¿Qué hacen los calvinistas?

La Providencia Divina: ¿Qué Creen los Calvinistas?

14/11/2024

Valoración: 4.8 (857 votos)

La tradición calvinista es un pilar fundamental del pensamiento cristiano que, a menudo, genera interrogantes profundos sobre la naturaleza de Dios, la libertad humana y el propósito de la existencia. Lejos de ser una doctrina abstracta y distante, el calvinismo propone una visión del mundo en la que la mano de Dios está activamente presente en cada detalle, un concepto conocido como la providencia divina. Este artículo explorará en detalle qué implica esta creencia, cómo se manifiesta en la vida y el universo, y cómo dialoga con otras perspectivas teológicas, especialmente la arminiana.

¿Qué es la tradición calvinista?
La tradición calvinista, sin embargo, es de raíz aristotélica y legitima la materia y la forma como cosas reales.

Desde sus raíces, la tradición calvinista se ancla en una perspectiva aristotélica, legitimando la materia y la forma como realidades tangibles. Figuras como Pedro Mártir Vermigli, Francis Junios y Piscator iluminaron los conceptos judeocristianos de justicia y ley a través de sus comentarios bíblicos. Juan Calvino, Jerónimo Zanchio, Benito Aretius y Zacarías Ursino, por su parte, profundizaron en la relación entre el Decálogo y la ley natural, influyendo en los tratadistas de gobierno constitucional. Esta base filosófica y teológica es crucial para entender la posición calvinista sobre la providencia.

Índice de Contenido

La Doctrina Central: La Providencia de Dios

La pregunta central en el calvinismo es: Si Dios controla todas las cosas, ¿cómo pueden nuestras acciones tener verdadero significado? La respuesta se encuentra en la doctrina de la providencia de Dios. Aunque el término no se halle explícitamente en la Biblia, tradicionalmente se ha usado para describir la relación continua entre Dios y su creación. Esta doctrina evita errores como el deísmo (Dios creó y abandonó) o el panteísmo (la creación es parte de Dios), afirmando que Dios interviene activamente en la creación, pero la creación es distinta de Él. Además, la providencia niega que los acontecimientos sean producto de la casualidad o un destino impersonal, sino que son dirigidos por un Dios personal y omnipotente.

Podemos definir la providencia de Dios como su intervención continua en todas las cosas creadas, de tal manera que Él:

  1. Las mantiene existiendo y conservando sus propiedades.
  2. Coopera con las cosas creadas en toda acción, dirigiendo sus propiedades distintivas.
  3. Las dirige para que cumplan los propósitos que les asignó.

Bajo esta categoría general, distinguimos tres subtemas: preservación, concurrencia y gobierno. Es importante notar que esta doctrina ha generado un desacuerdo sustancial entre los cristianos, particularmente en cuanto a la relación de Dios con las decisiones voluntarias de las criaturas morales.

Preservación: El Sostén Continuo

La preservación es el acto de Dios de hacer que todas las cosas creadas sigan existiendo y manteniendo las propiedades con las que las creó. Hebreos 1:3 nos dice que Cristo es quien "sostiene todas las cosas con su palabra poderosa", implicando un control activo y determinado. De igual modo, Colosenses 1:17 afirma que "todas las cosas en él subsisten", lo que significa que si Cristo cesara su actividad, todo, excepto la Trinidad, dejaría de existir. Hechos 17:28 y Nehemías 9:6 refuerzan esta idea, mostrando que "en él vivimos, nos movemos y existimos" y que Él "le da vida a todo lo creado". Incluso el aliento que tomamos cada momento es un acto continuo de la preservación divina (Job 34:14-15).

