿Cómo era visto Víctor Humareda?
Lima, 3 de abril de 1964. Humareda era visto por la prensa como un personaje excéntrico, desbordado, algo que estaba alejado de su verdadera naturaleza ciento por ciento entregada al arte como forma de vida. (Foto: GEC Archivo Histórico) Víctor Humareda era un artista cabal y no solo un “inspirado creador”.

Desde sus primeros años en la Escuela Nacional de Bellas Artes (ENBA), la percepción de Humareda ya era multifacética. Sara de la Puente Raygada, una condiscípula de los años 40, lo recordaba como un muchacho humilde, tímido y distraído. Su apariencia, con un mechón de cabello rebelde sobre la frente y una mirada triste y algo inexpresiva, sugería una sensibilidad profunda. A pesar de su aparente introversión, era visto como una persona respetuosa, buena y generosa, quizás con el temor inicial de no ser aceptado por sus compañeros limeños, él, un joven proveniente del frío Lampa, Puno, que había llegado a la capital en 1938 con grandes dificultades económicas.

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Los Primeros Trazos: Un Joven Tímido y Talentoso

La trayectoria de Humareda en la ENBA no fue lineal. Tuvo que interrumpir sus estudios debido a la precariedad económica, un obstáculo que, lejos de detenerlo, pareció forjar su carácter. Al retomar la escuela en 1941, ya era evidente para sus contemporáneos su excepcional talento. No tardó en ser reconocido por su propia generación como un alumno adelantado, un verdadero artista en ciernes. Aprendió de los maestros indigenistas, absorbiendo las técnicas y el espíritu de la época, pero siempre con una voz propia que comenzaba a gestarse. A diferencia de otros que se perdieron en la inercia de la bohemia, Humareda supo hallar un camino personal, caracterizado por un gran dominio técnico y un talento desbordante que presagiaba la singularidad de su obra futura.

Su sed de conocimiento y perfeccionamiento lo llevó más allá de las fronteras peruanas. La preparación plástica de Humareda se completó en una escuela de arte en Buenos Aires, Argentina. Esta experiencia internacional, donde tuvo la oportunidad de ver muchos cuadros, hablar con grandes maestros y estudiar diversas técnicas, fue crucial. Le permitió asimilar el arte no solo como una profesión, sino como una forma de vida integral. Estas vivencias lo guiaron a encontrar su verdadero genio interior, a aferrarse a su propia conciencia artística. Fue entonces cuando, de manera simultánea, el placer de la creación y el dolor inherente a la vida se manifestaron en sus lienzos, dotándolos de una profundidad conmovedora.

La Leyenda del Bohemio: El Personaje Construido por la Prensa

Sin embargo, la imagen de Víctor Humareda que trascendió al gran público, y que aún persiste en el imaginario colectivo, fue la de un personaje excéntrico, desbordado, casi un arquetipo del artista bohemio y marginal. La prensa de la época, fascinada por su singularidad, contribuyó a construir esta leyenda. Lo retrataban como un «raro espécimen», un «bohemio» e «indisciplinado» que vivía en el célebre cuarto-taller Nº 283 del Hotel Lima, en La Victoria, su hogar durante los últimos 30 años de su vida. Este lugar se convirtió en parte de su mito, un santuario donde, según la prensa, convivía con su musa preferida: la actriz norteamericana Marilyn Monroe.

“Estoy casado con Marilyn Monroe. No tenemos hijos. Vivo solo con ella en mi hotel. Nunca me habla, ni la toco. Sólo la contemplo, además es de papel”, declaró alguna vez a los periodistas, quienes se acercaban a él como a una curiosidad. Esta declaración, que hoy suena a una mezcla de fantasía y melancolía, fue captada y difundida, reforzando la imagen de un artista que vivía al margen de las convenciones. Lo que pocos sabían, o no querían ver, era que esta imagen era, en gran medida, una superficie, un disfraz que Humareda conscientemente presentaba porque era lo que se esperaba de él. Era la máscara que le permitía preservar su verdadera esencia y dedicarse a lo que realmente importaba: la pintura.

Más Allá del Disfraz: La Verdadera Esencia del Artista

Detrás de esa fachada de excentricidad y bohemia, vivía un artista de una dedicación férrea, un perfeccionista constante y un solitario empedernido. Víctor Humareda no era solo un “inspirado creador”; era un artista cabal, con una disciplina y una seriedad en su trabajo que contrastaban drásticamente con la imagen pública. Se afanaba en la consistencia de los colores, en el vuelo imaginativo de las formas, en la búsqueda incansable de la belleza en cada trazo. Su vida, aunque modesta y apartada, estaba completamente entregada al arte como forma de existencia. No se ahogó en el caos o la inercia, sino que halló en su soledad el espacio para la concentración y la producción artística.