Dios no solo mantiene la existencia, sino también las propiedades de lo creado. El agua sigue siendo agua, la hierba sigue siendo hierba, y una piedra es dura, no por sí misma, sino porque Dios la mantiene con esas propiedades. Esta preservación no es una continua nueva creación, sino el sustento de lo ya creado. La providencia de Dios, al sostener un universo predecible, sienta las bases para la ciencia y la tecnología, permitiendo que los experimentos se repitan y que los motores funcionen. El creyente, a diferencia del no creyente, puede agradecer a su Creador por esta maravillosa y ordenada creación.

Concurrencia: Dios Obra a Través de Todo

La concurrencia es el segundo aspecto de la providencia, donde Dios coopera con las cosas creadas, dirigiendo sus propiedades para que actúen como lo hacen. Efesios 1:11 declara que Dios "hace todas las cosas conforme al designio de su voluntad". Esto significa que nada en la creación escapa a su providencia, aunque esta obra no sea evidente a simple vista.

La Creación Inanimada y Animal

La Biblia atribuye a Dios eventos que consideramos "naturales". El Salmo 148:8 menciona "el relámpago y el granizo, la nieve y la neblina, el viento tempestuoso que cumple su mandato". Job 37:6-13 y Salmo 135:6-7 describen cómo Dios ordena la nieve, la lluvia, forma el hielo, y levanta las nubes. El Salmo 104:14 afirma que "Haces que crezca la hierba para el ganado". Jesús mismo dijo que Dios "hace que salga el sol sobre malos y buenos, y que llueva sobre justos e injustos" (Mateo 5:45).

En cuanto a los animales, el Salmo 104:27-29 y Job 38:39-41 testifican que Dios alimenta a los animales salvajes. Jesús también lo afirmó: "Fíjense en las aves del cielo: el Padre celestial las alimenta" (Mateo 6:26), y añadió que ni un gorrión "caerá a tierra sin que lo permita el Padre" (Mateo 10:29). Esto subraya la minuciosa atención de Dios a cada detalle de su creación.

Eventos "Al Azar" y Causas Secundarias

Incluso lo que parece "casualidad" está bajo el control divino. Proverbios 16:33 dice: "Las suertes se echan sobre la mesa, pero el veredicto proviene del Señor". Un experto en botánica puede explicar el crecimiento de la hierba, un meteorólogo la lluvia, y un físico el resultado de los dados, pero la Biblia insiste en que Dios es quien causa estos eventos. Esto nos enseña que no debemos concluir que si conocemos la causa "natural" de algo, Dios no lo causó.

La doctrina de la concurrencia afirma que Dios es la "causa primaria" invisible que planea e inicia todo, mientras que las criaturas y sus propiedades actúan como "causas secundarias" que producen los resultados visibles. Así, un evento puede ser plena (cien por ciento) causado por Dios y plena (cien por ciento) causado por la criatura, operando de maneras diferentes. La analogía de William Shakespeare escribiendo Macbeth, donde Macbeth mata al rey Duncan (cien por ciento causado por Macbeth) y Shakespeare también lo causó (cien por ciento causado por Shakespeare), ayuda a entender esta dualidad.

Los Asuntos de las Naciones y la Vida Humana

La Biblia también revela el control providencial de Dios sobre los asuntos humanos. Job 12:23 y Salmo 22:28 afirman que Dios "engrandece o destruye a las naciones" y "gobierna sobre las naciones". Hechos 17:26 dice que Dios "determinó los períodos de su historia y las fronteras de sus territorios". Daniel 4:34-35 muestra a Nabucodonosor reconociendo que Dios "hace lo que quiere con los poderes celestiales y con los pueblos de la tierra".

El alcance de la obra de Dios en nuestra vida es asombroso. Nuestra dependencia del alimento diario (Mateo 6:11), la provisión de nuestras necesidades (Filipenses 4:19), la planificación de nuestros días antes de nacer (Salmo 139:16, Job 14:5), y la dirección de nuestros pasos (Jeremías 10:23, Proverbios 16:9) son todos ejemplos de la concurrencia divina. El éxito y el fracaso vienen de Dios (Salmo 75:6-7, Lucas 1:52), los hijos son una herencia del Señor (Salmo 127:3), y nuestros talentos provienen de Él (1 Corintios 4:7, Salmo 18:34). Dios influye en las decisiones de los gobernantes (Proverbios 21:1, Esdras 6:22, 1:1) y "formó el corazón de todos" (Salmo 33:14-15), dirigiendo incluso nuestros deseos y voluntades (Filipenses 2:13).

Todos estos pasajes nos llevan a concluir que la providencia de Dios se extiende a cada aspecto de nuestra vida. Sin embargo, es crucial no negar la realidad de nuestras decisiones y acciones. La Biblia afirma repetidamente que somos significativos y responsables. Nuestras decisiones son reales y tienen resultados, porque Dios nos ha dotado con la propiedad del libre albedrío.

El Gobierno de Dios: Todo con un Propósito

El tercer aspecto de la providencia es el gobierno de Dios, que implica que Él tiene un propósito en todo lo que hace y dirige todas las cosas para que cumplan Sus propósitos. Salmo 103:19 dice que "su reinado domina sobre todos", y Daniel 4:35 reitera que "Dios hace lo que quiere con los poderes celestiales y con los pueblos de la tierra". Pablo afirma que "todas las cosas proceden de él, y existen por él y para él" (Romanos 11:36), y que "todo ha quedado sometido a su dominio" (1 Corintios 15:27). Es por esta soberanía que Pablo puede declarar que "Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman" (Romanos 8:28).

El Desafío del Mal y la Soberanía Divina

Una de las preguntas más difíciles que surgen de la doctrina de la providencia es la relación entre Dios y el mal. Si Dios controla todo, ¿causa Él las acciones malas? La Biblia es clara: Dios nunca hace directamente algo malo, ni se le culpa por el mal, ni se complace en él. Sin embargo, sí muestra a Dios haciendo que sucedan cosas malas a través de las acciones voluntarias de criaturas morales.

Dios Usa el Mal para Sus Propósitos

Hay numerosos pasajes bíblicos que afirman que Dios (indirectamente) permitió que tuviera lugar algún tipo de mal. Un ejemplo claro es la historia de José: sus hermanos hicieron mal al venderlo, pero José les dijo: "Fue Dios quien me mandó delante de ustedes para salvar vidas" (Génesis 45:5) y "Ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios transformó ese mal en bien" (Génesis 50:20). Aquí, las obras malas de los hombres pecadores se combinan con el control providencial de Dios para lograr Sus propósitos.

Otro ejemplo recurrente es el endurecimiento del corazón del faraón en el Éxodo. Dios dice: "Yo, por mi parte, endureceré su corazón" (Éxodo 4:21), incluso antes de que el faraón endureciera su propio corazón. Esto no es una inconsistencia, sino una ilustración de que tanto la causa divina como la humana pueden ser verdaderas al mismo tiempo. Dios endurece a quien quiere endurecer (Romanos 9:18) para mostrar Su poder y gloria.

Otros ejemplos incluyen el endurecimiento del corazón de los cananeos (Josué), la obstinación de Sansón (Jueces 14:4), el espíritu maligno enviado a Saúl (1 Samuel 16:14), el castigo de David por su pecado (2 Samuel 12:11-12), la incitación de David a censar al pueblo (2 Samuel 24:1, 1 Crónicas 21:1), los adversarios de Salomón (1 Reyes 11:14), las calamidades de Job (Job 1:21), el espíritu mentiroso en los profetas de Acab (1 Reyes 22:23), el envío de asirios y babilonios como "vara de mi ira" (Isaías 10:5, Jeremías 25:9), y la seducción de profetas engañadores (Ezequiel 14:9). Amós 3:6 pregunta: "¿Ocurrirá en la ciudad alguna desgracia que el Señor no haya provocado?", implicando que todo mal y desastre "natural" viene de Él como castigo o disciplina.