Su regreso al Perú a fines de los años 50 marcó el inicio de su gran proceso creativo, con los arlequines y el entorno del circo como figuras emblemáticas. Pero su imaginario era mucho más vasto y diverso. El Quijote, Goya, Marilyn Monroe, Beethoven, las procesiones religiosas, la tauromaquia… todos estos elementos, tan dispares y contrastantes, invadieron su lienzo con una intensidad de color y una particular luz que definieron su estilo. Por estas características de su plástica y su propia personalidad, la crítica lo consideró un artista expresionista, capaz de plasmar en la tela la angustia, la alegría y la complejidad del alma humana.

El Arte como Motor y Refugio: Sus Propias Palabras

La lucidez y sinceridad de Humareda eran evidentes en sus propias palabras, recogidas en diversos reportajes y documentales. Estas declaraciones ofrecen una ventana invaluable a su filosofía de vida y su relación intrínseca con el arte:

  • Sobre la pintura como forma de vida: “Creo que la pintura no da tiempo para vivir una vida de hogar (…). Me gusta mucho lo que pinto. Soy así, y ese hotel me da todas las facilidades para poder pintar, con toda la tranquilidad posible. No puedo vivir de otra forma. Estoy contento con vivir así; además, si viviera de otra forma ya no sería don Víctor Humareda”. Esta frase revela la profunda convicción de que su vida solitaria y dedicada era una elección consciente, una necesidad para su ser artístico.
  • Sobre sus gustos estéticos: “Amo mucho la vida, me gusta la música clásica, el teatro, particularmente autores del pasado, Moliere, Shakespeare; en ballet, El lago de los cisnes, de Tchaikovsky, y en pintura Tiziano, Goya, Lautrec, Rembrandt”. Esta lista demuestra una cultura vasta y un gusto refinado, lejos de la imagen de un artista desaliñado y sin intelecto.
  • En un momento de dolorosa franqueza: “Para mí es necesario el sufrimiento, porque así la pintura es más profunda, me vuelvo un filósofo (…). Sí, sufrimos mucho, yo particularmente, pero también gozo”. Esta declaración es quizás la más reveladora, mostrando la conexión entre su vida interior, sus penas y la profundidad de su arte. El sufrimiento no era una carga, sino un catalizador para una expresión más auténtica y filosófica.

A mediados de los años 60, Humareda cumplió su gran ilusión de viajar a París, la meca del arte. Sin embargo, la soledad y la indiferencia que encontró en la ciudad luz lo invadieron al punto de extrañar el Perú. Regresó a los pocos años, reafirmando que su lugar, su fuente de inspiración y su refugio, estaba en Lima, en su particular mundo del Hotel Lima.

El Legado de Humareda: Su Lucha y Permanencia

Los últimos años de la vida de Víctor Humareda estuvieron marcados por la enfermedad y la adversidad económica. A principios de los años 80, un cáncer de laringe comenzó a martirizarlo. A pesar del dolor y la dificultad, su pasión por la pintura nunca disminuyó. No era extraño verlo pintar con una mascarilla cubriéndole la boca, una imagen que hablaba de su obstinada resistencia. Se negaba a ser hospitalizado en el Instituto Nacional de Enfermedades Neoplásicas (INEN), tratando su enfermedad con la misma intensidad con la que vivía y pintaba. En un acto de profunda catarsis, llegó a pintar al médico y a sí mismo como un torturador y un torturado, respectivamente, plasmando su agonía en el lienzo.

¿Qué busca gloria de zapatos viejos?
Asimismo, se menciona que la intérprete de ‘Zapatos Viejos’ considera que su colega solo busca utilizarla para limpiar su imagen: “Ya se dio cuenta de que Yuri lo que busca es aparentar ante el público su ‘gran amistad’, para que la gente la perdone por lo que ha dicho, pero Gloria no piensa ser su escudo”.