Incluso la crucifixión de Cristo, la obra más perversa de la historia, fue ordenada por Dios. Hechos 4:27-28 afirma que Herodes y Pilato, junto con gentiles e israelitas, se reunieron "para hacer lo que de antemano Tu poder y Tu voluntad habían determinado que sucediera". Pedro lo reitera en Hechos 2:23: "Éste fue entregado según el determinado propósito y el previo conocimiento de Dios; y por medio de gente malvada, ustedes lo mataron". Esto muestra que Dios "predestinó" todas las acciones de los participantes, sin que ellos dejen de ser moralmente responsables.

Isaías 45:7 declara: "Yo formo la luz y creo las tinieblas, traigo bienestar y creo calamidad; Yo, el Señor, hago todas estas cosas". La palabra hebrea para "calamidad" (ra') puede referirse al mal en general, no solo a desastres naturales. Lamentaciones 3:38 pregunta: "¿No es acaso por mandato del Altísimo que acontece lo bueno y lo malo?".

La Inocencia de Dios y la Responsabilidad Humana

A pesar de que Dios usa el mal, la Biblia nunca le echa la culpa. Santiago 1:13-14 dice: "Que nadie, al ser tentado, diga: 'Es Dios quien me tienta'. Porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni tampoco tienta él a nadie". La culpa siempre recae en la criatura responsable. Juan Calvino lo resume sabiamente: "Los ladrones, los homicidas y demás malhechores son instrumentos de la providencia de Dios... Pero niego que por ello puedan tener excusa alguna. ¿Por qué? Porque ¿cómo podrán mezclar a Dios en su propia maldad o encubrir su pecado con la justicia divina? Ninguna de estas cosas les es posible."

Negar que Dios usa el mal para Sus propósitos implicaría un mal en el universo que no está bajo Su control, lo que dificultaría afirmar que "todas las cosas" contribuyen para el bien de los que aman a Dios (Romanos 8:28). Por lo tanto, Dios correctamente culpa y juzga a las criaturas morales por el mal que hacen. Romanos 9:19-20 refuta la objeción de que no se nos debería culpar si no podemos resistir Su voluntad: "¿Quién eres tú para pedirle cuentas a Dios?". El mal es real, no una ilusión, y nunca debemos desearlo ni practicarlo, sino resistirlo. Hay cosas que es correcto que Dios haga (usar el mal para bien) que es incorrecto que nosotros hagamos. Agustín y Bavinck lo ilustran: Dios puede usar un cuchillo afilado para un bien, pero no permite que su hijo lo use.

El Misterio de la Relación

Al final, la relación entre la soberanía de Dios y la libertad humana, especialmente en lo que respecta al mal, sigue siendo un profundo misterio. La Biblia enseña que Dios ordena las obras malas, y sin embargo, nos considera culpables por ellas sin culparse a sí mismo. No se nos revela el "cómo" exacto, y como Berkhof señala, "el problema de la relación de Dios con el pecado sigue siendo un misterio".

¿Somos "Libres"? El Concepto Calvinista del Libre Albedrío

Si Dios ejerce control providencial sobre todo, ¿somos libres? La respuesta depende de la definición de "libre". Teólogos reformados como Louis Berkhof y Juan Calvino usan el término "actos y decisiones libres" del hombre, pero con matices. Calvino prefería evitar el término "libre albedrío" porque se malinterpreta fácilmente. Para él, el hombre tiene libre albedrío "no porque sea libre para elegir lo bueno y lo malo, sino porque el mal que hace lo hace voluntariamente y no por coacción". Adán, antes de la caída, sí tenía "libre elección del bien y del mal", pero el hombre pecador no es "capaz de hacer el bien por fuerza propia".

La Biblia nunca dice que somos "libres" en el sentido de estar fuera del control de Dios o de tomar decisiones no causadas. Tampoco dice que podemos hacer el bien por nuestra cuenta. Sin embargo, somos libres en el sentido de que tomamos decisiones voluntarias que tienen efectos reales y no percibimos ninguna restricción divina en nuestra voluntad. Negar esto nos llevaría al fatalismo, donde nuestras decisiones no importan. Una libertad absoluta, totalmente libre del control de Dios, es imposible en un mundo que Él sustenta y dirige providencialmente.

Los Decretos de Dios: Un Plan Eterno

Los decretos de Dios son los planes eternos por los cuales Él, antes de la creación del mundo, determinó que todo lo que sucede tuviera lugar. Las acciones providenciales de Dios en el tiempo son el resultado de estos decretos. Salmo 139:16 afirma: "Todo estaba ya escrito en tu libro; todos mis días se estaban diseñando, aunque no existía uno solo de ellos". La crucifixión de Jesús fue parte del "determinado propósito y el previo conocimiento de Dios" (Hechos 2:23). Nuestra salvación también fue determinada mucho antes de la creación del mundo (Efesios 1:4), al igual que nuestras buenas obras (Efesios 2:10).

El beneficio de enfatizar los decretos de Dios es que nos ayuda a darnos cuenta de que Dios no improvisa; Él conoce el fin desde el principio y realizará todos Sus propósitos. Esto debe aumentar nuestra confianza en Él, especialmente en circunstancias difíciles.

La Crucial Importancia de las Acciones Humanas

Es fundamental no caer en la idea errónea de que si Dios lo controla todo, nuestras acciones no importan. Todo lo contrario. La doctrina de la providencia subraya la responsabilidad y el impacto real de nuestras acciones.

Somos Responsables

Dios nos hizo responsables de nuestras acciones, las cuales tienen resultados reales y eternamente significativos. Si hacemos el bien y obedecemos a Dios, Él nos recompensará; si hacemos el mal, Él nos disciplinará o castigará. Adán intentó culpar a Dios por su pecado (Génesis 3:12), pero la Biblia nunca lo hace. La culpa del pecado siempre recae en la criatura. Romanos 9:19-20 nos recuerda que no somos quiénes para cuestionar a Dios por Su juicio. Debemos reconocer que es justo que Dios reprenda y castigue el mal.

Nuestras Acciones Tienen Consecuencias Reales

Nuestras acciones tienen efectos reales. Si descuidamos nuestra salud, es probable que suframos las consecuencias. Dios ha ordenado que nuestras acciones tengan efectos. No sabemos lo que Dios ha planeado para el futuro, pero sí sabemos que si confiamos y obedecemos, Él ha planeado cosas buenas que resultarán de esa obediencia. Calvino sabiamente observa que Dios nos oculta los acontecimientos futuros para que resistamos los peligros y usemos los medios que Él ha provisto. Si no usamos medios razonables para evitar el peligro, nuestra inacción podría ser el medio que Dios usó para permitir que ocurriera.

El Poder de la Oración

La oración es una clase específica de acción que tiene resultados definidos y cambia el curso de los acontecimientos. Dios ha ordenado que la oración sea un medio significativo para producir resultados en el mundo. "No tienen, porque no piden" (Santiago 4:2). Jesús dice: "Pidan y recibirán, para que su alegría sea completa" (Juan 16:24). Cuando intercedemos, Dios a menudo usa nuestra oración como un medio para lograr Sus propósitos.

¡Debemos Actuar!

La doctrina de la providencia de ninguna manera fomenta la inactividad o el fatalismo. Por el contrario, nos anima a actuar vigorosamente. Joab dijo: "¡Ánimo! ¡Luchemos con valor por nuestro pueblo y por las ciudades de nuestro Dios!" y luego añadió: "y que el Señor haga lo que bien le parezca" (2 Samuel 10:12). Esta es una combinación de acción decidida y confianza en Dios.