Fue operado en junio de 1983, lo que le provocó una dura convalecencia, la pérdida de su voz y un cambio en su propia imagen. Pero, incluso en estas circunstancias, el ejercicio de pintar siguió siendo su pasión, su oxígeno diario. Su amigo y fotógrafo Herman Schwarz, quien lo retrató en diversas ocasiones y publicó un libro con esas imágenes de gran agudeza, comprendió la dualidad de Humareda. Schwarz declaró: “En 1982, descubrí que Humareda dejaba ver sólo una parte de su ser a los periodistas. Sólo la parte que él supo les interesaba, la que hacía revivir a Lautrec, a Vincent van Gogh o a Gauguin. Se hicieron crónicas sobre un personaje marginal y contradictorio, más allá de su tierna verdad: la búsqueda de la belleza a través de la pintura”.

Esta revelación de Schwarz es clave para entender la complejidad de Humareda. Él, consciente de la narrativa que se esperaba de un artista “genial” y “loco”, alimentaba esa imagen para proteger su verdadero yo, el que se dedicaba con devoción a su arte. En la madrugada del 21 de noviembre de 1986, Víctor Humareda, a los 66 años, fue conducido de emergencia al INEN, donde finalmente falleció. Su muerte no significó el fin de su legado, sino el inicio de una valoración más profunda de su obra y de la complejidad de su persona.

Percepción Pública vs. Verdadera Esencia: Un Contraste

CaracterísticaPercepción Pública (Prensa)Verdadera Esencia (Cercanos/Él mismo)
ComportamientoExcéntrico, desbordado, bohemio, indisciplinado, "raro espécimen".Tímido, humilde, respetuoso, bueno, generoso, constante, perfeccionista, solitario.
Relación con el arteCreador "inspirado".Artista cabal, de gran dominio técnico, talento desbordante, búsqueda constante de la belleza.
Estilo de vidaCaótico, inerte, viviendo de forma no convencional.Vida dedicada por completo al arte, contento con su elección, con lucidez y sinceridad.
MotivaciónExcentricidad, búsqueda de atención.Necesidad interna de expresión, el arte como "oxígeno diario" y forma de vida.
SufrimientoPoco mencionado o como parte de la "bohemia".Elemento necesario para la profundidad de su pintura, lo hacía "filósofo".

Preguntas Frecuentes sobre Víctor Humareda

¿Quién fue Víctor Humareda?

Víctor Humareda fue un destacado pintor expresionista peruano, nacido en Lampa, Puno, en 1920 y fallecido en Lima en 1986. Es conocido por su estilo vibrante y emotivo, y por la particular imagen pública que cultivó.

¿Por qué se le consideraba excéntrico?

La prensa y el público lo consideraban excéntrico debido a su estilo de vida solitario en el Hotel Lima, sus declaraciones sobre estar "casado" con Marilyn Monroe, y su apariencia y comportamiento que se ajustaban al estereotipo del artista bohemio y "loco".

¿Cuál era la verdadera naturaleza de Humareda?

Más allá de la imagen pública, Humareda era un artista profundamente disciplinado, perfeccionista, solitario y completamente entregado a su arte. Sus allegados lo describían como humilde, tímido, respetuoso y generoso.

¿Qué artistas o temas influenciaron a Humareda?

Humareda fue influenciado por maestros indigenistas en sus inicios, y posteriormente por grandes figuras como Goya, Lautrec y Rembrandt. Sus temas recurrentes incluían arlequines, el circo, procesiones religiosas, la tauromaquia, y personajes como Don Quijote, Beethoven y Marilyn Monroe.

¿Cómo abordó Humareda el sufrimiento en su arte?

Humareda veía el sufrimiento como una necesidad para la profundidad de su pintura, lo que lo convertía en un "filósofo". Creía que el dolor enriquecía su expresión artística, como se evidenció en sus obras durante su enfermedad.

¿Dónde vivió Víctor Humareda la mayor parte de su vida adulta?

Víctor Humareda vivió los últimos 30 años de su vida en el cuarto-taller Nº 283 del Hotel Lima, ubicado en el distrito de La Victoria, en Lima.

La figura de Víctor Humareda es un recordatorio de que la genialidad a menudo reside en la complejidad. Fue un artista que vivió y respiró pintura, un alma sensible que encontró en el lienzo su voz más auténtica. La leyenda del bohemio excéntrico, aunque parte de su historia, oculta la profunda dedicación, el intelecto y la búsqueda incesante de la belleza que lo definieron. Hoy, su mural en el Cercado de Lima y su obra en general, nos invitan a mirar más allá de las apariencias y a reconocer la verdadera grandeza de un pintor que, a través del color y la forma, nos legó un universo de emociones.

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