Pablo es un ejemplo claro. Cuando Dios le dijo que "tenía mucha gente en esta ciudad" (Hechos 18:9-10), Pablo no concluyó que su presencia no importaba. Más bien, entendió que si Dios había escogido a muchos, probablemente sería a través de su predicación que serían salvos. Por eso, "Pablo se quedó allí un año y medio, enseñando entre el pueblo la palabra de Dios" (Hechos 18:11). Soportó "todo" por el bien de los elegidos (2 Timoteo 2:10), sabiendo que los propósitos de Dios se realizarían a través de los medios que Él había establecido. Incluso en el barco que se dirigía a Roma, aunque Dios le había prometido que nadie moriría, Pablo insistió: "Si ésos no se quedan en el barco, no podrán salvarse ustedes" (Hechos 27:31), demostrando que la providencia divina incluye el uso de medios humanos ordinarios.

Aceptar el Misterio

Finalmente, es importante reconocer que no podemos entender plenamente esta doctrina. Nuestro entendimiento es finito, y Dios es infinito. Debemos creerla porque la Biblia la enseña, incluso si no comprendemos completamente cómo encaja con otras enseñanzas. Calvino aconseja "recibir con mansedumbre y docilidad, y sin excepción alguna, todo cuanto se contiene en la Sagrada Escritura".

Aplicaciones Prácticas de la Providencia

La doctrina de la providencia no es solo una teoría teológica; tiene profundas implicaciones prácticas para nuestra vida diaria.

Confianza y Eliminación del Miedo

Jesús nos anima a no temer, sino a confiar en el cuidado soberano de Dios. "Fíjense en las aves del cielo: no siembran ni cosechan ni almacenan en graneros; sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿No valen ustedes mucho más que ellas?" (Mateo 6:26). Si Dios cuida de las aves y de la hierba, ciertamente nos cuidará a nosotros (Mateo 10:29-31). David podía dormir en paz en medio de sus enemigos porque sabía que Dios lo hacía "vivir confiado" (Salmo 4:8). Nuestra confianza en el cuidado providencial de Dios significa que no necesitamos temer ningún mal o daño, porque solo puede venir por Su voluntad y, en última instancia, para nuestro bien (1 Pedro 1:6-7).

Gratitud por Todas las Bendiciones

Si creemos que todas las cosas buenas provienen de Dios, nuestros corazones se llenarán de gratitud. "Alaba, alma mía, al Señor, y no olvides ninguno de sus beneficios" (Salmo 103:2). Agradecemos por nuestro alimento diario (Mateo 6:11) y "daremos gracias a Dios en toda situación" (1 Tesalonicenses 5:18). Esta perspectiva transforma la vida en un constante acto de agradecimiento.

Adiós a la "Suerte" o "Casualidad"

No existe tal cosa como la "suerte" o la "casualidad" en la perspectiva calvinista. Todas las cosas suceden por la sabia providencia de Dios. Esto nos lleva a una comprensión mucho más personal del universo, gobernado no por un destino impersonal, sino por un Dios personal que dirige todo para el bien de quienes le aman. Esta confianza no es superstición, sino una dependencia profunda en el control de un Dios sabio y bueno, lo que nos impulsa a confiar en Él más y a obedecerle más completamente.

Un Punto de Vista Alternativo: La Posición Arminiana

Dentro del evangelicalismo, la posición arminiana ofrece una perspectiva diferente sobre la providencia. Los arminianos, como los metodistas y nazarenos, tienden a sostener que para preservar la verdadera libertad y las decisiones humanas, Dios no puede causar o planear nuestras decisiones. En su lugar, Dios responde a las decisiones humanas a medida que ocurren, y Sus propósitos son más generales y se realizan a través de diversas contingencias.

Creencias Fundamentales Arminianas

Los arminianos creen que el plan de Dios no "abarca todas las contingencias futuras", sino que es un "programa dinámico" que depende en parte del hombre. Dios no tiene un propósito incondicional para cada detalle. Logra Sus metas globales utilizando las decisiones libres de los seres humanos. Pinnock afirma que la "predestinación no se aplica a toda actividad individual", y que la voluntad de Dios no puede incluir el mal. "La caída del hombre es una refutación elocuente de la teoría de que siempre se hace la voluntad de Dios". Marshall afirma que "no es cierto que todo lo que sucede es lo que Dios desea".

Argumentos Arminianos Contra el Calvinismo

Los arminianos presentan cuatro argumentos principales:

  1. Excepciones, no la norma: Los versículos que los calvinistas usan para el control providencial de Dios son vistos como excepciones o "providencia especial" para eventos limitados, no como la forma ordinaria en que Dios obra en la actividad humana. Clines y Cottrell argumentan que Dios no está obrando de tales maneras en todo el mundo al mismo tiempo.
  2. Culpar a Dios del pecado: Argumentan que si Dios decreta o causa el pecado, Él no puede ser santo. Afirman que Dios no es "el autor del pecado" y que "Dios es luz y en él no hay ninguna oscuridad". Consideran "blasfemo mantener, como lo hace esta teoría, que la rebelión del hombre contra Dios en cierto sentido es el producto de la voluntad soberana o causalidad primaria de Dios".
  3. Decisiones no verdaderas: Sostienen que si Dios causa una decisión, no puede ser una decisión "verdadera". Si Dios es la causa primaria y el hombre la secundaria, el hombre es solo un instrumento. Para ellos, la comunión personal con Dios solo existe cuando se consuma en una "decisión libre". La libertad humana es la condición previa para la responsabilidad moral. La caída ocurrió "porque Dios rehúsa mecanizar al hombre o imponer su voluntad sobre él". La "oferta gratuita del evangelio" implica la capacidad universal de responder. 1 Corintios 10:13, que dice que Dios "les dará también una salida" a la tentación, sería falso si Dios ordenara el pecado.
  4. Fomenta el fatalismo: Argumentan que el calvinismo, cuando se entiende a cabalidad, destruye la motivación para una conducta cristiana responsable y "establece lo que debe ser y descarta la consideración de cosas que podrían o deberían haber sido diferentes". Afirman que el control exhaustivo de Dios sobre el mundo "estimula un fatalismo peligroso". Sin embargo, reconocen que los calvinistas, en la práctica, a menudo "viven y hablan como arminianos".

La Respuesta Calvinista a los Argumentos Arminianos

A estos argumentos arminianos, los calvinistas responden de varias maneras:

  1. La universalidad de la providencia: Los ejemplos bíblicos del control providencial de Dios no son excepciones, sino que describen la manera en que Dios siempre obra. No solo hace que "algo" de la hierba crezca, sino que "toda" la hierba crece. No solo impide que "algunos" gorriones caigan, sino que guarda a "todos" los gorriones. Versículos generales como Hebreos 1:3 ("continuamente sustenta todas las cosas") y Efesios 1:11 ("hace todas las cosas conforme al designio de su voluntad") indican un control universal, no excepcional.
  2. La inocencia de Dios en el mal: Aunque Dios ordena que el mal suceda, Él mismo no lo hace ni es culpable de él. La Biblia afirma la responsabilidad humana por el pecado. El "cómo" Dios lo hace sin ser culpable sigue siendo un misterio, pero es una verdad que la Escritura enseña consistentemente.
  3. La realidad de las decisiones humanas: Dios nos ha creado con la capacidad de tomar decisiones voluntarias, y esas decisiones son reales y significativas, incluso si Dios las ha ordenado. No somos "títeres" o "robots", sino seres humanos dotados de voluntad. La analogía del autor y el drama, aunque imperfecta, ilustra que a diferentes niveles de causalidad, ambas cosas pueden ser ciertas.
  4. Motivación a la acción, no fatalismo: La doctrina de la providencia no fomenta la pereza o el fatalismo, sino la acción responsable. Los ejemplos de Joab y Pablo demuestran que una profunda confianza en la soberanía de Dios impulsa la obediencia y el esfuerzo, sabiendo que Dios cumple Sus propósitos a través de los medios que Él ha establecido, incluyendo nuestras acciones. La creencia en la providencia es un estímulo, no un desaliento.

Preguntas Frecuentes (FAQ)

A continuación, respondemos algunas de las preguntas más comunes sobre la doctrina calvinista de la providencia:

¿Significa la providencia que no tengo libre albedrío?

La posición calvinista afirma que tienes libre albedrío en el sentido de que tomas decisiones voluntarias y sin coacción. No eres un robot. Sin embargo, no eres libre en el sentido de estar fuera del control de Dios o de ser capaz de hacer el bien por tu propia fuerza sin la gracia divina. Tus decisiones son reales y significativas, pero están dentro del marco del plan soberano de Dios.

¿Si Dios controla todo, soy responsable de mis pecados?

Sí, absolutamente. La Biblia enseña consistentemente que eres responsable de tus acciones, tanto las buenas como las malas. Aunque Dios ha ordenado que todo suceda, Él no es el autor del mal y nunca es culpable de pecado. Tú, como criatura moral, eres quien decide pecar, y por lo tanto, eres justamente culpable.

¿Si todo está predestinado, por qué debo orar o evangelizar?

La oración y la evangelización son medios que Dios ha establecido para lograr Sus propósitos. No oramos ni evangelizamos porque Dios necesite nuestra ayuda, sino porque Él ha ordenado que estas acciones sean parte de Su plan para traer resultados. Tu obediencia en la oración y el evangelismo es el medio a través del cual Dios obra. Como Pablo, si Dios ha escogido a muchos, es a través de tu predicación que muchos serán salvos.

¿Hay tal cosa como la suerte o la casualidad en el calvinismo?

Desde la perspectiva calvinista, no existe la "suerte" o la "casualidad" en el sentido de eventos que ocurren fuera del control de Dios. Todo sucede por Su sabia providencia. Aunque a nuestros ojos algo pueda parecer aleatorio, está bajo la dirección personal y soberana de Dios. Esto elimina la necesidad de la superstición y fomenta una confianza profunda en un Dios que controla cada detalle.

¿Cómo puede Dios ser bueno si permite o causa el mal?

Este es el aspecto más misterioso de la doctrina. La Biblia afirma que Dios es perfectamente santo y nunca hace el mal. Sin embargo, también enseña que Dios usa el mal (causado por criaturas morales) para Sus propósitos más grandes, incluyendo Su gloria y el bien de Su pueblo. No comprendemos completamente cómo encajan estas verdades, pero las aceptamos por fe, confiando en que Dios es justo en todo lo que hace.

Conclusión

La doctrina calvinista de la providencia divina es una visión vasta y profunda de la realidad, que subraya la soberanía absoluta de Dios sobre todas las cosas. Desde la preservación de la creación hasta la concurrencia en cada evento y el gobierno de la historia, Dios está activamente involucrado. Aunque plantea desafíos intelectuales, especialmente en cuanto al problema del mal y la libertad humana, la posición calvinista insiste en que Dios no es el autor del pecado y que las criaturas son verdaderamente responsables de sus acciones. Lejos de fomentar el fatalismo, esta doctrina impulsa una vida de confianza inquebrantable, gratitud constante y acción diligente, sabiendo que cada paso y cada aliento están bajo la sabia y amorosa mano de un Dios personal que cumple todos Sus propósitos para Su gloria y nuestro bien.

Si quieres conocer otros artículos parecidos a La Providencia Divina: ¿Qué Creen los Calvinistas? puedes visitar la categoría Calzado.

Subir